El gobernador Passalacqua tuvo esta semana un encuentro con docentes para la Concordia en un acto abiertamente partidario. Cara a cara con más de cinco mil personas de carne y hueso bajó línea renovadora, recordó la etapa fundacional del movimiento y delineó conceptos doctrinarios del misionerismo. Su actitud política contrasta con las políticas del marketing de la dirigencia que hace montajes para la tv y pone toda su ambigüedad ideológica en una foto como mensaje absoluto o líquido.

Posadas (Viernes, 23 de septiembre) La participación de Hugo Passalacqua en un encuentro de militantes docentes para la Concordia es un acontecimiento político que no puede pasar desapercibido. Es la primera incursión del Gobernador en un acto que no haya sido producto puro de la gestión de la administración el Estado, desde que asumió el Ejecutivo en diciembre pasado. Si bien es cierto que ningún Estado es neutro y todas las políticas que se diseñan tienen anclaje en pertenencias ideológicas y en consecuencia los gobernantes hacen política en cada firma que estampan, en decretos y resoluciones,  el miércoles Passalacqua hizo política explícita al hablar desde su identidad renovadora en la popular asamblea de Adomis, la agrupación del sindicato docente más numeroso de la provincia, precisamente ligada al Frente Renovador.
Curiosamente el acto fue silenciado por la mayoría de los medios tradicionales, pero bien resaltado por Misionesoline que titula la noticia: “ante miles de docentes, Passalacqua remarcó los valores que sustentan a la Renovación”.  En el sitio web del sindicato se informe que el encuentro celebrado el miércoles en Ruiz de Montoya, no se ocultó nada ya que se blanquea la actitud política desde el nombre: Encuentro Provincial de Militantes “Educación para la Concordia”.
Dice el informe de Udpm que  con la presencia de unas 5 mil personas que se congregaron en el Polideportivo de Ruiz de Montoya, la secretaria general Marilú Leverberg destacó que se convocó “al debate ideológico por la educación y la política es necesaria porque es necesaria la democracia”. Ya en notas anteriores hemos hecho referencia a la capacidad de liderazgo de Leverberg, que llevó adelante sin contradicciones la doble representación de haber sido diputada nacional y mantenerse en defensa de los derechos de los trabajadores.  Este despliegue es posible cuando el Estado no se planta como patronal sino como socio en el diseño de las políticas para el sector.
Esta actitud, que subyace en convicciones políticas, fue destacada permanente por Passalacqua desde que fue ministro de Educación en 2003.  Desde esas convicciones puede hablar como militante renovador y gobernador a la vez.  Recordó en Ruiz de Montoya que la crítica situación de la Argentina en 2001. “La educación es la esperanza. Este es un acto político y bienvenidos a la política. Esta es una nueva Argentina, en el 2001 el país se deshacía, Misiones se deshacía, teníamos el IETE, el 13%, no sabíamos en qué papel cobrábamos, si cobrábamos. Los partidos tradicionales no estaban en condiciones de contenernos. Estábamos mal.  Y con toda intención política, sabiendo el peso que tienen sus palabras, evocó la conformación de la Renovación como espacio disruptivo en el tablero partidario provincial como expresión del misionerismo.  “Nos convoca una palabra que es la esperanza. Por algo las cosas aparecen en la vida política, hoy es un acto político y bienvenida la política cuando está hecha por gente de bien como es el docente”, remarcó Passalacqua. Y agregó “hay que acordarse de la crisis de 2001. El país se deshacía, Misiones se deshacía, los partidos tradicionales no estaban en condiciones de contener a la sociedad y proyectarla hacia delante, habían sido contribuyentes de la caída de la Argentina. Y aparece una persona maravillosa que entendió como nadie qué estaba en lo profundo de la sociedad, que algo pasaba, que el misionero era distinto y era especial, que tenía un temple particular. Somos un pueblo rebelde, un pueblo mezclado para los queridos paisanos que están allá, un pueblo con ganas de ir para adelante, sólo para adelante. Y nos convocó, y éramos cinco, y escuchen bien el número, éramos cinco personas cuando nos convoca Carlos Rovira y nos invita a una aventura, romper todo y empezar de nuevo, y hacerlo todo en base a una doctrina que tiene una sola palabra, el misionerismo”.

El misionerismo como identidad
Después del breve recorido por esos días fundacionales, Passalacqua avanzó en definiciones doctrinarias: “acá nadie debe confundirse, misionerismo es lo que construyen ustedes en las aulas todos los días, ese espíritu nace de una sociedad, porque ustedes están en las aulas. Cuando las aulas se cierran el misionerismo se apaga, el progreso se apaga. Por eso felicito al mejor docente del país, al misionero porque es bueno, porque entiende que el derecho del niño tiene que estar sobre cualquier derecho. Porque fueron capaces e inteligentes desde sus diversas agrupaciones, de todas las agrupaciones, de todos los extractos que conforman la Renovación, de hacer política”

Contrastes con el marketing
No es común que a diez meses de gestión y en el contexto de crisis socio-económica y políticas de ajuste un mandatario pueda hablar y confundirse entre cinco mil docentes que, además constituyen la base, digamos ontológica del Gobernador. Como en política es necesario a veces marcar contrastes para poder dimensionar lo propio, es oportuno hacer referencia a las políticas de “gestos” que viene ganando a la dirigencia argentina. El papelón del presidente ayer cuando quedó al descubierto el montaje de un viaje en un colectivo de línea en el gran Buenos Aires, responde a políticas de comunicación que, lejos de la realidad, la fabrican. Y hay mucho de esto. Preparar timbreos. Publicar un libro recopilando expedientes judiciales y recortes periodísticos con denuncias. Sacarse la foto en Comodoro Py. Y la tradicional foto con el candidato para consumo interno.  Lejos de esos métodos del marketing político, Passalacqua puede ponerse en contacto con la gente de carne y hueso para hablar de política. Es la única manera de nutrir de herramientas que contribuyan a potenciar la participación y  el protagonismo.  Compartir elementos teóricos desde la matriz de la educación popular para comprender escenarios, trazar estrategias, bucear identidades en nuestras raíces, apreciar los intereses detrás de modelos económicos, eso, no se logra con una foto. Se construye en actos como el de Ruiz de Montoya.

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