El presidente Macri reiteró ayer la centralidad que tendrán las inversiones en obras públicas para el despegue de la economía. En la misma sintonía aquí, el gobernador Passalacqua sostenía que “la obra pública es un motor de dimensiones muy grandes en cuanto a la generación de trabajo porque no sólo gana dinero el albañil o el contratista sino también el plomero, electricista, los comerciantes afines, el empresario”. Existe sin embargo una condena del círculo rojo que oculta el debate de fondo agitando casos de corrupción y hablando de “neopopulismo cool”.

Posadas (Jueves, 12 de enero) Mauricio Macri reiteró ayer la centralidad que tendrán las inversiones en obras públicas de infraestructura en el diseño PRO para el crecimiento de la economía. En un acto junto a Rodríguez Larreta y María Vidal  anunció el inicio de la obra “Paseo del Bajo”, que similar al diseño urbanístico de la Costanera de Posadas y el Acceso Sur, conectará las autopistas Illia y Buenos Aires-La Plata, y contará con espacios verdes, paseos y lugares de recreación. En su discurso, aunque sea tangencialmente, el Presidente bajó definiciones ideológicas cuando subrayó que sólo “creciendo es la forma de reducir la pobreza”. Sin embargo, en lugar de analizar las tensiones y los vasos comunicantes entre inversión y consumo, el ajuste del gasto y la decisión de aumentar las previsiones presupuestarias en obras públicas para 2017, el poder mediático sigue dedicándose a los escándalos para ocultar el debate de fondo. Alcanza con ver la tapa de Clarín. No informa nada el anuncio, pero dedica títulos centrales a Cristóbal  López, Lázaro Báez, y ahora a la denuncia que involucra al funcionario y amigo del Presidente, Gustavo Arribas, de haber recibido sobornos de la constructora brasileña Odebrecht, sabiendo que involucra a la empresa de los Macri por el soterramiento del Sarmiento. Ni qué decir de Página 12, que dedica la nota de tapa a esa denuncia e sobornos para afirmar que desató una crisis en Cambiemos. Otros como Ámbito descubren intenciones secundarias en el acto y anuncia que “Con Larreta y Vidal, Macri inauguró temporada de obras para impulsar la campaña electoral”. Evidentemente hay algo en estos anuncios de Macri que no les gusta a los medios que responden a los intereses del “círculo rojo”.  Consiguen la anulación de la ley de medios antimonopólica y al mismo tiempo le arrancan concesiones para consolidar el monopolio. Pero parece que no es suficiente. Inventan entonces categorías absurdas como la de “neopopulismo cool”, o economía “neokirchnerista”.

Pero volviendo a los anuncios de Macri, pareciera que se corresponden con la intención de reactivar la economía con inversiones en obras públicas. Sólo un diario de baja circulación, El Economista, abre el debate a opiniones de académicos que se interrogan si ¿puede fallar el plan para reactivar la economía con la obra pública? Ignacio E. Carballo de  la Universidad Autónoma de Madrid, UCA, UBA y CITRA-CONICET y  Sergio Morales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, no muestran tanta convicción. Incluso, anclando la discusión en el contexto actual, alertan: “frente a restricciones tales como un elevado nivel de utilización de los factores productivos, déficit fiscal y crisis energética, lejos del efecto multiplicador keynesiano esperado a corto plazo, la obra pública podría tener un impacto en la demanda recesivo. Esto es, influir más sobre los precios (inflación) que sobre las cantidades. Por otro lado, es sabido que la obra pública requiere un período de ventana para comenzar a ejecutarse y notar su influencia en las variables económicas. Todo esto quiere decir que el poder de fuego de la obra pública para la reactivación de la economía en el año que acaba de comenzar podría verse acotado”. Esta reflexión no es aislada sino que forma parte de un análisis más abarcador en el que no se niega  que la inversión en obra pública “se materializa básicamente en la generación de empleo, tanto asalariado formal por parte de empresas constructoras, subcontratistas para instalaciones eléctricas y otros servicios, como empleo informal. Pero también repercute de forma indirecta en la generación de empleo en empresas proveedoras de productos e insumos para el sector y en las economías locales. Así, mediante empleo directo e indirecto se apuntala la actividad en su conjunto”. Para no hacerles decir una cosa por otra, la opinión se encuentra www.eleconomista.com.ar

En las provincia como la nuestra, donde el peso del gasto del Estado se hace sentir en la economía real más que en otras de mayor desarrollo relativo, la obra pública tiene la centralidad que no tiene, por ejemplo en la CABA, que vive de los servicios.

No es casual que Hugo Passlacqua haya anticipado, en declaraciones a este sitio, que en la reunión de gobernadores con el Presidente, deje de lado los lamentos si le da más o menos a Vidal y Larreta y llegue con reclamos concretos vinculados con los recursos comprometidos para la construcción de viviendas, e inversiones en infraestructura para agua potable, energía y vial. Hay que rescatar en ese sentido sus palabras cuando sostiene que “la obra pública es un motor de dimensiones muy grandes en cuanto a la generación de trabajo porque no sólo gana dinero el albañil o el contratista sino también el plomero, electricista, los comerciantes afines, el empresario. Yo insisto en el tema viviendas, porque allí tenemos un gran déficit. El tema del agua y el energético son dos ítems que debemos solucionar porque estamos en pleno crecimiento”. El efecto  multiplicador keynesiano esperado a corto plazo en la inversión estatal en obras de infraestructura, puede incluso mostrar un aceleramiento en Misiones si al mismo tiempo se logran adecuar los planes de vivienda a la construcción de madera utilizando materia prima de nuestros productores, tal como se propuso el PRO de Misiones, según nos adelantara oportunamente el diputado Alfredo Schiavoni.

Desde esta perspectiva, la obra pública cobra una significación política ya que es el eje que hace girar la actual relación Nación – Provincia. Y en este sentido, hay que tener en cuenta que el primer año de Macri se subejecutó el presupuesto en obras públicas. El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) exhibía en noviembre,  una caída del 13,1% respecto de igual mes del año anterior y del 12,8% en el acumulado de los primeros nueve meses del año. Sumado a esto, la cantidad de puestos de trabajo en la construcción es de un 13,5% menos en relación con 2015. Además, los permisos de edificación registran un desplome del 22% respecto de igual mes del año pasado. Y la mayor parte de los insumos de la actividad han visto decaer su demanda, tal el caso del cemento portland, que muestra una baja del 11,5% respecto de 2015 y del 12,3% en el acumulado de 2016.
Por supuesto que el auténtico federalismo no se sostiene en esa relación de pulseada por los recursos, sino en circunstancias más amplias e institucionales. Sin embargo, nadie se confunde. Sin desarrollo económico no puede sostenerse ninguna autonomía provincial, razón por la cual los recursos para las obras públicas, si bien son como el oxígeno para respirar, no son suficientes para sostener la economía que insoslayablemente necesita de las inversiones en la actividad privada.

 

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