La polémica desatada por un dibujo de Sábat sobre Cristina tiene varios abordajes. La cuestión de género es central. Pero subyace en estos cruces entre políticos y periodistas la categorización de la libertad de prensa. Los medios, sobre todos los dueños, pretenden constituirla como una categoría en sí, pero en realidad no puede estar disociada de las libertades políticas. Sin democracia no hay libertad de prensa y no a la inversa.
Por Carlos A. D´Onofrio

Posadas (Jueves, 26 de enero) Luego de aparecer dibujada por Hermenegildo Sábat en el diario Clarín con una cruz sobre sus labios, Cristina Fernández de Kirchner reaccionó en las redes sociales y respondió: “¿Nos quieren calladitas y obedientes?”
El dibujante reaccionó ofendido pero no hizo más que desnudar su poco entendimiento sobre la raíz de las luchas vigentes de las mujeres  contra la violencia de género. Respondió: “No hubo ni militares ni civiles que me acusaran de acosar al sexo masculino”.  Su descargo se transcribe abajo textual, pero nos detenemos en este concepto que es, al menos, desafortunado.  No es el hombre el discriminado en nuestras sociedades. Con esa frase se ignora toda la  política social dirigida a modificar los hábitos del machismo culturalmente introyectados en las subjetividades de los hombres. No hacen falta políticas de discriminación positiva para los hombres, porque no son los hombres  grupos desfavorecidos. A esta altura de la historia de la humanidad todavía es necesario forzar legal y culturalmente un trato preferencial a las mujeres por la sencilla razón que todavía se ven desfavorecidas en las relaciones sociales.
Más allá de este nuevo episodio, Sábat representó en los últimos años a Cristina varias veces traspasando la frontera de la discriminación por ser mujer y no por su ideología o gestión de gobierno. Recordamos el dibujo, en plena crisis con las patronales del campo,  a Cristina con la boca tapada con una cruz, similar al de hace unos días y a Cristina con un ojo golpeado en 2012.  Entonces, José Pablo Feinmann fue contundente: “usted no sabe un pito de la defensa de género, de la defensa de la mujer … no sabe que hay miles y miles de mujeres golpeadas por los machos de la Argentina, que cuando pierden una discusión le dan una piña a su mujer”. Y refutando la libre impunidad del artista, hubo de subrayar: “Picasso y Dali eran mucho más maestros, pero Picasso nunca lo dibujó a Hitler dándole una piña a una mina… no hacía esas cosas, no rebajaba su arte con esas cosas. Muy mal, Menchi, a las mujeres no se les pega. Usted no puede mostrar la derrota política de Cristina Fernández como el golpe que le provocó un moretón en un ojo”

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La libertad de prensa es subsidiaria de la democracia

Subyace en el debate por la violencia de género disparado por las observaciones de Cristina al dibujo de Sábat la categorización de la libertad de prensa.
Es habitual en los medios, los dueños más que los periodistas, tratar la libertad de prensa como una institución consagrada por la Constitución aislada de los procesos históricos. Nada de inocente hay en este fetichismo. Ya en los inicios de la recuperación de Alfonsín, César Jaroslavsky su espada en el Congreso observó: “Clarín ataca como un partido político y se defiende con la libertad de prensa”.  En una palabra, son privilegiados accionistas de la libertad.
En su respuesta a Cristina, Sábat desliza esta convicción al sostener que “durante la lamentable dictadura militar, que debió ser motivo de desafío para cualquier sujeto normal en el país, utilicé mi profesión para que los lectores advirtieran que se podía opinar sobre lo que nos entristecía”.
¡Vaya! Hay cierta liviandad en la afirmación. Resulta que se podía opinar durante la dictadura. Se olvida de los 84 compañeros desparecidos y 17 asesinados, uno de ellos el director y propietario de El Cronista Comercial, Rafael Andrés Perrotta.  Evidentemente, para sobrevivir la opinión publicada debía ser consensuada con la Junta Militar.  No es creíble entonces cuando Sábat se hace el contestatario. No puede negar que publicaba en una diario cómplice o cooptado por la dictadura. Y no podía ser de otro modo porque no regía el principio de libertad de prensa, sencillamente porque no había democracia, porque las libertades civiles estaban conculcadas.
Nuestra experiencia histórica demuestra más allá de la academia que la cuestión de la democracia y la libertad de prensa no encierran el enigma del huevo y la gallina. Sabemos con claridad que primero es la democracia. Sin democracia no puede haber libertad de prensa. No es a la inversa como predican los medios.

 

La respuesta de Sábat a Cristina

Durante muchos largos años me he ocupado de representar a varones y mujeres, todo dentro de mis obvias limitaciones y con suertes varias. De acuerdo con la información del día, me ha tocado dibujar a Billie Holiday y Alicia Moreau de Justo; a Tita Merello y a Frida Kahlo. Las reacciones de los lectores siempre han sido desiguales, pero en ningún caso, hasta ahora, se me acusó de abusar, opinar o atacar de manera canallesca al sexo femenino.
Pero siempre hay una primera vez. Esa dudosa distinción me ha sido otorgada por la exitosa abogada Cristina Fernández de Kirchner, quien habiendo ejercido la Presidencia de la Nación se atribuye potestades críticas para sospechar, en principio, y afirmar, en definitiva, que yo me dedico a atacar a todas las mujeres.
Durante la lamentable dictadura militar, que debió ser motivo de desafío para cualquier sujeto normal en el país, utilicé mi profesión para que los lectores advirtieran que se podía opinar sobre lo que nos entristecía. Muy lejos de aquí, en la Universidad de Columbia, en New York, parecieron seguir con atención lo que yo hacía y me otorgaron el premio María Moors Cabot por la suma de esos trabajos contestatarios.
No hubo ni militares ni civiles que me acusaran de acosar al sexo masculino. Aún sorprendido por esa distinción, la Fundación Gabriel García Marquez siguió el mismo camino y me dedicó otra distinción por mi “actitud intachable” ante el poder.
Yo no creo todo lo que me pasa, pero me sorprende que la exitosa abogada, que asume potestades de crítica de arte y de esposa de Catón el Censor, se dedique a juzgar los trabajos de un humilde periodista.
Yo tengo una sola opción de ahora en más: no dibujarla más, lo que le otorgaría tranquilidad después de tantos años de servicio a barrios de Santa Cruz, que ella confiscó. También podría ignorar su presencia y de ese modo, seguir escuchando a Billie Holiday y Tita Merello

 

 

 

 

imágenes: internet

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