Posadas hoy fue epicentro de protestas de productores yerbateros y de movimientos sociales. Se acotaron en reclamar por promesas incumplidas del gobierno nacional.  Remiten a protestas de comerciantes de Posadas. Hay una impronta posmoderna y antipolítica en los manifestantes que al rechazar la mediación de la política caen la ingenuidad de que es lo mismo peticionar ante un gobierno popular que ante uno conservador. El voto tiene un valor institucional

Posadas (Miércoles, 15 de marzo). ¡La política no! “No queremos que se meta la política en nuestro reclamos”. No puede ser casual que, tanto los enardecidos productores de yerba que tomaron el Inym, como representantes de los movimientos sociales que hoy se manifiestan en Plaza 9 de Julio y frente a la Municipalidad de Posadas en adhesión a una movilización organizada por las centrales nacionales, rechazaran la presencia del diputado provincial Martín Sereno que concurrió a los dos actos a expresar su solidaridad. Fueron amables, pero le pidieron que se retirara sin consideración de su pertenencia al Pays y su prédica permanente en defensa de los intereses de pequeños productores, tareferos y los sectores más desprotegidos de la sociedad.  No se trata de un político conservador ni de los oportunistas de la partidocracia, como los ucerreístas que reclaman acá desde el llano lo que allá, desde el gobierno nacional, no hacen ni piensan hacer.

“¡La política no!”, fue unánime.  

Para los yerbateros, movilizados sobre las rutas a lo largo y ancho de la provincia, decididos a dar la batalla del campo en la ciudad, todo el problema parecería limitarse a alguna promesa incumplida por parte del Presidente de la Nación con la bizarra mediación del Momo Venegas.
Para la CCC y Barrios de Pie, todo el problema radica en que las segundas líneas del Gobierno nacional traban la aplicación de la ley de Emergencia Social  que contiene el acuerdo firmado entre el gobierno y las organizaciones sociales. Esa ley, sancionada en diciembre pasado, declara la emergencia social hasta diciembre del 2019 y establece un refuerzo adicional de las partidas en  30 mil millones de pesos.
Las marchas de hoy remiten a la realizada hace seis días por un grupo de comerciantes posadeños que se congregó en la Plaza 9 de Julio para exigir la aplicación de medidas que les permita tener mayor competitividad y contra el ingreso irrestricto de mercaderías que provienen de Paraguay. Se sabe que para los empresarios argentinos la competitividad pasa por reducir costos, en salario e impuestos.
El grito “la política no”, ha resonado ya en la Plaza. El año 2015, en la ceremonia para poner en valor el Día de la Mujer, la diputada nacional Silvia Risko fue invitada por las organizadoras a decirles algo. Una profesora de Humanidades, nada menos, desde la gente que seguía el acto profirió el grito como una advocación al lugar reservado para la pureza de las luchas de las mujeres lejos de los ámbitos de la política. “¡La Política no!”. Fue la misma invocación.
Risko en esa tarde noche tuvo la oportunidad que no le dieron a Sereno hoy. “La política, si”, fue su respuesta. Y consideró que es la política la que puede articular las demandas de todas mujeres con la de otros sectores en la sanción de políticas, no sólo reivindicativas sino de seguimiento de un rumbo.
No puede ser casual que tanto yerbateros como los movimientos sociales tuvieran la misma reacción, decíamos. Pero no se trata de teorías conspirativas, existe una prédica anti-política desde el poder real que subyace como hilo conductor.  Las ideas no flotan en aire, también forman parte de las relaciones de fuerza y  su circulación y su reproducción tienen una estrecha dependencia de las redes institucionales que intervienen en la lucha ideológica, hoy con poder delegado a los multimedios. En TN y Clarín está bien visto y tienen espacio los reclamos sectoriales, nunca las propuestas de articulación programática de esos reclamos.
El espanto por la política puesto de manifiesto por yerbateros y movimientos sociales, lo que en el fondo está demostrando es una actitud menos que reformista y la resignación de que no se puede luchar por el poder, por el control del Estado, se naturaliza la imposibilidad cultural de generalizar la lucha más allá del espacio micro. Hay una convicción equivocada de que el Estado es neutro y se le puede reclamar lo mismo a un gobierno popular que a un gobierno conservador. Como si el Estado fuera ajeno a los intereses de clase.

La conquista del poder es el abc de los conflictos

No sólo el Che Guevara, Alfonsín, Kirchner, sostuvieron que la conquista del poder político es el abc de los conflictos. Los planteos sectoriales, de la yerba, de las minorías, de la opresión de género, no tendrán viabilidad si no se discuten pensando en el poder. Después se pueden discutir los métodos, las prioridades, las alianzas y la conformación de frentes, siempre en función de relaciones de fuerza. Pero no se puede dejar de discutir el poder.
Los comerciantes por ejemplo, votantes en su mayoría de la Alianza Pro Cambiemos no conseguirán nada con reclamos puntuales si están divorciados de las políticas de fondo que aplica el gobierno que ayudaron a consagrar.
Aunque no se tenga conciencia de la cosmovisión que tiene cada individuo para tomar decisiones en el contexto que lo determina, todos, lo sepan o no, actúan en función de un sistema de ideas. ¿Puede realmente un comerciante de Posadas o un militante de Barrios de Pie creer realmente que pueden salvarse divorciando los reclamos de la lógica del poder? Sería una ilusión posmoderna. Con el riesgo de caer en la eterna simplificación de los medios, se tiene como posmoderna la incredulidad con respecto a las teorías y concepciones del mundo con pretensiones totalizantes. Son “relatos” del mundo que lejos está el kirchnerismo de constituirse en uno fundacional. Los gobiernos K fueron nada más que herederos de la tradición histórica de los movimientos populares argentinos, el yrigoyenismo y el peronismo.  Entre los grandes relatos que  abordan los pequeños fragmentos de la sociedad integrados a las  grandes cuestiones del ser humano, la historia y la vida colectiva, podemos computar el cristianismo, el islam, el psicoanálisis, el marxismo y la utopía liberal.  El combate al kirchnerismo como “relato” instalado por el poder y reproducido por los medios no se limitaba a la denuncia de una realidad virtual que negaba desde el gobierno, cuestiones como la inflación o la gravedad de la pobreza, y las manipulaciones del Indec. El combate al “relato”, es el combate a la política como espacio institucional de articulación de las demandas sociales, que siempre se expresarán sectorialmente.  Combatir el relato es combatir la política y promover la anti-política, el gerenciamiento de lo público por los gerentes. Los “ceos” se dice ahora.
Ese clima anti-político como pureza para garantizar los reclamos de los productores de la yerba, de los marginales de los barrios, de los comerciantes de Posadas y de los docentes, es paradójicamente, “lo políticamente correcto” en estos tiempos.
Desde ese posmodernismo inconsciente, de subjetividades fragmentadas,  se degrada también el valor institucional del voto en nuestro sistema democrático. Nadie se hace cargo de su propio pronunciamiento en las urnas. Siempre se vota un proyecto ideológico, un modelo económico, un programa de gobierno. Votar por el librecambio y después llorar por las importaciones hormigas desde Encarnación es condenarse a una eterna angustia. Tratar el problema yerbatero como producto de un engaño del Momo es condenar los yerbales chicos a una crisis permanente. Sólo desde la política se pueden articular, esos reclamos con otros y movilizar la sociedad hacia un rumbo determinado.

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La cuestión yerbatera fue largamente debatida en el Parlamento misionero en los últimos años. Se sabe que el Inym fue una trampa que terminó enajenado la potestad de la provincia para definir políticas sobre su productor madre.  Son temas que venimos tratando desde hace tiempo en este medio. Hoy, se trata de observar que si la protesta se circunscribe a un reclamo coyuntural, los problemas estructurales reproducirán, como un virus, la crisis. La salida es la política. El 2001 lo bajó de la teoría a lo empírico en la Argentina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fotos inym: Mario Alcaraz  y MOL

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