“Quien olvida su historia está condenado a repetirla”. Estas palabras del filósofo Jorge Santayana se han convertido en una de las frases inspiradoras del trabajo educativo del proyecto “Huellas para no olvidar”, que preserva el testimonio de los sobrevivientes del Holocausto como un legado vivo para la humanidad, porque la barbarie cometida por el régimen nazi no fue sólo contra 20 millones de personas, fue un crimen contra la humanidad entera; por lo tanto, los testimonios de las víctimas nos dejan lecciones para ser compartidas y aprendidas por toda la familia humana.

La historia de los sobrevivientes de diferentes genocidios, no debe ser mirada como un hecho trágico del pasado, sino como el testimonio latente de una historia “viva”, colmada de valiosas enseñanzas y lecciones para la actual y las futuras generaciones, acerca de la necesidad de romper el silencio y contrarrestar el antisemitismo, la intolerancia, el prejuicio, el odio y la discriminación.
El Holocausto dividió la historia de la sociedad civilizada en un antes y un después, y dejó muchas enseñanzas para los seres humanos. Con posterioridad a la comisión del Holocausto se vivieron fuertes transformaciones en el campo de los Derechos Humanos, la Justicia y la Medicina.
Al cesar la Segunda Guerra Mundial quedó en evidencia toda la brutalidad cometida por Hitler y su ejército. Las tropas aliadas al entrar a los campos de concentración y exterminio se encontraron con imágenes impresionantes y la evidencia de una barbarie que sorprendió al mundo.
Este hecho histórico dejó en evidencia que el ser humano es capaz de cometer los peores crímenes, y que en los seres humanos está la semilla del bien y del mal.
¿Y cómo corregir el mal? Evitando que esa semilla de odio y de discriminación se propague y germine. Y esa es una responsabilidad de todos como individuos, pero en especial de las autoridades gubernamentales, líderes políticos, sociales, religiosos, formadores de opinión, universidades y los profesores, que pueden gestar y apoyar proyectos educativos que ayuden a cumplir este objetivo.
Para que ocurra un genocidio como el Holocausto debió haber —y de hecho la hubo—, una preparación sistemática y un adoctrinamiento en función de la convicción errada de la existencia de una raza superior. Este crimen capital, como lo reconoce la historia, se cometió con ventaja, premeditación y alevosía, aprovechándose de la indefensión de un pueblo. Hitler utilizó todos los medios disponibles para difundir su ideología extremista; utilizó la Educación como medio de adoctrinamiento. Por eso creemos que es a través de la Educación que podemos evitar que otro crimen de lesa humanidad acontezca.
Si consideramos importante para la formación de un niño o niña enseñarle a sumar, dividir, restar y multiplicar, o aprender sobre las diversas corrientes filosóficas, cuánto más importante es educar en función del respeto por los valores humanos y la enseñanza del Holocausto como paradigma del acto genocida, ya que una Educación con esa orientación humanista nos proporciona las herramientas necesarias para transmitir el respeto por la dignidad humana, como la base para una convivencia pacífica entre individuos, sociedades y naciones.
El desarrollo del conocimiento científico y tecnológico no es suficiente para evitar la repetición de un hecho tan atroz, como ese genocidio, que costó alrededor de 20 millones de vidas humanas. Hitler llevó a cabo el Holocausto en una de las naciones más avanzada en tecnología, ciencia y educación para aquella época.
Por lo tanto, la Educación con valores es uno de los instrumentos claves para evitar que un nuevo genocidio se repita. Es primordial incentivar la práctica de los valores y el respeto a la familia, basado en el reconocimiento de la dignidad humana, la verdad, la rectitud, el amor, la paz, la justicia y la tolerancia.
El Holocausto es uno de los temas de estudio e investigación más actuales y controversiales; lo que nos deja el desafío de adaptar el material histórico a las necesidades de las y los estudiantes; y su interés aumenta permanentemente, no sólo en el seno del pueblo judío sino a nivel mundial, como lo ha demostrado la Conferencia de Estocolmo llevada a cabo en el mes de enero del 2000.
La enseñanza del Holocausto es hoy en día un instrumento legítimo, recomendado por la Organización de Naciones Unidas a través de la Unesco, y utilizado para denunciar y prevenir el antisemitismo, el racismo, la discriminación y los brotes violentos de grupos extremistas como los neo-nazis y que en Misiones puso en práctica cuando el actual gobernador Hugo Passalacqua  era ministro de educación. Allí se estableció que los docentes den clases alusivas al tema en las escuelas de nivel medio porque los jóvenes debían conocer este trágico hecho que mató a más de 6 millones de seres humanos.
Es un error grave decir que un genocidio como el Holocausto nunca más se va a repetir y que por lo tanto no es necesario dedicar esfuerzos y enfocar la Educación en su enseñanza y prevención. Ese pensamiento no es coherente con los hechos violentos que se han presentado después de esa tragedia humana. Basta recordar que el genocidio de Ruanda se cometió en 1994 en un contexto mundial de destacado desarrollo científico y tecnológico, y con la presencia de diversos organismos internacionales.
Por lo tanto, lo único que nos garantiza que las personas tomen conciencia sobre el valor de la vida, es la EDUCACIÓN, herramienta fundamental que nos permitirá trabajar de manera efectiva en cualquier parte del mundo y con personas de diferentes nacionalidades, culturas, ideologías, idiomas, edades, religiones y creencias.
Muchas personas preguntan: ¿Por qué no olvidan el Holocausto? ¿Por qué no pasan la página? Olvidaremos el Holocausto cuando tengamos la certeza de que nunca más se repita otro genocidio y para que esto no vuelva a ocurrir. Tenemos todos y cada uno de nosotros la responsabilidad de emprender acciones.
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