La misionera Mere Echagüe estará leyendo partes de su libro de poemas Canción de aire (Ed. Modesto Rimba) el sábado 29 de abril en la Feria del Libro de Buenos Aires. A las 19.30. Pabellón Azul, stand 325.

Por circunstancias editoriales, a pesar de ser más misionera que de otro lugar, Echagüe no estará en el stand de Misiones sino en el de Modesto Rimba la editorial emergente, e independiente, que le abrió las puertas a su primer libro, un sello que se compromete a promocionar “obras originales e irrepetibles”. Realizamos un ping-pong de temas literarios y personales con la autora deslizándole conceptos y esperando qué despiertan en ella:
Leer en público: “La primera vez que lo hice fue en la presentación del libro Burbuja negra de mi amiga, colega traductora y gran escritora Janice Winkler. Estaba tan nerviosa y ansiosa que llegué exageradamente temprano al evento. Como no había nadie me senté a tomar cerveza sola en una esquinita y al momento de leer, estaba borracha. Lo bueno es que se me pasaron los nervios y estuvo buenísimo.”
Feria del libro: “Nunca en mi vida fui. Será este año la primera vez.”
Vivir en Buenos Aires: “Después de siete años, por momentos sigo sintiéndome un poco una turista, o que estoy de paso. Paradójicamente, lo mismo me pasa cuando voy a Posadas.”
Primeras lecturas: “Tuve la suerte de tener excelentes profesores y profesoras de literatura, tanto en el colegio secundario como en el instituto terciario. Natalia Aldana, Carmen Hereluk,  Andrea Baumgratz, me enseñaron a leer con pasión y no por obligación. La Divina Comedia me hizo enamorarme del verso, hace poco más de diez años, y desde entonces no paré.”
Primeros poemas: “Cuando tenía algo así como ocho o nueve años, le escribí un poema a Maradona. Mi viejo todavía lo tiene por ahí guardado. Rimaba y todo, es fantástico. A los veintidós me fui de viaje un par de meses, y no paraba de escribir, me sentía tan sola que era como conversar conmigo misma. Algunos de esos textos hoy forman parte de Canción de aire.”
Otros géneros:Me fascina leer novelas, de hecho me gusta muchísimo más que la poesía. Tengo hace rato dos proyectos de novela en el tintero, pero todavía no me animo. No sé por qué, me siento más cerca del poema como escritora y más cerca de la novela como lectora. Me pasa con la cocina también: lo que más me gusta comer es asado y no me le animo a la parrilla, prefiero disfrutar de la habilidad parrillera ajena; pero soy muy buena con los guisos y salsas.”
Modesto Rimba: “Mauro Lo Coco y Santiago Castellano fueron quienes me hicieron creer, en el primer taller de escritura que hice (allá por el 2012 o 2013), que yo podía, puedo, escribir. Creyeron y creen en mí y capaz que ellos no tienen ni idea, pero es de las cosas más valiosas que me pasaron. Los senseis, los llamo. Me bancaron, me enseñaron, me abrieron las puertas de la editorial y hoy Modesto Rimba es algo así como mi casa.
Juliana jubilada: “Creo que todos necesitaremos eventualmente un kit tipo valijita de Juliana para cuando seamos jubilados, para no embolarnos al menos. Juliana Jubilada es el título de uno de los poemas de Canción de aire, uno de mis preferidos.”
Otras artes:  “El teatro es  un mundo mágico que me permite, al igual que la escritura, jugar a ser otra persona. O mejor, me permite encarnar personajes de todo tipo. Es transformador.”
La lluvia: “No me gusta. La humedad me congestiona. Si llueve, prefiero quedarme en la cama. Claro, hay que laburar, pero me pone chinchuda tener que salir a la calle cuando llueve.”
Caminar: “Camino todo lo que puedo, si tengo tiempo. Me encanta recorrer la ciudad, me relaja la cabeza, me descomprime un poco. Hace un par de semanas, un día feriado, salí a caminar y cuando llegué a casa me di cuenta de que había caminado noventa y seis cuadras. Y lo disfruté, lo disfruto mucho. A menos que esté lloviendo, claro.”
Soñar: “Desde chica tengo una relación amor-odio con los sueños; hablo de los sueños de cuando uno duerme. Desde que tengo memoria, casi todos los días de mi vida recuerdo lo que soñé ni bien me despierto. Retengo imágenes muy vívidas, incluso sonidos y hasta sensaciones. Por eso me encanta dormir, porque me encanta soñar. Lo malo son las pesadillas, también las recuerdo y muchas veces una sensación horrible me acompaña por el resto del día y ahí ya no me copa tanto. En cuanto a los sueños como deseos, prefiero sorprenderme todo el tiempo, porque van cambiando conmigo.”
La música: “Es una gran amiga, una compañera, como una hermana. Casualmente mi hermana se llama Cecilia, como la patrona de la música. Incondicional, sería la palabra que mejor la defina; bah, a ambas.”
 Los premios: “En mis últimos años de facultad yo todavía vivía con mis viejos. Papá me había prometido que por cada diez que me sacaba en algún parcial, o práctico, o lo que fuera, el premio era “mandar” por el resto de la semana. Yo elegía qué cenábamos, quién lavaba los platos, volvía a la hora que quería, etc. Me esforzaba tanto que en épocas de examen llegaba a acumular tres o cuatro semanas de mandato, y me encantaba.
Canción de aire: “No fue un sueño. Nunca pensé que haría un libro. Trabajé mucho con Mauro y Santiago pero no era muy consciente de lo que se estaba gestando. Una vez, en octubre creo de 2016, fui a la editorial a seguir revisando y corrigiendo textos, y me dijeron “bueno, ya está.” Recién ahí caí, y cuando lo vi materializado no lo podía creer. Puede ser una boludez para cualquiera, pero hasta le escribí un poema al libro, de tanto que flashié.
Foto de tapa: a la imagen de tapa de mi libro la elegimos con Mauro. La vimos e instantáneamente ambos supimos que era esa. Después Susi, la wonderwoman diseñadora de la editorial, le tiró una magia. A mí me encantó desde el primer momento, y me sigue encantando. Como digo siempre, haciéndome la modesta: en el ranking de las mejores cosas de ese libro, primero está la tapa, segundo está el prólogo, y tercero el contenido.
Fotos de solapa: Canción… no tiene foto de solapa. Pero cuando leo otros libros, lo primero que hago es leer la última oración de la última página, y lo segundo que hago es ver si tiene fotito. Me gusta verle la cara a la persona a la que estoy por leer.

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