“El peronismo perdió ese olfato interpretativo de lo que el pueblo quiere”, afirma Aníbal Velázquez. Compara los discursos de Perón con lo de Cristina para “visualizar la distancia”, entre el “estilo directo y campechano del General contra lo imperativo y erudito de la Cris. La compañera está más cerca de Horacio González o Carta  Abierta que de una compañera de los barrios IPRODHA de Posadas o de Alberdi en Misiones. Por Aníbal Velázquez

Posadas (miércoles, 31 de mayo) Cuando Perón decía que la gente no entendía nada de economía cuando le hablaban de balanza comercial, de déficit fiscal o emisión monetaria, sino que entendía la economía en la víscera más sensible: el bolsillo, cuando no le alcanzaba el dinero para las compras. Por supuesto que no andaba Perón haciendo interpretaciones académicas referidas a la comunicación o los conceptos, sino a la sencillez del habla popular, lo concreto de sus reclamos y sus necesidades.
Cuando estudiábamos el impacto de la experiencia de la comuna de Porto Alegre en referencia al “presupuesto participativo” para incluirlo en la Carta Orgánica de Posadas, aprendimos que las demandas de los habitantes de esa ciudad estaban dirigidas fundamentalmente al trasporte urbano de pasajeros, frecuencia (querían llegar más pronto al centro), horarios y extensión de entradas a las villas. Qué lejos de sus pensamientos estaba la deuda externa, la distribución del ingreso, la influencia del pago del servicio de la deuda (intereses) en el Producto Bruto Interno, o las elaboraciones para “un mundo mejor es posible” del Foro que en la misma ciudad se había convertido en el punto de encuentro de quienes se empeñan en mostrar y curar las profundas heridas sociales ocasionadas por la economía globalizada de Occidente.
El peronismo perdió ese olfato interpretativo de lo que el pueblo quiere. Si comparamos los discursos de Perón con lo de Cristina podemos visualizar la distancia. Estilo directo y campechano del General contra lo imperativo y erudito de la Cris. La compañera está más cerca de Horacio González o  Carta Abierta que de una compañera del Barrio Constitución o del Bajo Flores. Está más cerca los laberintos de Borges que la compañerada de los barrios IPRODHA  de Posadas o de Alberdi en Misiones con su escuela que fuera uno de los mejores evaluados en matemática.
Cierta vez en un congreso del peronismo en la sede partidaria de Posadas nos preguntábamos cuándo habíamos perdido el lenguaje que por entonces lo hablaba la Renovación. Se estaba más en reproducir diatribas contra los vencedores que preguntarnos por qué el pueblo se había inclinado mayoritariamente hacia otra oferta política. La derrota tiene ese ingrediente, la de transformarnos en una bolsa de gatos; sin saberlo nos habíamos transformado en La Torre de Babel. Es lo que hoy pasa en el escenario nacional. Acierta Cristina al sostener  que es perentorio construir la Unidad, así con mayúscula. El pueblo nunca votará a una bolsa de gatos.
Si estudiásemos las derrotas del peronismo en la CABA encontraremos las mismas falencias. Macri no ganó doce años seguidos sólo con la ayuda de los medios concentrados. Desde los comienzos del PRO, aún antes de su conformación como partido, el macrismo siempre tuvo una pata peronista que le daba y da existencia e identidad en los barrios y villas. El metrobus, la bicisenda parecen obras secundarias, pero como decíamos más arriba, dan respuestas a demandas populares que no se atendieron desde el progresismo. Es cierto que el poder económico y los grupos estamentales, los que trabajan en política para que nada cambie, tienen las manos libres para este tipo de respuestas. Y es cierto que el peronismo en el gobierno tiene luchas abiertas en lo estructural, en lo que se define en la macro economía, pero mientras se encaran con esfuerzo los cambios necesarios para una sociedad más justa, cambios que no se pelean en el mano a mano con el pueblo sino con los monopolios y el imperialismo, fuimos perdiendo el lenguaje popular. Por eso entendemos que no se acierta en el diagnóstico cuando Cristina culpa de la derrota de 2015 exclusivamente al poder de los medios. En política habría que tener en cuenta que eso forma parte de la realidad. Recordemos que estábamos lejos en las encuestas cuando la juventud salió a caminar llevando la oferta Scioli a los vecinos, casi se ganan las elecciones. Esto fue dicho por los barones del conurbano. Hoy, la contradicción fundamental, si bien tiene en el choque de modelos su esencia, en la superficie donde se expresa el sentido común el dilema no será ortodoxia – heterodoxia, neoliberalismo o keynesianismo, sino que se expresa en respuestas concretas a las necesidades de servicios básicos. El que tiene empleo se vuelve conservador y aspira a mejores colectivos, escuelas que funcionen y acceso a los hospitales. El macrismo le pone esperanzas con el “timbreo”.

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