Paradojalmente la suerte de Macri está asociada a lo bien que le vaya a los gobernadores en octubre. Todos saben que las elecciones no modificarán el escenario político. El establishment presiona para formar un co–gobierno y establecer pactos para que nada cambie. El secretario de Provincias, Alejandro Caldarelli rechazó aquí esa opción y sugirió que Macri está más cerca de acuerdos con los gobernadores. En la misma sintonía el diputado Franco trabaja para armar un Espacio Federal en la Cámara de Diputados. La lucha de modelos que encarna CFK no es central para las provincias. No hay madre de todas las batallas.

Posadas (jueves, 8 de junio) La Argentina vive un momento histórico, diríamos inédito, desde la perspectiva del funcionamiento de las instituciones de la República. El hecho objetivo de un Ejecutivo Nacional sin mayorías propias en el Congreso obliga a institucionalizar el diálogo y los consensos como único recurso de gobernabilidad del sistema. Esta realidad fue determinante, para imponer al gobierno de Mauricio Macri la necesidad de colocar en el centro de la toma de decisiones a la Política con mayúsculas. Fue una paradoja. Un equipo integrado mayoritariamente por gerentes y empresarios que entienden más la dinámica de lo privado que la gestión de lo público, se destacó en estos diez y seis meses de gobierno por la práctica política más que en resolver los problemas económicos.
Desde Misiones, más ampliamente desde las provincias, en esa relación institucional entre Presidencia y las representaciones provinciales en el Congreso que se materializa en el diálogo con los gobernadores, radica la esperanza de avanzar, como nunca desde 1983, en la restauración de un auténtico federalismo.
Nación – Provincias se constituye así en la contradicción fundamental del momento político que está cruzado por otras contradicciones que se colocan sobre la superficie pero que no deben enceguecer a los actores de la Casa Rosada y las Gobernaciones.
Entre esas contradicciones, digamos secundarias para nosotros, aparecen las denuncias de corrupción y la judicialización de la política. Por efecto secundario de esa práctica se puso sobre la escena un poder desmesurado de jueces y fiscales que disputan protagonismo político arrastrados en complicidades de intereses y negocios, no expresan más que un epifenómeno de superficie que no hace al fondo de la sustancia ni de la riqueza del momento político marcado por la relación dialéctica entre Nación y Provincias. El Lava Jato, la mani pulite, los arrepentidos de Obedrecht si logran enturbiar el proceso no es más que por los intersticios que le abre la dirigencia política a los servicios de inteligencia que operan, también desde los medios hegemónicos, en contra de los procesos de democratización. Esto es lo que expresan hoy Carrió, Bullrich, Clarín y operadores en el Poder Judicial.
La otra contradicción que siempre está latente en la política nacional está determinada por los modelos de acumulación. Desde el 22 de mayo de 1810, esos modelos, en forma simplificada, se manifiestan en poner énfasis en el consumo interno como motor del crecimiento o las exportaciones. Son los enfrentamientos que a lo largo de dos siglos se turnaron como un péndulo en el ejercicio del Poder político. Otra vez resumidamente, entre gobiernos liberales y gobiernos populistas. Esta es la contradicción que pone a Cristina Fernández de Kirchner nuevamente en escena.
Son las alternativas que se plantean para octubre. Hugo Passalacqua, junto a otros gobernadores han desplazado la centralidad de las luchas. Nadie puede negar que aún en los años más gloriosos de la economía argentina, las provincias como Misiones siguieron siendo marginadas, destinadas a proveer materia prima y mano de obra barata para los centros urbanos. No se trata de modelos, se trata de recuperar espacios de autonomía en la toma de decisiones. El Gobernador lo dice claramente: “trabajar para un federalismo auténtico”.

Los factores de poder impulsan un co-gobierno

Hay plena conciencia en todos los actores de la vida política y económica de la Argentina de que las elecciones de octubre no modificarán la composición de las Cámaras. Por más bien que le vaya al oficialismo los cálculos más optimistas hablan de incrementar de 81 a 100 las bancas en Diputados, lejos de los 129 para dar quorum. Y mucho menos en el Senado donde la expectativa es sumar 8 representantes a la abrumadora minoría de hoy. En síntesis, tras las elecciones parlamentarias seguirá sin haber una fuerza política mayoritaria en el Congreso.
Es una realidad sobre la que ya operan los poderes fácticos que empiezan a desconfiar de Macri. Incluso hay mensajes indirectos como la amenaza de meter preso a Calcaterra para limitar su autonomía. Las derechas juegan siempre sucio por debajo de las apariencias de buenos modales. Los intereses del statu-quo vienen marcando, con apelaciones al realismo, la debilidad intrínseca de Macri ante el Congreso. No les gusta el Macri político. Si uno lee a los opinólogos de los medios hegemónicos descubre el esfuerzo por retenerlo como un referente de la anti-política. Desconocen la propia historia del “macrismo”. Es cierto que ayuda la impronta intelectual del Presidente y la liviandad de su discurso. Pero ocultan que Macri es un emergente del que se vayan todos del 2001. Quiso y supo construir una organización política desde los jirones de una derecha desorientada por el fracaso de los 90 cuando intentó consolidar las desestructuraciones perpetradas durante la dictadura. Lo siguen poniendo a Macri como un outsider para reclamarle más política para avanzar en el ajuste neoliberal.
¿Cuál es la razón? Uno más uno. Razonan que Macri débil ante el Congreso es débil en política. Para seguir con el plan de ajuste neoliberal, hay que fortalecerlo con acuerdos multipartidarios y sectoriales. Se desempolvaron así los Pactos de la Moncloa de la España pos Franco y hay analistas que se esfuerzan en refutar lo obvio, nada tiene que ver nuestra realidad con la de un país europeo y de cuarenta años atrás. Son pactos para el statu-quo, para que nada cambie. Trajeron incluso a un ex comunista protagonista de esos años para que baje línea. Habló en el Senado con la complicidad de la partidocracia en pleno, Sanz, Pichetto, Pinedo y Massa por afuera. Se suman Duhalde, sindicatos y empresarios para presionar por un co-gobierno de salvación nacional. Es la apuesta que subyace en advertencias como la de “se va todo a la mierda” de Melconian o “cualquier chispa puede generar un incendio” de Duhalde.

Gobernadores: pacto para el desarrollo federal

Gobernadores de provincias, grandes como Córdoba, chicas como Misiones, tienen la misma convicción: en el Congreso nadie tiene mayoría, y octubre no va a cambiar esa situación. Entienden que eso exige diálogo y consenso. Pero debe ser un diálogo de iguales. Hugo Passalacqua viene marcando que el diálogo con Mauricio Macri fue productivo para la provincia y el proceso democrático, pero estuvo sustentado en la fortaleza de la Renovación. Por eso pide ganar las elecciones por el mayor margen posible para sentare a la mesa con más respaldo en búsqueda de consensos. Pero no está en sus planes debilitar al gobierno nacional. Aunque siempre marca sus diferencias al mismo tiempo siempre marca la necesidad de respetar los mandatos populares que consagraron al Presidente. Esto lo tiene conversado con gobernadores que tienen en claro que la Argentina debe evitar las crisis que siempre genera ganancias al poder económico y la terminan pagando los más pobres, como dijo aquí el Gobernador de Córdoba cuando hace unas semanas vino a comprar tecnología misionera. “La dictadura genocida no sólo masacró a 30 mil compatriotas, destruyó el tejido social y el aparato productivo, y la democracia no lo supo resolver porque cada década el nivel de pobres es superior a la anterior. A mí me preocupa que agrandar la grieta, no le hace bien a la Argentina, es algo que tenemos que desterrar porque entre todos tenemos que garantizar gobernabilidad y que no haya crisis”.

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Hugo Passalacqua junto a Juan Schiaretti firmando convenios de colaboración en Posadas.

Así, planteando una innegociable gobernabilidad del país, los gobernadores en la campaña defienden sus ideas, sus cosmovisiones del mundo diferencian sus aspiraciones de las operaciones del poder hegemónico para coparle el gobierno a Macri. Eso no quita que mantengan sus convicciones y no comulguen con las ideas del derrame. “No hay teoría del derrame de la economía que crece que garantice la justicia social.” Con ese espíritu van a las elecciones convencidos de que si los proyectos provinciales salen fortalecidos podrán reorganizar una fuerza que exprese la producción, el trabajo y la justicia social, a través de un Estado presente. Los gobernadores, no “queremos pelearnos, le queremos ganar las elecciones para garantizar una gobernabilidad de ida y vuelta”, enfatizó el gobernador Schiaretti en declaraciones a la prensa nacional.
Por eso los gobernadores se muestran en una dimensión que no tiene anclaje en lo que suceda en la provincia de Buenos Aires, donde el PRO se juega contra Cristina Fernández de Kirchner. “En octubre nosotros decimos que son elecciones distritales. Cada provincia va a elegir sus diputados”, remarcaron en la reunión que mantuvieron el mes pasado en la Casa de Entre Ríos en la Caba. Desconurbanizan la significación de octubre. No hay madres de batallas, sino batallas en 24 frentes. Al salir de aquella reunión, el entrerriano Bordet consideró que fue “una buena oportunidad” para que los mandatarios se pusieran de acuerdo en el objetivo de mejorar la calidad de las regiones y poder presentar propuestas electorales que posibiliten seguir gestionando como lo estamos haciendo”. Fue cuando Passalacqua, aseguró que “con los colegas nos comprometimos a seguir trabajando por un federalismo auténtico. Con gobernabilidad”.
Los gobernadores dejan planteada así otra opción para después de octubre. Aunque el PRO le gane a Cristina en Buenos Aires, no será más que un triunfo simbólico que suponemos se planteará en la disyuntiva futuro contra pasado. Pero después de la euforia, la realidad será la misma y Macri recargado es cierto, igual deberá apelar a los consensos en el Congreso. Si pierden con Cristina, la apelación al diálogo y los acuerdos tendrán más urgencias.
Así octubre, el día después, marca una encrucijada de caminos:
-el círculo rojo, para usar la terminología macrista, apretará desde la city, los medios y jueces para la conformación de un co-gobierno, un acuerdismo para el statu –quo, con apelaciones a la Moncloa, pero más similar a la concordancia de la década infame.
-los gobernadores tendrán la posibilidad de acordar un pacto para el desarrollo. Respetando la legitimidad del gobierno de Macri para la toma de decisiones, pero exigiendo que los ajustes, que son necesarios, no desfinancien los servicios que prestan las provincia.
Desde esta perspectiva de análisis el 23 de octubre, Macri recargado si le gana a Cristina o con menos poder simbólico si pierde, enfrentará una verdadera disyuntiva. Obligado por las circunstancias, tendrá la oportunidad histórica de convocar a los gobernadores para conformar un pacto con las provincias, no cerrado con cláusulas que enajenen su poder en la toma de decisiones, para responder a las demandas económicas y sociales. Pero ese día estará sufriendo los embates del círculo rojo para para montar un show grandilocuente que remede los pactos de la Moncloa que en la Argentina de hoy garantizan que nada cambie y simultáneamente abrirse a un co-gobierno con la vieja dirigencia de los partidos tradicionales.

Caldarelli: nada de co-gobierno

El secretario de Provincias, Alejandro Caldarelli, que integra el equipo de Rogelio Frigerio fue contundente al descartar la posibilidad de conformar un co–gobierno después de octubre. El funcionario nacional compartió el martes el agasajo que brindó el Gobernador a los periodistas, oportunidad en la que pudimos pedirle su opinión sobre las disyuntivas planteadas en esta columna. Ante todo admitió que en la Casa Rosada se tiene conciencia que octubre no cambiará el escenario. “Sólo aspiramos a tener más legisladores propios”, confesó, pero nada dijo sobre las presiones del establishment sobre el Presidente, pero fue terminante en rechazar la movida encubierta con el verso de los pactos de la Moncloa. “Los acuerdos siempre son necesarios y forman parte del funcionamiento de las relaciones de la política y con los sectores”, admitió. Sin afirmar, pero sin negar la existencia de la encrucijada de caminos planteada por el periodista, dio una definición reveladora al revelar y enfáticamente que “ya venimos haciendo acuerdos con los gobernadores”.

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El Secretario de Provincias del Ministerio del Interior, junto a Passalacqua y Herrera Ahuad

¿Los pactos de la Moncloa traducidos en nuestro país y cuarenta años después estarían instalando un ajuste recesivo de corte neoliberal, en tonto los acuerdos con los gobernadores tendrían un tono más desarrollista? Se le preguntó.
“Habría primero que precisar qué se entiende por neoliberalismo”, respondió devolviendo la pregunta.
Reformulo la pregunta entonces: el pacto tipo la Moncloa, para poner nombres y apellido, sería de inspiración que remite a Cavallo y su fundación Mediterránea, y el acuerdo con gobernadores remitiría a Frondizi?
“Macri no tiene nada que ver con Cavallo”, respondió enfáticamente, está más cerca de Frondizi, dijo para volver a una pregunta retórica: “sabe lo que quiere Macri”.
¿Qué quiere?
Quiere que todos los argentinos tengan agua potable, tengan cloacas, tengan el servicio de gas y luz eléctrica, que tengan trabajo…

Promueven espacio federal en el Congreso

La hipótesis desarrollada en esta nota no aparece descolgada de la realidad ni de la práctica política. Después de chequearla con Caldarelli se la planteamos al diputado Jorge Franco, que preside en bloque de los renovadores misioneros en la Cámara baja del Congreso nacional.
En los papeles la idea de oponer una fuerza común resultante de la unión de todas las provincias para romper la hegemonía del poder hegemónico de Buenos Aires siempre se ha diluido en la práctica. De hecho ya existe una gran dispersión de bloques en Diputados que tiene una composición de 39 espacios, de los cuales sólo 5 cuentan con más de 7 integrantes y 14 son los ‘minibloques’ integrados por entre 2 y 6 diputados. Sólo el Frente para la Victoria, con 70; el PRO, con 41; la UCR, con 36; el Frente Renovador, con 23; y el Justicialismo, con 17, logran sumar más de 7 miembros. Esto que es un drama para los negociadores de las estructuras nacionales, es una oportunidad para las provincias chicas.
Franco admitió que desde hace un tiempo se está moviendo y conversando con sus pares para conformar un Espacio Federal, que transforme la debilidad de los fragmentos en la fortaleza en la unidad de acción.
¿Cómo va la iniciativa, tiene adhesiones?, le preguntamos ya que hace dos meses nos había revelado su intención de unir en una voz común a todas las provincias. La dificultad mayor es el alineamiento con las organizaciones nacionales que tienen varios legisladores que funden la representación de los pueblos de sus provincias con la representación partidaria. No en todos lados hubo rupturas con los capangas como lo hizo la Renovación en 2003. De todos modos, Franco se mostró optimista y destacó que los que más rápidamente se suman a la iniciativa son provincias como San Luis que tienen una impronta profundamente federal con la novedad de otras como Formosa o Tucumán.

jorge franco sesion2 19abril2017

Pelear la autonomía financiera

Pero lo que une a todos los legisladores es la idea base es avanzar en cuestiones simples como hacer cumplir la ley de coparticipación. La pretensión de dejar todo como está para debatir una reforma de fondo que incluya además una reforma impositiva, no es conducente.
Sin esperar lo imposible, Franco plantea en las reuniones avanzar en el objetivo de máxima de hacer cumplir la ley de la coparticipación que dispone que el 54,66% de la recaudación se destine a las provincias ya que la participación efectiva que reciben las provincias del total de los recursos nacionales recaudados por la AFIP es del 29%. Esa inequidad es la que puede unir los reclamos. Con planillas sobre la mesa, el diputado misionero muestra que a valores de hoy la copa debería representar 472 mil millones de pesos en los primeros meses del año, in embargo, las provincias recibieron 158 mil millones.
Pelear para que se vuelva al reparto como lo establece la ley puede empantanar las negociaciones. Franco entonces presenta una opción intermedia apelando a la Ley 23.548 que impone un piso. “De haberse cumplido los fondos hubiesen llegado a 293 mil millones de pesos, casi el doble de lo actual”, explica. “Bajado a Misiones, en el semestre recibió, 4,6 mil millones cuando le correspondían 16 mil millones, y con el piso hubiese llegado a 10 mil millones”.
¿Qué se le ofrece en cambio a la Nación? le peguntamos.
La contrapartida a este acuerdo –respondió- sería que la Nación decida la baja la cantidad de programas, como el Fonid y otros subsidios, inclusive la AUH con lo que cumpliría sus objetivos de ajuste. Es decir que deje a las provincias la decisión y la metodología de atención social”. Coincidió en que estas distorsiones en la práctica del federalismo vienen de larga data y que se fue acentuando en el proceso democrático incluso durante el kirchnerismo. Precisamente, una de las críticas al kirchnerismo es que había conformado un feudo a través del manejo de la caja, opinamos. Sin afirmar ni negar, Franco siguió con la iniciativa. “Recuperando recursos financieros que nos pertenecen, se recuperaría autonomía financiera en las provincias”, concluyó.
Pero, además de la cuestión partidaria, los ejes del encuentro fueron el compromiso de otorgar “gobernabilidad” a la administración de Mauricio Macri y el debate sobre puntos en común respecto de la “coparticipación y el esquema de subsidios”.

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