Un 13 de junio de 1874 nacía en Córdoba Leopoldo Lugones (aparte de fundador de la SADE fue el responsable de que Quiroga haya venido a Misiones y quedara impactado y decidiera instalarse acá) entonces, como homenaje, se declaró ese día como el día del escritor nacional. Un 13 de junio de 1988 fallecía Juan Enrique Acuña, exponente de las letras misioneras. Entonces, como homenaje, se declaró ese día como el día del escritor misionero.

En 1936, Juan Enrique Acuña escribía su primer libro de poesías, escrito junto a otros dos grandes poetas, llamado Triangulo. Un poco después escribió obras como La ciudad condenada ( una ciudad ficticia, armada para hacer una prueba de resistencia a una bomba nuclear) Como una oscura hoja de tabaco (sobre la matanza de colonos en Oberá), entre otras obras literarias.
Mas allá de las celebraciones como la segunda Mateada Literaria, que organizó, en el Palacio del Mate, la Municipalidad de Posadas, con presentación de libros y lectura de poemas, surgen en este día las preguntas ¿Para qué escribir? ¿Por qué escribe un escritor? Son preguntas que desde el periodismo se le hizo siempre a los escritores. -Para que me quieran- coincidieron en responder García Márquez, Bryce Echenique, Dolina, Carver, entre otros. “Empecé a escribir porque quería ser alto, rico y guapo” ironizó Manuel Vázquez Montalbán. José Donoso dijo “Escribo para saber por qué escribo” como Montaigne, que encerrado en una torre en Burdeos pensó “Escribo para conocerme a mí mismo” Luis Goytisolo “Para conocerme a mí mismo a través de la escritura, para conocer el mundo a través de mí mismo”. George Orwell especificó varios motivos que llevarían a un escritor a escribir: -El egoísmo agudo; el deseo de parecer perspicaz, de ser recordado después de la muerte, resarcirse de los mayores que le despreciaron a uno en la infancia; el entusiasmo estético; la percepción de la belleza en el mundo o en las palabras y su combinación, y el deseo de compartir una experiencia; el impulso histórico, el propósito político. Susan Sontag: es inmoral escribir con la intención de moralizar. Escribir es importante principalmente por vanidad. Porque quiero ser esa persona, una escritora, y no porque haya algo que yo deba decir. Richard Ford reconoció: Soy escritor “porque fracasé en todo lo demás. Traté de ser un abogado, un periodista, trabajar para el gobierno, y fracasé miserablemente en cada intento” En su Diario argentino, Witold Gombrowicz puso: “Viernes, Escribo este diario sin ganas. Su insincera sinceridad me fatiga ¿para quién escribo? ¿si tan solo para mí, por qué se imprime? ¿y si lo es para el lector, por qué finjo entonces conversar conmigo mismo? ¿Hablar con uno mismo para que lo oigan los demás?” Parece que Claudia Piñeiro escribió La viuda de los jueves porque la lectura de El nadador de Cheever se lo había sugerido. Porque la principal manera de entender las cosas es narrarlas, dijo Anjel Lertxundi. Según el budismo, escribir constituye el modo óptimo de estudio, siendo seguido por el dialogo, la escucha y la lectura de las enseñanzas. A Jaime Gil de Biedma le hicieron la pregunta inversa: que por qué había dejado de escribir, y respondió –me tenían que haber preguntado antes, que por qué escribía, ya que lo normal es leer. Morrisey dijo que escribe y hace música porque implica comunicarse con la gente sin necesidad de llamar a nadie por teléfono. “En verdad, en verdad, no se para qué demonios escribo. Supongamos que escribo por envidia” dijo el chileno Nicanor Parra. Saramago respondió: “Porque he estado callado durante mucho tiempo”. Allen Ginsberg: en su poema Improvisación en Beijing dice: Escribo poesía porque sufro confusión no sabiendo qué es lo que piensan los otros. Y después dice “escribo poesía porque los poetas rusos Mayakovsky y Yesenin se suicidaron, alguien más debe hablar.” Y “escribo poesía porque quiero estar solo y quiero hablar con la gente” Y casi al final del verso, dice que escribe poesía porque ninguna razón ningún porqué. En marzo de 1978 me dio ganas de envenenar a un monje, respondió Umberto Eco cuando le preguntaron por qué había escrito El nombre de la rosa. En la novela Darwin poeta, reciente ganadora del premio Fondo Nacional de las Artes, del autor misionero Osvaldo Mazal, se lee que ningún artista crea sus obras para que la gente lo ame, sino para poder ser al mismo tiempo lo que es y otra cosa.
Un 13 de junio nacía también, coincidentemente, Augusto Roa Bastos quien fuera homenajeado hace pocos días en Posadas al cumplirse su centenario. La razón de su escritura puede leerse en este respuesta que dio una vez: “El exilió fue una escuela permanente que me enseñó a ver las cosas con más seriedad. También significó dolor, como una muerte, un estado de duelo. Me tomó de cuatro a cinco años salir de la depresión, no sólo psicológica sino ontológicamente, recobrar mi dignidad como ser humano, que se había refugiado en las sombras. Me dediqué a escribir como un vehículo para recuperar mi condición humana, mi dignidad como persona”.

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