Antonio Di Benedetto nació el 2 de noviembre de 1922 en Mendoza. Detenido por la junta militar, estuvo preso entre marzo de 1976 y septiembre de 1977. Sus carceleros no le permitían escribir ficción entonces mandaba cartas a familiares en las cuales incluía, disfrazados de sueños que contaba, relatos que después fueron exitosos.

Jimena Néspolo recuerda que Camus, a propósito de la obra de Sade, citaba “En el fondo de las prisiones, el sueño no tiene límites y la realidad no frena nada” Los veintisiete años de cautiverio generaron en el divino Marqués una ética de la soledad y la destrucción a partir de la reivindicación desesperada de la libertad, y al mismo tiempo un imperio de la servidumbre, la de los instintos (pues ésa es la libertad que se reclamaba).
Diecinueve meses estuvo preso Di Benedetto por la junta militar: Primero en Mendoza, en el Colegio Militar. Lo trasladaron sorpresivamente a la Unidad 9 de La Plata, sin decir nada a nadie. Dicen que el Premio Nobel de Literatura Heinrich Böll le envió un telegrama a Videla. Di Benedetto sufrió cuatro simulacros de fusilamiento.
El silenciero es una novela publicada en 1964 por este escritor mendocino que, a pesar de los numerosos reconocimientos por su peculiar obra y de haber sido referente casi silencioso para los más consagrados como Borges, Cortázar, Bolaño, etc. no adquirió la fama de otros autores latinoamericanos. A pesar de que el tono es lo fundamental de la obra, la trama cobra fuerza por su originalidad: El personaje es un escritor que no puede escribir porque le molesta el ruido que hacen sus vecinos. De un lado padece a un taller mecánico, medicina para recuperar automóviles; del otro a una hojalatería; y en frente a un aserradero. Personaje neurótico, al estilo Marcel Proust, otro hipersensible que vivía en una habitación tapizada con corcho. El personaje de El silenciero y su madre habían comprado la casa porque los de la inmobiliaria se la mostraron un sábado y no había ruidos. Avivada inmobiliaria semejante ocurre en la película Pecados capitales (1995), cuando a la pareja joven les muestran un departamento silencioso un domingo, pero había sido que toda la semana pasaba un tren que hacía temblar todo.
Sus libros fueron rescatados en Buenos Aires por Adriana Hidalgo Editora. En España sus novelas Zama, Los suicidas y El silenciero fueron reunidas en 2011 en un solo tomo como la “trilogía de la espera”, aunque el mismo autor parece que no las concibió como tal. Zama se acaba de poner de moda gracias a una adaptación al cine de Lucrecia Martel.
Di Benedetto fue apresado el 24 de marzo de 1976 en su despacho del diario Los Andes, encarcelado y torturado (“Creo nunca estaré seguro que fui encarcelado por algo que publiqué. Mi sufrimiento hubiese sido menor si alguna vez me hubieran dicho qué exactamente; pero no lo supe. Esta incertidumbre es la más horrorosas de las torturas”). Fue excarcelado más de un año después, ya anímicamente destrozado, pero la maquinaria del silencio no pudo con la voz de su literatura. Si se calla el escritor calla la vida.
Y para complementar la obra de Di Benedetto, de changüí, recomendamos el Diccionario de música, mitología, magia y religión (Editorial Acantilado, 2012) en el cual el ensayista Ramón Andrés escribe “la sociedad laica no ha conseguido espacios de silencio, hacemos demasiado ruido. El silencio ha quedado relegado a lo religioso, a lo sacro. No debería ser así. Y eso es otra derrota de la sociedad civil”.

 

 

foto: elpais.com

 

 

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