La UCR formará bloque propio en el parlamento misionero por disposición del Comité Provincia. La decisión desató una lucha interna por la presidencia que tiene un sobresueldo. La pretenden Molina, Pianesi y González.

Posadas (Martes, 21 de noviembre) Walter Molina, Ariel Pianesi y Gustavo González, tres de los cinco diputados que a partir del 10 de diciembre integrarán el bloque de la UCR en el parlamento misionero se encuentran en plena pulseada por presidirlo. Cada uno presenta sus propios pergaminos. Molina se cree con derecho por antigüedad y por ser el único electo por la Lista 3. En 2015 encabezó las boletas de la UCR que llevaba a González como candidato a gobernador en una de las peores elecciones del partido desde 1983. Pianesi reclama por haber sido cabeza de lista en las elecciones del 22-O cuando por primera vez desde la aparición de la Renovación en la escena política provincial, una alianza logró superar el 30% de los votos. Y González, que estaba cuarto en la lista argumenta que el hecho de haber integrado la fórmula de la UCR en 2015 constituye un antecedente suficiente más allá de los votos en las generales.
Decir que entre los tres hay una guerra sin cuartel sería exagerado si uno se remite a la significación de la expresión. No hay una lucha a muerte. Pero siguiendo las metáforas guerreras se podría decir que es un ejercicio de práctica, por otra parte habitual en la lógica de funcionamiento del comité central de la UCR desde hace años. Cuando se hace política sin propuestas y la interpelación a los votantes se ve restringida al denunciativismo crónico para hacerse escuchar en la audiencia redundante de los “anti” y los fanáticos pensando más en preservar espacios internos que en la construcción de alternativas. Ese diálogo de sordos sólo podrá escuchar la voz del Comité que más de una vez bajó órdenes al bloque, como recientemente cuando Damiani decidió que el presidente sea Germán Bordón, lo que originó desencuentros que terminaron diezmando la representación de la UCR en la Cámara.
Hoy, subsidiaria del PRO en la Alianza Cambiemos, estas rencillas en lugar de aplacarse se vuelven centrales. La lucha por los cargos es implacable. Y cargos eleccionarios hay pocos. Los que hay son disputados con alma y vida. Hasta por el tamaño de las oficinas en el Anexo de Diputados hay peleas. Por eso no es raro escuchar a directivos de la UCR defender políticas del gobierno nacional que son las antípodas de los principios que sostuvo la UCR hasta ayer no más, hasta la Convención de Gualeguaychú. Pero ni esta fe de los conversos logra silenciar las tensiones que generan los directivos con sus votantes. La voz de Setúbal cuestionando el rumbo económico y social como el poco apego republicano del macrismo, reproducida por figuras emblemáticas como Freddy Storani, Coti Nosiglia, Carlos Becerra, Ricardo Alfonsín, y Changui Cáceres entre otros muchos, que no se fueron como Leopoldo Moreau, esas voces, decíamos, traducen demandas de los votantes que siguen sintiendo y pensando como radicales.
Hay una crisis objetiva que afecta el empleo, el consumo, el poder adquisitivo del salario, la seguridad social y el nivel de vida en general que define un escenario complicado de futuro incierto. La crisis puede ser de transformación, puede ser generada por la regresividad en la distribución del ingreso y peor aún puede ser consecuencia del agotamiento de la estructura económica argentina que languidece desde que la dictadura destruyó las bases de un país industrial.
Pero nada de esto ocupa y menos pre-ocupa a las luchas al interior de la UCR. Los cargos primeros. Después veremos.
Estas rencillas fueron tema en varias reuniones del comité ampliado aquí en el local del partido en Posadas. Se confirmó allí que la UCR armará bloque propio en la Cámara de Representantes y como bloque integrará el interbloque Cambiemos junto al PRO y el unipersonal del sello de Alex Ziegler.

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