En Posadas una de las avenidas de la ciudad, avenida 147, lleva el nombre de Isaco Abitbol. Cuesta cambiar la costumbre de nombrar por el número, como la 115 que es Areco pero se usa más 115. (En una época se presentó un absurdo proyecto en la legislatura para cambiar el nombre de Abitbol por el de Adelio Suarez porque el otro no era misionero sino correntino. En vez de ponerle Adelio Suarez a otra calle, otra plaza o algún otro homenaje) Antes de bautizar la avenida, olvidada, se había erigido un busto suyo en la intersección de las calles San Luis y avenida Mitre.

Posadas (miércoles, 29 de noviembre) Don Isaco vivió más de 20 años en Posadas. Es decir que también era un poco, o bastante, posadeño. Don Isaco vivió el chamamé, y el chamamé es también una nación.
Abitbol, quien era llamado el patriarca del chamamé, cumpliría 100 años el 29 de noviembre.
El patrón del chamamé, cuento del libro homónimo, fue escrito por José Gabriel Ceballos y publicado en 1998, Premio Único de la Editorial de las Universidades Centroamericanas (EDUCA), en San José, Costa Rica.
Ceballos nació en Alvear (Corrientes) al igual que don Isaco.
La editorial “Simurg”, cuyo catálogo abarca un amplio espectro de la literatura argentina (desde clásicos como Arlt y Girondo hasta figuras de última generación), ya lleva publicados tres libros de Ceballos: “Ivo El Emperador” y “Víspera negra” (novelas, la mencionada en segundo término ganadora del premio español Ciudad de Alcalá) y la antología personal de relatos “Fabulario de Buenavista”. Otra de las novela de Ceballos, premiada en España en 2009, está basada en la figura de Melchora Caburú, quien fue la mujer de Andresito. Mempo Giardinelli, en la revista Puro Cuento dijo que Ceballos: “Recupera voces de la oralidad de su tierra con sentido moderno, con audacia e imaginación, con asombroso rigor y oficio”.
29 de noviembre es una fecha en que todos los años se realizan ofrendas y homenajes en torno al fallecido músico. Este año la conmemoración es especial al cumplirse 100 años de su natalicio. El cuento de Ceballos gira en torno al velatorio pero sobre todo al culto al héroe, y también a la inmortalidad de la música. Y más que nada al sentido de pertenencia. No estaría errado pensar que, más que correntino, posadeño o judío, el patriarca era de gentilicio chamamecero.
Más allá de los premios por esas partes del mundo y de sus amistades en Misiones, el autor del cuento confesó “soy un tipo complicado para viajar. Ando muy poco, no me gusta el turismo literario” y cuenta en una entrevista que en Costa Rica, cuando fue a presentar El Patrón del Chamamé, no conocían de un chamamé más de lo que habían leído en el texto y, tanto les había fascinado, que le pidieron que ni bien volviera les mandara un montón de grabaciones de chamamé, sobre todo de Isaco Abitbol.

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