El subsidio forestal no es un mero paliativo económico sino que tiene, desde la primera ley del 48, el objetivo central de “crear conciencia forestal” sostiene Sebastián Escalada. Con un abordaje que se diferencia de criterios economicistas, el ingeniero graduado en la UNaM, aporta así al debate en torno a la continuidad de la Ley 25.080 y a la definición de prioridades entre apoyar la industria o las plantaciones. También habla de un atraso tecnológico en la Argentina que sólo aprovecha el 40% del árbol talado.

Una mirada más al sector forestal

Por Sebastián Escalada*
Posadas (Jueves, 1° de febrero) Desde los años 48, el Gobierno de Juan Domingo Perón, un visionario en todo sentido, se promulga la Ley 13273 que en su artículo primero declara “de interés público la defensa, mejoramiento y ampliación de los bosques”.
Así se inicia un ciclo de incentivos a la formación de bosques en la Argentina con multipropósitos, solamente desde una mirada, desde una cosmovisión, interpretando una realidad a futuro.
Cuándo decimos con multipropósitos porque hasta entonces el sector forestal cómo sector no
Existía y menos el ideario del significado multipropósito de los bosques, hoy visto cómo una necesidad sin discusión alguna en la razón de equilibrio medio ambiental, ya no en los gritos de los fundamentalistas ecológicos, si no incorporado en el gen de las nuevas generaciones: cuidar el Planeta.
Pensar que un tipo cómo Perón ya lo vislumbraba en los años 40. ¡Qué lejos y cercan están hoy!
Subsidiar el bosque no es sólo crear bosques, crear el capital maderable para que a futuro lleguen las inversiones industriales. Significa algo más profundo que seguramente quiénes piensan cómo economistas no lo verán. Subsidiar el bosque, un esfuerzo del Estado presente, tiene multipropósitos, pero uno es el fundamental: crear “conciencia” forestal, crear personas que entiendan que el bosque es la mejor manera de vivir con todo su potencial (ambiental, económico, social) y que solos lo reproduzcan a infinito a lo largo de su vida.
Entonces la pregunta ¿somos todos forestales?
¿Quienes participan de Asociaciones, Colegios, son forestales o son economistas del momento? A muchos, el bosque (valga el juego de palabras) no les permite ver el Mundo, no tienen la cosmovisión acabada de aquellos pueblos originarios que han vivido siglos de las bondades del bosque.
Las leyes son el aspecto jurídico, son el puntal de disparo del ideario común, después necesitan del hombre que las interprete desde el espíritu del Creador.

El subsidio no es un mero paliativo económico
Hoy nuevamente entra en etapa de discusión si deben o no continuar las leyes de incentivos a los bosques. Si esos fondos anuales no serían mejor volcarlos a la industrialización o ambos.
Volvamos a los años 40, el Estado incentiva la creación de bosques, incentiva conciencia forestal. ¿Lo hemos logrado? ¿Contamos con capital humano forestal u oportunista financiero?
Si el Estado me incentiva a través de un subsidio a la creación de bosques, se entiende que medió el impulso inicial: yo lo debo continuar, esto es, si extraigo mis beneficios económicos vendiendo la madera, parte de ellos los tengo que volver a volcar en replantar, generar nuevamente bosques. Si no lo hago, no sirvió el incentivo, no creó conciencia forestal, fue un simple paliativo económico del momento. El medio falló y ahí es dónde me pregunto si después de tantos años de incentivar el esfuerzo valió la pena o deberemos crear conciencia en otro sentido.

El atraso tecnológico de la Argentina
Es cierto que llegó el bosque y llegaron las inversiones en industrias pequeñas y medianas que son el necesario motor de las economías regionales, éstas que reinvierten sus ganancias en la zona, que dan mano de obra legítima y que desarrollan sustentabilidad articulando ambiente + economía + lo social.
Entonces bosques hay, industria hay, pero de nada sirve el esfuerzo del Estado si esos bosques creados con dineros públicos, se terminan quemando por falta de tecnología de industrialización y mercados nuevos.
Los expertos lo dicen, del 100% del árbol se industrializa, como exagerado, un 40% hasta allí llega la tecnología del momento en Argentina. Y nada más ni nada menos que el 60% de la inversión pública se pudre o se quema. Allí están los próximos desafíos.
El mundo se ha acercado, podemos ver en países desarrollados cómo se utiliza hasta las raíces del árbol para la producción de energía. El ciclo cierra perfectamente. Estos países ya no necesitan de incentivos. Ya generaron conciencia forestal, se puso en marcha el mecanismo, el engranaje perfecto del reloj. Han entendido lo que significa el bosque desde la cosmovisión de Perón en los años 40.
*Ingeniero forestal.

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