El aporte de las palabras ajenas, también abre el juego de dos espacios, dos frentes, dos tiempos: lo que dice la obra, y lo que se dice de la obra. Para quienes suelen hacerlo hay que recomendar no saltearse los prólogos, aunque haya que dar vuelta el libro.

Posadas (abril de 2018). Superficies, de Carlos Miguel Zarza Machuca, y Fugacidad obsesiva, de Fabiana Villalba, son dos libros en uno, o un libro de dos, publicado bajo el nombre de A dos espacios, editado en 2017 por Pax editorial.
Dos espacios, uno poético y otro narrativo, dos géneros, dos miradas. Las fotos de tapa y contratapa, autoría de uno de los escritores, parecen una sola, la superficie del agua o la fuga, el correr imparable del río. La reversibilidad del proyecto es una propuesta original que invita al lector a estudiar la conexión de las obras o su hermandad, como lo hicieran en su momento otros artistas misioneros como Nuni Ferreira y Hugo Quintanilla con Fiesta efímera y La tormenta respectivamente a través de la Editorial universitaria o Szretter padre e hijo, todos libros a dos voces.
Y la conexión va mas allá de que ella escriba un poema llamado Ceguera y él un cuento donde alguien se encuentra con Borges. Aunque no estaría mal si un lector se le ocurre leer intercalando cuento y poema, Pesadilla, por ejemplo, seguido de Ponderación de la noche o Sombras chinescas. Los temas son variados y no siempre se duplican, no toda redacción tiene su eco explicito en la mano vecina. Por eso lo que comparten Fabiana y Carlos a lo mejor no esté situado donde el lector lo busca.
Como sugiere el prólogo de Heraldo Giordano, en los poemas de Villalba se pueden encontrar signos románticos, tonos de denuncia, también proliferan temas personales, descripciones e impresiones de momentos de un día, vivencias y reflexiones de la vida, intimidad de la autora convertida en literatura.
Como pasa con los libros que se prologan bien y no por encargo ni compromisos que desbordan elogios desmedidos o vacíos y florilegios, en estos casos (basta leer las palabras de una eminencia como Novau) ambos prólogos son como “luminarias textuales” que provocan una experiencia nueva de lectura. El aporte de las palabras ajenas, también abre el juego de dos espacios, dos frentes, dos tiempos: lo que dice la obra, y lo que se dice de la obra. Para quienes suelen hacerlo hay que recomendar no saltearse los prólogos, aunque haya que dar vuelta el libro.

S.M.

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