Las negociaciones que coordina Dujovne se enfrenta a la falacia lógica del falso dilema entre deuda y ajuste. El equilibrio fiscal de Misiones es un ejemplo de que existen alternativas desde la política tributaria y la firme decisión de recuperar soberanía con el desendeudamiento.

Posadas (Miércoles, 23 de mayo) “Los ejecutivos de finanzas locales y las calificadoras de riesgo internacional han iniciado un fuego cruzado contra el gobierno nacional”. Es lo que denuncian casi sorprendidos desde el PRO para explicar el origen de la corrida cambiaria a la que el Presidente llamó “turbulencias”.
Es cierto que la “ortodoxia” viene presionando a Mauricio Macri en contra del gradualismo, con frases que pretenden ser ingeniosas como la de “kirchnerismo de buenos modales”. No son casuales las denuncias de Elisa Carrió sobre la existencia de golpistas y la loca ocurrencia de que el refugio en el Fondo Monetario contuvo la desestabilización. No es casual tampoco que Carlos Melconian, después de haber dejado el Gobierno ande de gira artística por la TV diciendo que “boludearon dos años”.
No es casual tampoco que después de la primera reunión que mantuvo Dujovne con el equipo económico los medios hegemónicos informen hoy sobre la inquietud de “los” ejecutivos de finanzas y al mismo tiempo difundan “estudios” de las calificadoras de riesgo.
Hay una presión sobre el gasto público instalando el falso dilema entre deuda y ajuste. Vemos a destacados profesionales caer en la eterna simplificación de analizar la economía nacional como si fuera lo mismo que administrar los ingresos en una casa de familia.

Las Calificadoras no son neutrales

Si algo se aprendió en estos años, desde el golpe financiero contra Raúl Alfonsín, es que no deben importar ni los elogios ni las críticas de las calificadoras de riesgo. Su naturaleza de operadoras de los bancos quedó al desnudo con la quiebra de Lehman Brothers en 2008 y aquí con la implosión de la convertibilidad en 2001. Las calificadoras fueron cómplices de la estafa. Son empresas que increíblemente siguen operando en el mercado pese a protagonizar esos recordados errores que no fueron errores sino manipulaciones. Si siguen operando es porque son funcionales al mantenimiento de la hegemonía de la globalización financiera. Ya nadie toma en serio sus estudios. Como dice Alfredo Zaiat, si no fuera porque su institucionalidad es preservada por el poder económico, sus reportes y notas a bonos de deuda de empresas y de países serían el hazmerreír por falta de rigurosidad técnica y disparates analíticos.
Hay que recordar que en el G-20, allá por el 2010, líderes políticos estuvieron a punto de eliminarlas del escenario de la estructura financiera internacional. Entonces, el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, afirmó que para muchos puede ser “reconfortante pretender que la crisis financiera fue causada solamente por errores honestos. Pero no fue así. Fue, en gran parte, el resultado de un sistema corrupto. Y las calificadoras de riesgo fueron una gran parte de esa corrupción”.
Bueno, esas calificadoras llegan a calificar, sin temor al ridículo, que el gobierno de Macri es neo-populista y ayer se sumaron “los” ejecutivos de finanzas para advertir que el Presidente en realidad no está dispuesto a realizar el “ajuste”. Ponemos entre comillas “los” porque denota la construcción periodística de una totalidad categorial. Sabemos que no son todos los ejecutivos de finanzas, sino que son pocos, aunque son los que manejan grandes carteras.

La Corte y las calificadoras

Es oportuno recordar que en un fallo de 2014, La Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó un pronunciamiento de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial y, de ese modo, mantuvo la multa impuesta por la Comisión Nacional de Valores (CNV) a la sucursal argentina de la sociedad calificadora Standard & Poor’s -en forma solidaria con sus directores y miembros del consejo de calificación- por haber realizado una calificación de títulos del Citibank NA Sucursal Argentina y del Bank Boston NA Sucursal Argentina, como de mejor calidad y más bajo riesgo, sin dar cumplimiento a los procedimientos previstos en su propio manual registrado ante la CNV.

Un engranaje del poder financiero

El endeudamiento externo provocado por el gobierno de Macri en estos dos años y medio tuvo la complicidad de las “calificadoras”, las mismas que hoy denuncian la vulnerabilidad de la economía argentina por su dependencia del financiamiento externo. La meten primero en el problema y después la asfixian. Evidentemente, los informes de las agencias calificadoras de riesgo constituyen un engranaje ineludible en el sistema financiero global.
Hoy se escandalizan por la vulnerabilidad de la economía argentina, pero no cuestionan la orientación de la política económica sino que hablan de una falta de sintonía con el déficit fiscal y exigen “una profundización del ajuste a través de seguir con el recorte de subsidios, la reducción del empleo público, del gasto previsional, las obras públicas y ya se atreven a proponer la privatización de empresas públicas”. Pero hay que reconocer que a pesar de su evidente complicidad con las crisis las reglas de juego vigentes no ofrecen alternativas: los países, empresas, provincias o municipios atrapados por deudas, deben necesariamente legitimar sus iniciativas a través de las notas que otorgan firmas como Estándar & Poor, Moody’s y Fitch”. Y allí están hoy presionando al gobierno argentino y también a los funcionarios del FMI.

La falacia lógica del falso dilema

Empoderaron a Nicolás Dujovne que es un convencido de las teorías ortodoxas. Se abre así la mesa del “ajuste” desde la falacia lógica del falso dilema entre endeudamiento y gasto público. No son las únicas posibles ya que existen alternativas que son planteadas por un amplio universo de gobernadores, representantes en el Congreso, empresarios y sindicatos.
Es cierto que Dujovne tiene sobre sus espaldas las latentes amenazas del “mercado” esa entelequia de intereses del Capital, que desde esas calificadoras y los medios hegemónicos vienen señalando que hay otro “supermartes” el 19 de junio cuando nuevamente venzan las Lebacs. La amenaza es otra corrida. Más turbulencias, en el lenguaje del Presidente.
Atrapado en la falacia lógica del falso dilema no habrá salida para el Gobierno, ni para los argentinos. No se trata de superar corridas devaluacionistas, se trata de corregir las causas de la crisis que, siguen presentes porque la inflación argentina no es un fenómeno puramente fiscal y monetario, sino que responde en el fondo a insuficiencias estructurales de la oferta de bienes y servicios de la economía en su conjunto, retroalimentada, por supuesto, por el déficit fiscal y la emisión monetaria. Por lo tanto, la política antiinflacionaria no debe limitarse a combatir el déficit, pisar el cambio y subir el interés. Y esto, Rogelio Frigerio lo debe tener bien estudiado ya que es el marco conceptual del desarrollismo elaborado por su abuelo, Rogelio Frigerio.
Máximo Merchensky, nieto de Marcos, también uno de los hombres de la generación que con Arturo Frondizi intentaron romper con esa falacia lógica que genera una Argentina cíclica aparentemente sin salida, sostiene que es necesario “generar un marco normativo que incentive y oriente la radicación de inversiones en hacia nuevos sectores productivos. Es imprescindible fijar una política de desarrollo orientada al aspecto más “estructural”, a promover “la acumulación y la inversión” en el sector privado, estrictamente a elevar la tasa de capitalización y la productividad globales de la economía.
Merchensky que es funcionario del gobierno del PRO de la CABA, en una nota que titula ¿Qué diría Rogelio Frigerio de la actual crisis cambiaria”, arriesga a decir que “nos hubiera dicho: cada peso que se aplica a interés deja de presionar, es cierto, al alza general de precios, pero también se sustrae a la inversión productiva, que es el único remedio genuino para la inflación argentina. Por eso, al bajar el cambio y subir la tasa se decide algo así como usar aspirinas para bajar la fiebre, al tiempo que se descarta llamar al médico para encarar la enfermedad que está a la base”.
Interpreta que “el origen de la corrida no es, como dijeron algunos analistas, que se hayan relajado en diciembre de 2017 las metas de inflación en las que ya nadie creía, ni que se haya bajado la tasa de interés en un insignificante medio punto. Hay que mirar mucho más atrás, al momento de la salida del cepo, cuando el gobierno cayó en la trampa de la ortodoxia monetarista, promovida por el Banco Central (no deja de ser significativo que los economistas menos ortodoxos, Prat Gay y Melconian, hayan abandonado el gobierno), cuando se estableció la política de altas tasas y cambio retrasado. La inflación, en la medida en que no bajó al ritmo esperado, retroalimentó el problema. Y curiosamente el economista ortodoxo, como el drogadicto que cada vez necesita más sustancia, pretende tasas cada vez más altas”.
Sostiene también Merchensky, que es subsecretario de Comunicación Social en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que “lo que hace falta es una revolución de la inversión, que sólo puede ocurrir de la mano de una política económica definidamente orientada a ese fin. Tal vez haga falta mucha más imaginación y pragmatismo (y heterodoxia) para diseñarla y ninguna idea debiera ser descartada en ese sentido. Desgravaciones masivas para la inversión de riesgo, tipo de cambio diferenciado para la importación de bienes de capital, apoyo e incluso subsidios al blanqueo laboral, reducción de impuestos al trabajo, modernización de la regulación laboral (y de su enfoque judicial), blanqueo masivo de la actividad económica pequeña y micro informal, a niveles impositivos mínimos”.

Desendeudarse en ganar soberanía

En este contexto, ayer al inaugurar obras en Colonia Victoria, el Gobernador destacó a Canal 4 de Eldorado que “estas obras son productos de muchos años del buen manejo de los fondos públicos, de no tomar deudas, de no endeudarnos porque cuando se tomas deuda es plata hoy y hambre mañana y después es muy difícil pagarla porque no se puede pagarla cuando uno quiere porque la toman de la coparticipación directamente”.
Y no eludió un abordaje crítico a las políticas de endeudamiento al subrayar que “a veces se pasa generaciones pagando deuda como la que tomó la Provincia en la década de los 90 que vamos a terminar de pagar en 2025 y, de esta forma se hipotecó la Provincia y el futuro de la gente”.
En el mensaje del 1° de mayo, Hugo Passalacqua había formulado precisiones al respecto. Destacó que “pese a las dificultades financieras hemos sostenido lo más posible el ritmo de la obra pública. Con poco estamos haciendo lo más que podemos, repito. Así también existen nuevas reglas de responsabilidad fiscal: las provincias han acordado con la Nación la puesta en marcha de un nuevo Régimen de Responsabilidad Fiscal en la búsqueda de criterios de administraciones ordenadas, evitar niveles de sobreendeudamiento, mantener niveles adecuados de empleo público, virtudes que la provincia de Misiones sostiene desde hace 15 años que nos permiten cumplir acabadamente con estas reglas de una administración sana y austera”.
Fue cuando deslizó una crítica implícita a la falacia lógica entre deuda y gasto público. Aclaró que la buena calificación de Moodys “no modifica la postura del Gobierno Provincial de no asumir endeudamientos que comprometan las finanzas provinciales”.
Sus palabras además hablan de otra lógica. El equilibrio fiscal no necesariamente se logra bajando gastos sino encuadrarlos en los ingresos. Por eso en varias oportunidades hubo de salir en defensa de la política tributaria.
Nadie está en contra del ajuste de las cuentas públicas o a favor de un desajuste. Pero ajuste no necesariamente es eliminar servicios ineludibles del Estado.

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