El espíritu de celebración que se vivió en Alem el 25 de Mayo, está asociado al sentimiento de Patria que a diferencia de los conceptos de Estado y de nación, constituye un vínculo social. Asociado al concepto de “sujeto histórico”, con el que Passalacqua se refirió a las familias misioneras, la figura de “misionerismo” trasciende su anclaje identitario en un mundo de incertidumbres y estructura una manera de interacción social y se constituye en referencia política para encontrar respuestas a los desafíos comunes.

Posadas (Miércoles, 30 de mayo) El clima de auténtica fiesta cívica que vivió la comunidad de Leandro N. Alem el 25 de Mayo, donde se realizó el acto central de la Provincia en conmemoración de la constitución del primer gobierno patrio, constituye un hecho objetivo que revela la profunda raigambre del sentimiento de Patria en la sociedad misionera.
Merece rescatarse y mirarlo con lupa. Ese sentimiento que se vivió en la calle, quedó en el tintero en los análisis quizá, por ser de sustancia intangible, quizá por las hondas repercusiones que tuvieron las palabras del gobernador Hugo Passalacqua y el acompañamiento de Juan Manuel Urtubey en el acto.

Los mensajes políticos

No se puede negar la centralidad de la foto y menos aún las precisiones ideológicas de los discursos. Por algo a los pocos minutos, el recibimiento que Passalacqua le hizo a Urtubey repercutía en el orden nacional con la velocidad con que circula hoy la información.
La determinación del discurso de Passalacqua al enfatizar “a los salteños y a los misioneros no nos manda nadie de afuera”, recordando y rescatando la significación y el paralelismo de las luchas de los próceres Güemes y Andresito, puso en su real sentido el respaldo institucional que horas antes había dado al presidente Macri en defensa de sus facultades de definir las políticas tarifarias y de acudir al Fondo Monetario para frenar la corrida cambiaria generada al interior del bloque dominante entre devaluacionistas y dolarizadores.
Por eso el mensaje de Passalacqua fue seguido con atención por la prensa y en Buenos Aires. El título de la nota difundida por la Secretaría de Prensa es contundente: “A Misiones no lo manda nadie, sino el pueblo de Misiones. Ustedes son la comandancia de esta provincia”. Y agrega el comunicado que dirigiéndose a la gente Passalacqua dijo: “solamente juntos salimos de la situación. Lo dijo Juan Manuel: no importan los colores políticos, sino unirse en el futuro para que sea feliz la gente”.
Se puso también énfasis, en las columnas de El Territorio y Primera Edición, en la concepción doctrinaria de Passalacqua al subrayar que “el pasado es vital en el presente de un pueblo y sabemos que el futuro va a ser el punto de encuentro de los argentinos”.

La Patria y el vínculo de misioneros

En esa línea, remarcó la voluntad de soberanía de los próceres de la Nación, y trazó un parangón con el ansia que alberga el ser misionero. “Castelli dijo una frase célebre, “el poder está en la gente” y solamente juntos podremos salir adelante.
En asociación con esos conceptos, agrega la crónica que “una multitud acompañó la ceremonia que comenzó apenas pasadas las cuatro de la tarde. Guirnaldas de color celeste y blanco, guardapolvos impecables con la escarapela en el pecho, atuendos de dama antigua, y pastelitos de hojaldre en algunos puestos de venta; daban el marco a una fiesta cuyo espíritu de celebración se sentía en el aire. La gente le puso el marco. Familias enteras desde ambos lados de la calzada de la avenida Belgrano de Leandro N. Alem, o desde los balcones, acompañaron con aplausos cada momento de la popular cita”.
Este espíritu popular de celebración remite forzosamente a los festejos multitudinarios del bicentenario cuando abusando de las metáforas, quedó en evidencia que, la “patria sublevada” ya no está en el subsuelo sino que vive las fiestas como la del 25 en función de un sentimiento de pertenencia. No hace falta recurrir a la teoría para, precisamente sentir que “la Patria es un sentimiento”, y que es un concepto bien diferenciado del concepto de Estado y hasta el de nación, por la categórica razón de que no hay Patria sin el ejercicio de la soberanía nacional. Es el criterio que subyace en las palabras del Gobernador al insistir en la prédica de Castelli, uno de sus próceres favoritos al punto de que en su despacho cuelga una foto del Orador de la Revolución: “el poder está en la gente”, que no casualmente está en la base de la constitución del movimiento renovador en Misiones. Y no casualmente ha generado el “estar cerca de la gente” como marco de referencia operativa para la gestión de gobierno.
Hay un puente que conecta esa convicción, digamos doctrinaria, con la práctica y la gestión de la Renovación en el gobierno. Un puente que el Gobernador explicitó en el informe de las acciones de gobierno ante los Representantes, consideró a la familia misionera como “sujeto histórico”.
El sentimiento de Patria constituye, en este marco, un vínculo social, un vínculo entre los argentinos, un vínculo que se sólo puede percibirse en la Patria Chica.

De la queja paralizante al vínculo estructurante

El espíritu de celebración que se vivió en Alem contrasta también con la actitud de queja que se vehiculiza en el discurso que descalifica y denigra. Sin negar la existencia de los problemas sociales, la pérdida de empleos y la caída del ingreso de los hogares, la vivencia de malestar no conduce necesariamente a una situación de queja. En la queja se encuentran señales de impotencia, desesperanza y resignación. Citando a Ana Quiroga, “el discurso de la queja lleva la marca de la repetición porque se sostiene en la intensa y a la vez enmascarada ira de la melancolía, ante el registro de lo que se vive como abandono, como insignificancia para el otro, como angustia de inexistencia”. Y agrega “por su impotencia y escepticismo, que suponemos encierra su carácter resistencial, no se incluiría en una estrategia de cambio, a la vez que suele expresar una descalificación consciente o inconsciente, de sí y de los otros. Creemos que esa descalificación que circula en el diálogo, que aparece como situación instalada, y no como hecho aislado, es la que quita receptividad al reclamo, en tanto en él habría un sub-texto: “hagas lo que hagas, no será suficiente” o, “sé que no seré, no seremos escuchados”.
Al hablar del “sujeto histórico”, Passalacqua se está refiriendo a un sujeto situado en el sentido de que está inmerso en lo cotidiano. Se rescata así la noción de vínculo que da cuenta que las relaciones interpersonales son un elemento de gran importancia en nuestro desarrollo como sujetos. El “misionerismo” como marco de referencia es una forma que establece una estructura relacional, precisamente entre los misioneros.
El “misionerismo” se entiende desde este abordaje, no sólo como un anclaje identitario en un mundo pos-moderno lleno de incertidumbres, sino también la intensión de estructurar una manera de interacción, estableciendo qué pautas comunicativas y que conductas son aceptables y adaptativas en el contexto de la vinculación.
Si se acepta que es en el vínculo dónde emerge la necesidad, el misionerismo se constituye en la referencia política para encontrar respuestas en búsqueda de la satisfacción.

El proyecto como referencia y planificación de la esperanza

El misionerismo se constituye entonces como una vivencia particular que emerge como respuesta a la crisis social del 2001. Una ruptura con el viejo orden, la vieja lógica, digamos porteña de abordar la realidad, es algo nuevo que se va conformando en la práctica y que a pesar de los años trascurrido, todavía es incipiente como sostén de las subjetividades pero se perfila nítidamente como nueva estructuración en el proyecto de autonomía. Desde el proyecto, el sujeto histórico de Passalacqua tiene un desafío de lo posible, tiene una capacidad anticipatoria, no tiene delante la desintegración, el vacío o el caos. El misionerismo es así, la planificación de la esperanza que es la forma de superar la parálisis. De ninguna manera pasa por la negación maníaca de los problemas, sino por la preservación de la capacidad de pensar, de crear y de construir.

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