Frente al dilemático debate en el Senado por una ley destinada a no ser, los renovadores Closs y Solari optaron por preservar el espacio de diálogo construido por Passalacqua con la Casa Rosada. Sabemos en la Argentina que cuanto peor…peor. Del caos se nutren los autoritarismos. Frente una crisis particular porque lo viejo no termina de morir pero lo nuevo no es que tarda en nacer, sino que no se sabe lo que es, ¿Qué hacer? ¿Qué nos conviene como Provincia? La Renovación se sitúa fuera de la grieta y potencia la necesidad de diálogo en la defensa de los derechos de los misioneros aunque haya críticas de derecha e izquierda.

Buenos Aires (Jueves, 31 de mayo) Ni costo político, ni rédito político. Todos perdieron. Si algo quedó como saldo del debate en el Senado de la Nación por la ley “antitarifazos” es el divorcio que existe entre la dirigencia política con las reales urgencias de la sociedad. Ver, escuchar y recordar las exposiciones remite a la metáfora de bailar en el Titanic, que es contundente a pesar de que se utiliza con frecuencia.
Es cierto que la ley que tenía media sanción se elaboró con el argumento de retrotraer el valor de las tarifas de los servicios públicos a noviembre pasado y determinar una ecuación ligada a la evolución del salario para futuros incrementos. Y es cierto que la evolución del precio de las tarifas de los servicios esenciales las ha vuelto impagables, tanto para los hogares como para las empresas. Pero la redacción de la ley y el momento no pueden ocultar su esencia demagógica y oportunista.
El escenario: la caída de la popularidad del Presidente y la desilusión de la clase media que lo votó, sumado a la pulseada, salvaje, al interior de la clase dominante, que trasladó al mercado cambiario las tensiones entre exportadores y dolarizadores.
Ajenos a la magnitud de la decisión de Mauricio Macri de apelar al FMI para disciplinar a los especuladores, las oposiciones aprovecharon la ocasión para intentar retomar la iniciativa política, diríamos electoral, con la misma liviandad con que la Casa Rosada minimiza la pérdida de 10 mil millones de pesos con los que ganó tiempo para frenar la corrida.
El debate en el Senado fue rico, muy rico en chicanas que se cruzan mutuamente. ¿Hacía falta una lista tan extensa de oradores para reprocharse el pasado con el presente y el presente sin futuro? Los discursos que descalifican o denigran hablan más de la frustración y los límites del que los enuncian.
Se puede rescatar, sin embargo, la observación de Pino Solanas cuando admitió que ni la ley que estaba por votar ni el gobierno nacional encuadran el debate en un proyecto energético y menos aún en un proyecto de país.
Sin proyecto los discursos e incluso las marchas y huelgas no pueden ser operativas. Quedarse en la queja y la denuncia responde a una conducta estereotipada, una manera congelada de tramitar el malestar social. Caen entonces en la impotencia y no encuentran otro camino para resolver esa situación que insistir en lo que falta, lo que no se dio, lo que no está ni estará, sin esperanza de reparación.

Qué nos conviene como Provincia

Es en este contexto en el que se debe considerar la actitud asumida por los senadores renovadores, Maurice Closs y Maggie Solari de no sumarse al debate dilemático, inconducente y sin resolución dialéctica. Closs ya había adelantado su decisión de respaldar la construcción del diálogo establecido por el gobernador Hugo Passalacqua con la Casa Rosada.
El disparate de la alternativa de bajar el IVA era tan demagógico como la ley sancionada y vetada de sobrepique. Misiones perdía más de 600 millones con la caída de la recaudación. Sólo un demagogo de clase medias puede respaldar la opción.
Parado frente a este cuadro de situación que tiene formato en los pronunciamientos populares de 2015 y 2017 tanto en la nación como en la provincia, el disparador metodológico para la acción debe pasar por la pregunta ¿qué nos conviene como provincia?
Es ya conocido y vivenciado que las explosiones o implosiones de los modelos económicos las terminan pagando las mayorías. No sólo en la Argentina. Ahí tenemos el Lehmann Brothers que cargó sus errores sobre las espaldas de los tomadores de créditos y sus propios ahorristas.
Sabemos en la Argentina que cuanto peor… peor. Los intentos de “agudizar las contradicciones” para acelerar la resolución de las crisis terminaron retrocediendo. Del caos se nutren los autoritarismos. Pero hay una crisis, con el agravante de que lo viejo no termina de morir pero lo nuevo no es que tarda en nacer, no se sabe lo que es.
Entonces. ¿Qué hacer? ¿Qué nos conviene como Provincia?
Evidentemente preservar el funcionamiento de las instituciones y profundizar en las oportunidades de época. Como nunca, el poder político en la Argentina se encuentra en condiciones de potenciar el diálogo y los consensos en la toma de decisiones. Y como provincia, la defensa de los derechos de los misioneros no está en las lanzas de las montoneras, sino en la capacidad de hacer valer la representación popular en las instituciones republicanas.
Gobernar es dar respuestas.

 

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