La voz de la Iglesia y la prédica del Papa Francisco se levantan claramente en contra de los disvalores del neoliberalismo que endiosa al Dinero. “No es en contra de un gobierno” aclara el abogado, Hugo Escalada, recibido en la Universidad de El Salvador, donde fue discípulo de Ismael Quiles. A través de las lecturas de las encíclicas desde 1891, repasa el compromiso de la Iglesia con los problemas de época, siempre poniendo a la persona y los valores comunitarios en el centro de atención. Refuta así las interpretaciones que “partidizan” los mensajes papales para silenciarlos y distorsionar su sentido

Por Hugo B. Escalada *

Posadas (Martes, 3 de julio) La Iglesia católica argentina le pidió este domingo al presidente Mauricio Macri que las políticas de ajuste que anunció “no se practiquen sobre los pobres” y advirtió sobre la “exclusión y marginalidad creciente de millones de argentinos” a raíz de la crisis económica.

La Voz de la Iglesia, guiada por el Papa Francisco, que se hace escuchar en todo el mundo, aun en los ámbitos académicos de los centros de producción de ideología como Paris, debería al menos ser escuchada. Sin embargo en nuestro país ni el Papa se salva de las operaciones mediáticas para silenciarlo y distorsionar su mensaje. Por eso, desde la política, vale la pena intentar encuadrar la significación de la prédica papal, de los obispos y los curas, fundamentalmente los que ejercen su sacerdocio en los barrios más humildes a lo largo y ancho del país

Los valores y lazos sociales

Más allá de las creencias religiosas y del secularismo movido por el avance de la ciencia aplicada, la sociedad, al menos la occidental, sustenta las relaciones entre los individuos en valores que se quiera o no fueron establecidos en las Tablas de Moisés y en los 10 Mandamientos.  En la preservación de esos valores las iglesias, los judíos, los evangelistas y la Iglesia Católica tienen un rol todavía delegado por la gente. Y es en la preservación de los valores comunitarios que el Papa, los obispos y los curas se pronuncian en contra del neoliberalismo con la misma firmeza que se combatió al comunismo.

No es nuevo su compromiso con la realidad de cada momento. Siempre levantó la voz en defensa de un humanismo cristiano. Para no ir tan lejos, se podría establecer un hito en la encíclica Rerum Novarum de 1891, de León XIII.  ¿Qué son las encíclicas? Son los pronunciamientos oficiales del Papa sobre temas sociales, no sólo dirigidos a los obispos y creyentes sino a toda la humanidad, lo sustancial es que la Voz del Papa en esas cartas va marcando los problemas de época.

La Historia a través de las encíclicas 

En la encíclica Rerum Novarum que significa de las cosas nuevas, el papa Leon XIII dejaba patente su apoyo al derecho laboral de sindicatos. Eran los años de la llamada segunda revolución industrial porque el proceso de industrialización cambió su naturaleza y las novedades técnicas ocuparon una posición central. Los avances científicos se aplicaron en la difusión de nuevas fuentes de energía. ¿Se imaginan el cambio que significó  la utilización de la electricidad, como el gas, el petróleo y los nuevos sistemas de transporte y comunicación como el teléfono?

La Argentina pudo ser el granero del mundo gracias a los buques frigoríficos que atravesaban el océano.  Esas transformaciones en cadena afectaron por supuesto al factor trabajo. Y allí aparece la Voz del Papa en defensa del derecho de los trabajadores a asociarse para fortalecer sus reclamos.  Entonces no había reglamentaciones laborales que establecieran límites en las jornadas de trabajo, y lejos estaban de reconocer vacaciones o seguros.

Rerum Novarum entonces, se levanta en contra de la deshumanización de la denominada primera globalización, previendo ya la tendencia revolucionaria pro comunista, reafirmaba su apoyo al derecho de la propiedad privada. Pero insisto, desnaturalizaba las relaciones entre las empresas y los trabajadores otorgando ya un rol de regulador a los gobiernos, proponiendo una organización socioeconómica que más tarde se llamaría Estado de Bienestar.

Otra encíclica clave en la historia de los últimos cien años, es la Quadragesimo Anno, escrita por el Papa Pío XI, promulgada en 1931 a cuarenta años de Rerum Novarum. Resume los frutos que dio el hecho de que los gobernantes que hubieron de reconstruir el mundo después de la Primera Guerra Mundial se rigieran en cierta medida por los principios enunciados por la Rerum Novarum, la mejora de la situación de los obreros y el reconocimiento a los sindicatos.

Pero Pío XI aclara que la defensa de la propiedad privada que hizo León XIII no era una defensa a costa de la comunidad o de la sociedad. Nuevamente levanta la Voz en contra del materialismo individualista del liberalismo y colectivista del comunismo. En esa, digamos tercera vía, el Papa defiende el  salario como organizador de las familias y de la sociedad. Introduce la figura de “contratos de sociedad” y aunque no lo confiese toma del marxismo la categoría de “plusvalía”, al definir que el sueldo no sólo debe ser el precio que se pague por su trabajo sino que debe ser lo necesario para afrontar el sustento de su familia.

En 1961, el Papa Juan XXIII promulgó la encíclica Pacem in Terris.  Era el contexto de la guerra fría. El mundo dividido bajo la influencia de Estados Unidos y la Unión Soviética. Dos potencias económicas y también nucleares. Advierte el Papa que la paz era en realidad una coexistencia pacífica como diría Borges por el espanto. En el escenario internacional los pueblos oprimidos de los dos lados de la cortina de hierro reaccionan organizándose en una Tercera Posición, nace el movimiento de los No Alineados. Juan XXIII se hace eco y advierte que la cuestión social tiene una dimensión mundial y que así como se puede hablar de personas pobres, también se ha de hablar de naciones pobres.

Toma de los economistas del tercer mundo la teoría del deterioro de los términos de intercambio. Sostiene que la falta de equidad entre los países desarrollados y los de menor grado de desarrollo económico-social, el problema de  fondo es reducir el desequilibrio entre el sector agrícola, y el sector de la industria y los servicios. Y vuelve a defender la regulación del Estado para que las desigualdades entre zonas económicamente más desarrolladas y menos desarrolladas sean eliminadas o disminuidas. Lejos de cualquier interpretación economicista Juan XXIII sostiene que una economía justa no sólo depende de la abundancia y distribución de bienes y servicios sino que incluye el papel de la persona humana como sujeto y objeto del bienestar. Dice: “En toda convivencia humana bien ordenada y provechosa hay que establecer como fundamento el principio de que todo hombre es persona, esto es, naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedrío, y que, por tanto, el hombre tiene por sí mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su propia naturaleza. Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto”.​

Ya en 1961 el Papa demandaba la reivindicación del papel de la mujer en la sociedad y a respetar los derechos de los exiliados y las minorías étnicas. En el plano internacional, invita a las naciones a frenar la carrera armamentista y a prohibir las armas nucleares y puntualiza la responsabilidad de la Organización de las Naciones Unidas en la promoción de la buena relación entre los pueblos y la consecución de la paz, así como también la importancia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.​

Pablo VI en 1967 promulga Populorum Progressio: El desarrollo de los pueblos.  Retoma implícitamente la teoría económica de los deterioros de los términos de intercambio y dedica la encíclica a la cooperación entre los pueblos y al problema de los países en vías de desarrollo. El Papa denuncia que el desequilibrio entre países ricos y pobres se va agravando, critica al neocolonialismo y afirma el derecho de todos los pueblos al bienestar. Además presenta una crítica al capitalismo y al colectivismo marxista. Finalmente propone la creación de un fondo mundial para ayudar a los países en vías de desarrollo. En esta exhortación hay un capítulo que tiene como título un concepto todavía vigente: El desarrollo es el nuevo nombre de la paz.

La guerra es contra el neoliberalismo

Con estos antecedentes podemos entender mejor los pronunciamientos del Papa Francisco, de los obispos y los curas en la Argentina, y encuadrarlos en la historia de la Iglesia. No es una guerra contra un gobierno sino contra el neoliberalismo y sus disvalores, y quedò declarada en las palabras del Papa Francisco en su reciente visita a Bolivia:

“Los movimientos populares tienen tres desafíos por delante -destacó el Papa Francisco en su reciente visita a Bolivia- poner la economía al servicio de los pueblos, unirlos en el camino de la Paz y la Justicia y defender a la Madre Tierra, al tiempo que agregó que el futuro de la humanidad está en manos de los movimientos populares. Queremos un cambio real, un cambio de estructuras, este sistema que busca las ganancias a cualquier costo y que llamo ‘el estiércol del Diablo’, ya no se aguanta, no lo aguanta ni los trabajadores ni los campesinos ni la hermana Madre Tierra y añadió me alegra tanto que la Iglesia se sienta cercana a los movimientos populares”.

No esperábamos nada menos del primer Papa Jesuita y el primero del hemisferio sur.

 

(*) Abogado egresado de la Universidad del Salvador

Anuncios