La tapa de Primera Edición del domingo pasado constituye un mazazo para el modus operandi de los diputados de la UCR en los últimos años. La foto que ilustra esta nota es elocuente. Un recorte periodístico es exhibido como prueba, se piden informes sin interés en la verdad pero con la pretensión de condenar de antemano. El mecanismo entra en crisis, es que el sujeto de del título catástrofe del domingo termina por desarmar la estrategia discursiva de instalar un clima de crispación en la provincia.

Posadas (miércoles, 26 de septiembre) La tapa de Primera Edición del domingo pasado constituye un mazazo para el modus operandi de los diputados de la UCR en los últimos años.
Más allá del contenido de la denuncia, es decir su significado, el título catástrofe deconstruye su significante. Sin entrar en las profundidades de un análisis del discurso y de la categoría de significante vacío de la que habla Laclau, ni en las pretensiones de abordajes académicos, lo que observamos desde la práctica política en la provincia, es que el sujeto de la denuncia termina por desarmar la única estrategia discursiva de los diputados de la UCR en los últimos doce años.
¿A qué nos referimos? La foto que ilustra esta nota es elocuente. Sin propuestas de construcción alguna ni de transformación social, los diputados de ucerreístas desde 2007 fueron ganados por la cultura de la crispación como método de disputa por el poder. Ante la fortaleza de los lazos que tiene la Renovación con el pueblo misionero, la estrategia de la UCR se deslizó a territorios más propios de la anti-política sin tomar en cuenta que ellos mismos son arrastrados en el desprestigio.
La pretensión de trasferir a la provincia lo que se conoce como la grieta los llevó a privilegiar en su práctica legislativa los pedidos de informes. La mecánica no es nueva y ya había sido denunciada por Felipe González en España cuando periodistas, diputados y jueces se asociaron para vulnerar su imagen y al socialismo bastante aggiornado a los tiempos del Consenso de Washington, pero sin dejar de construir las bases, todavía hoy intactas, de un Estado de Bienestar. Esa asociación fue bautizada como “el sindicato del crimen”. El mecanismo: un diario de provincia hacía una denuncia, la tomaba un diario de la capital, el diputado pedía informes, el diario corroboraba la denuncia y un diputado la llevaba a la Justicia. Después todo quedaba en la nada. Pero el daño político estaba hecho y el clima de crispación iba en aumento.
Pues bien, la foto de del diputado González mostrando Primera Edición como prueba para pedir informes que ya llevan implícita la condena en el discurso, fue la réplica del método del sindicato del crimen. No tuvieron éxito. Pasaron años denunciado al Parque de la Salud por ejemplo. El choque con la realidad y la adhesión que genera el servicio de salud en la gente, no los hace mella. Siguen. Primera Edición denunciaba a Balero Torres y llovían los pedidos de informe. Pity Ferreira era denunciado por Primera Edición y vociferaban por la luz más cara del país. Hasta Aranguren les mostró que es una de las más bajas pero siguen. Piden informes sobre la paralización de una obra y se encuentran con que la licitación la había ganado una empresa de Macri. Pero siguen. Y muestran el diario y piden informes.
Pues el domingo, la tapa con ese título catástrofe anuncia el fin de una época. Sólo con un gran desparpajo podrían hoy Mela y González apelar a un recorte periodístico para pedir informes. La denuncia contra Schiavoni puede operar como una vacuna contra la liviandad del denunciativismo como práctica.

El Papa Francisco, Caparrós y el honestismo

No es la primera vez que el mecanismo denunciativo de la UCR choca con la realidad. Recordamos la confrontación de Bordón, un abanderado del moralismo de la viga en el ojo propio con Losada en la comisión de constitucionales.
En una nota publicada en septiembre del año pasado, informábamos que con una trayectoria enriquecida al lado de su padre en el Senado y en el Comité Nacional, Losada apuntaba contra la demagogia de los políticos que se someten al poder de los medios y van contribuyendo a deteriorar la credibilidad de los políticos y de la Política, así con mayúsculas, como herramienta de transformación de una realidad adversa para muchos argentinos y misioneros.
Decíamos entonces que “no es casual, sino fenómeno de época que la reacción de Losada por la liviandad de corto plazo de González, Bordón y Molina, esté en sintonía con las expresiones vertidas hoy por periodistas del todo el país que no trabajan en los medios concentrados. En un comunicado que se difunde en este sitio, mujeres y hombres de prensa denuncian la existencia de un “entente de las agencias internacionales de publicidad, los agentes de inteligencia de las potencias predadoras y colonialistas, los medios de comunicación oligopólicos “plantados” en las familias mafiosas de toda Latinoamérica con el fin de someter la opinión pública y alinearla contra los sectores nacionales y populares y a favor de los intereses de las elites económicas cipayas y la elite gobernante”.
“La observación de Losada tiene también vasos comunicantes con declaraciones recientes del Papa Francisco que alertó sobre el daño de la corrupción en las sociedades, pero incluyó a todos. “Hay corruptos en la política, corruptos en los negocios y corruptos eclesiásticos”, dijo y no hace falta precisar que entre los hombres de negocio están los empresarios que manejan los medios de comunicación masiva.
Remiten también los conceptos de Losada a formulaciones hechas por Martín Caparrós, cuando habla del “honestismo”. Advierte el escritor, que no es kirchnerista, que el debate político por las cuestiones de fondo quedan oscurecidas por las denuncias de corrupción. En su blog Pamplinas ya hace unos años, en 2013, volvió a defender el concepto que hubo de ser trabajado en una nota publicada en el desaparecido diario Crítica. “ No hay nada más tranquilizador para un argentino que comprobar que sus enemigos políticos roban. Es, una vez más, el poder de lo que no admite debate. Lo mismo sucedió con el menemismo: un gobierno estaba dando vuelta la estructura social y económica del país y nos preocupaban sus robos, su corrupción, sus errores y excesos. Fue lo que entonces llamé el honestismo”…Hablando de los 90, agrega: “La furia honestista tuvo su cumbre en las elecciones de 1999, cuando elevó al gobierno a aquel monstruo contranatura, pero nunca dejó de ser un elemento central de nuestra política. Muchas campañas políticas se basan en el honestismo, muchos políticos aprovechan su arraigo popular para centrar sus discursos en la denuncia de la corrupción y dejar de lado definiciones políticas, sociales, económicas. El honestismo es la tristeza más insistente de la democracia argentina: la idea de que cualquier análisis debe basarse en la pregunta criminal: quiénes roban, quiénes no roban. Como si no pudiéramos pensar más allá.”
O sea: es terrible que los políticos elegidos para manejar el estado le roben, nos roben. Estamos todos de acuerdo en eso. Ése es, precisamente, el poder del discurso contra la corrupción: es muy difícil no estar de acuerdo. Es, sin ningún ánimo de desmerecer, un lugar común: un lugar donde todos podemos encontrarnos. Nadie defiende la corrupción, a los corruptos. …la corrupción se ha transformado en algo utilísimo: el fin de cualquier debate”.

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