“Toda negociación es una búsqueda de resultados para la gente”, sostiene el secretario general de Adunam, Aníbal Velázquez, para sugerir que hay que votar el Presupuesto nacional. “No votarlo, eludir el debate o renunciar a introducir modificaciones es renunciar a la lucha”, opina en una nota que difundió hoy y en la que hace un paralelismo con las luchas sindicales. Entiende que la negociación que se abre con la fuerza de huelgas es una etapa superior de las movilizaciones. La misma lógica dialéctica afirma mueve la relación de Macri con los gobernadores por el Presupuesto

Posadas (Viernes, 28 de septiembre. Por Aníbal Velázquez) En las luchas gremiales por los derechos de los trabajadores llegar a una mesa de negociación con la otra parte constituye una etapa superior de las movilizaciones. Generalmente, salimos a la calle cuando no somos escuchados. Fue el motivo de las huelgas y movilizaciones que protagonizamos en todo el país en agosto. Su masividad fue la fuerza con que le torcimos el brazo al gobierno nacional que reabrió las paritarias y logramos acordar una recomposición salarial que oscila entre el 24 y el 26 por ciento con dos cláusulas de revisión. La mayoría de los gremios entendimos que fue un gran paso. Por eso firmamos el acuerdo aunque dejamos asentado que era un punto final en la paritaria pero no así al reclamo por más presupuesto para las Universidades que están asfixiadas financieramente por la falta de recursos para el funcionamiento, becas y la continuidad de las investigaciones. Pero no todos los gremios adhirieron, aunque tienen una representación menor, en la mesa del diálogo fueron por todo.
Esta experiencia reciente está sustentada en la dinámica de las luchas sindicales. Las huelgas y las movilizaciones no son más que medidas de excepción que tienen un fin: hacerse escuchar, abrir las paritarias. Poder negociar. Y toda negociación es una búsqueda de resultados para la gente. Es cierto que no lo entienden así sectores más intransigentes que habitualmente nos acusan de burócratas. Paradojalmente son los que no entienden la dialéctica que está en la naturaleza de la lucha sindical, como está en la naturaleza de las cosas y la dinámica del desarrollo histórico.
Desde esta perspectiva quizá pueda aportar al debate por el Presupuesto nacional. Me arriesgaría a sostener que se sale de curso cuando se amenaza con no votarlo. Eludir el debate o renunciar a introducir modificaciones es renunciar a la lucha. Y esto no es ni de lejos ensayar defensa alguna de las políticas y el rumbo general del gobierno de la Alianza Cambiemos que conducen inevitablemente a la pérdida de soberanía, de derechos conquistados, del consumo popular y a la desindustrialización del país. Pero le pregunto a los compañeros en qué consiste la amenaza ya que, eventualmente, a Macri le convendría que no le aprueben la ley del Presupuesto. La Ley de Administración financiera contempla la posibilidad y con el horror al vacío habilita al Ejecutivo a manejarse con el Presupuesto que está en vigencia y ajustar como quiera los nuevos ingresos y su distribución. Tenemos el antecedente de Nación cuando el famosos Grupo A no votó el Presupuesto 2011, y Cristina Fernández de Kirchner gobernó con la prórroga del presupuesto 2010. Esa intransigencia opositora fue aprovechada y ganó en discrecionalidad en la ejecución del Presupuesto y además políticamente, el Frente para la Victoria “facturó” el doble discurso y la hipocresía de los republicanistas para ganar con el 54% en la primera vuelta. Ganó sin Presupuesto. Sucedió también aquí. Los gurcas de la oposición en los primeros años de la Renovación no votaron el Presupuesto. Generaron conflictos de Poderes y perdieron toda autoridad moral para objetar cualquier destino de los recursos además de inhibirse para hacer reclamos. Se dirá que Macri está haciendo todos los esfuerzos para tener Presupuesto apurado por la mirada del FMI que cuida la continuidad jurídica de las deudas. Es decir que está obligado a negociar. Y ese el logro político del momento. Hay un límite que se le pone al avasallamiento de las instituciones. Porque desde el exterior, los países más desarrollados por más poder que tengan saben distinguir entre Gobierno y Estado. Es la oportunidad de hacer valer en el Congreso las atribuciones constitucionales de los representantes. La calle, la categórica adhesión al paro general del martes 25 y las movilizaciones constituyen también, desde una acción de pinzas, un condicionamiento, pero en una relación dialéctica con las demandas de institucionalidad de los inversores.
Remitiendo nuevamente la experiencia a las pulseadas típicas del ámbito sindical aparece la verdadera contradicción que mueve dialécticamente el debate. El polo opuesto son las provincias no los partidos. Por eso el protagonismo de los gobernadores. Cuando Hugo Passalacqua, que no reniega de la actitud colaborativa decidida por la conducción de la Renovación, expresa que la eliminación del Fondo de la Soja es un “mazazo” tuvo una rápida respuesta de la Casa Rosada. Dejó así en evidencia que existe un espacio de negociación y que los gobernadores, en esta situación crítica de la Argentina son escuchados.
Siempre desde mi perspectiva de las luchas sindicales, una dura oposición a medidas de ajustes hacia el sector trabajador tiene siempre por objeto la obtención del mejor resultado posible. Nunca se basa en una lucha fundamentalista de todo o nada. Como dije, por esa capacidad de discernimiento de lo posible los sindicalistas son tratados de burócratas por los pensadores radicalizados o troskistas.
Todo dirigente debe tener como hilo conductor de sus acciones lo que la gente espera de él. En esa dirección es fácil pensar que acompañar el presupuesto nacional tratando de obtener compensaciones por las pérdidas que pudiera encerrar. El marco de referencia para la disputa es la gente, no como un ente abstracto sino la de carne y hueso que debe comer ya, educar a sus hijos y soñar con una vida digna.
Estos son tiempos de resistir, de ojos bien abiertos y dispuestos a la negociación posible. Todos hemos puesto el grito en el cielo cuando el grupo “A” dejó sin Presupuesto al país desde un fundamentalismo político-ideológico y aquí por miedo a lo nuevo que se venía con la Renovación no votaban el presupuesto en nuestra Legislatura. El moyanismo hoy rechaza en duros términos el Presupuesto nacional pero se sienta y le arranca un aumento de 25% para el salario de sus representados. La figura de oposición no legitima el voto negativo, como también el voto por la aprobación no indica ser oficialista. No es cuestión de mirar hacia arriba sino sentar la mirada en la población profunda, el de los rincones más alejados de la trama urbana. Negociemos de la mejor forma y preparémonos a resistir.

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