La economía colaborativa se trasformó en una tendencia global y encontró en el turismo y en el sector de los servicios, una nuevo nicho, transformando el modo tradicional de viajar y consumir servicios ofertados de manera conocida.

Por Jorge Posdeley, magister y licenciado en turismo.

Posadas (Jueves 18 de octubre). Después del furor de las economías de las experiencias, la economía colaborativa se dispara como la cuarta revolución industrial. Estos cambios en los consumidores dieron orígenes a nuevos modelos de negocios turísticos: ahora es posible pensar en empresas o prestadores de servicios que no solo piensan en recaudar dinero sino que admiten, también, que el dinero no es lo único que les interesa.
Aparece, en estos tiempos, un nuevo modelo competitivo donde cada vez más se involucran personas y prestadoras de servicios que se rebelan -a su forma- contra el sistema capitalista, mientras buscan la diversificación de los servicios a partir del desarrollo y la innovación de pequeños y de micro emprendimientos. Se trata de una economía que se basa en el intercambio de productos y servicios turísticos entre particulares, a través de comunidades o plataformas webs creadas para este fin. El modelo avanza rápido, sin regulación ni control.
La economía colaborativa se trasformó en una tendencia global y encontró en el turismo y en el sector de los servicios, una nuevo nicho, transformando el modo tradicional de viajar y consumir servicios ofertados de manera conocida.
Estos nuevos formatos de prestación de servicios impactó primero en los servicios de transporte terrestre, como el caso de la plataforma Uber que generó y genera controversia en cada lugar que se aloja. Esta nueva modalidad favorece la discusión y genera una reflexión que enfrenta a un sistema moderno, seguro, responsable y de eficiencia de costos y beneficios frente a otro sistema bastante antiguo, precarizado, sin adecuarse a los cambios de la tecnología y que resultan muchas veces poco confiables y con costos elevados. Pero si altamente reglamentado, desde los permisos y habilitaciones hasta los costos del viaje.
Es así que Uber se enfrenta, sobre todo en Latinoamérica, a la lucha contra los grandes empresarios del oligopolio dueño del negocio de taxis y remises y, por otro lado, el enfrentamiento existente con las corporaciones de los trabadores, es decir, los sindicatos. En el medio de esta puja, el cliente resulta rehén frente a un cambio de modalidad de uso de los servicios, sin poder elegir libremente ni acceder a servicios con menores costos.
Los organismos de aplicación, quienes deberían habilitarlos, no encuentran las formas burocráticas de resolver rápidamente la incorporación de la nueva oferta de servicio. Sus normas están viciadas y desactualizadas; la generación del nuevo negocio y el cambio de paradigma es mucho más veloz que la adecuación de las políticas existentes, reglamentarias y muchas veces únicamente de carácter recaudatoria.
Pero si de viajar se trata, más lejos y en compañía para compartir –y así reducir- los costos de un viaje, la economía colaborativa también se presenta al mercado con una plataforma con origen en Francia: Bla Bla Car. Este formato resuelve en forma más que eficiente, cómoda y más económica la manera de viajar. Se trata de la red social mundial de viajes en coche particulares compartidos.
Este modelo colaborativo ya están presentes en 22 países, inclusive en México y Brasil pero todavía no en la Argentina. Los usuarios comparten un trayecto que quieran realizar en común, comparten los gastos del viaje sin beneficios económicos para el conductor y propietario del vehículo. Unos de sus valores descriptos en su web, destacan que “Nos atrevimos a imaginar un servicio que no existía. Pero las grandes ideas deben con llevar decisiones audaces y diligencia para cumplirlas. Hay un tiempo para soñar. Un tiempo para decidir. Y un tiempo para cumplir con lo prometido”.
Esta red social cuenta hoy con cinco millones de usuarios únicamente en España. Más de 30 billones de kilómetros compartidos por la comunidad. Los usuarios de la plataforma Bla Bla Car consiguieron ahorrar más de 1,4 billones de euros. Seguramente el desembarco de esta plataforma en la Argentina también ocasionará un repensar en los costos de los servicios de traslados.

Nuevos viajeros

Entonces si de viajar se trata, nos encontramos con un nuevo viajero que está buscando de manera constante nuevas experiencia vivenciales mucho más comprometida con el medio que visita, con la comunidad local que comparte con él su forma de vida; con la cultura, su gastronomía tradicional, sustentable y solidaria; es decir, con el medio ambiente social. A partir de esta filosofía el viajero busca alojamientos con formatos que se alejan de la tradicional concepción estructura y manualizada de la hotelería del siglo pasado. Entonces, este tipo de turista hace surgir en el destino nuevas experiencias en alojamiento, reinventando a la hotelería, los servicios mientras genera ingresos y contribuye a las economías familiares del destino.
Estos cambios en los consumidores dieron orígenes a nuevos modelos de negocios turísticos, como los basados en la red “peer to peer”. Este modelo se basa en el intercambio de productos y servicios considerados turísticos entre particulares, a través de comunidades o plataformas webs creadas para este fin. Otro de los sectores de mayor crecimiento global corresponde al alquiler turístico como uno los principales subsectores en los que operan las nuevas empresas de economía colaborativa de Latinoamérica. Estas se caracterizan por ser empresas locales y regionales que están ofreciendo ya numerosas oportunidades de mercado en lo que a compartir recursos y optimizar el uso de ellos se refiere. Y posibilitan además la generación de nuevas fuentes de empleo, sobrepasando y extendiéndose por sobres las empresas tradicionales y generando con ello el nuevo paradigma de apostar en un mercado altamente competitivo, buscando ganar nuevos clientes y a la vez, fidelizar a los usuarios.
Alquilar una casa, rentar una habitación o usar el patio de una casa para montar una carpa son algunas de las alternativas con respuestas en algunos casos gratis y otras pagas; pueden ser por horas, días, semanas o por el tiempo del acuerdo, definiendo el perfil de huésped que se quiera recibir y permitiendo un sistema de puntuación y calificación para garantizar que la experiencia sea segura y agradable para ambas partes.
Estos nuevos sistemas permiten proveer bienes y servicios sin depender de un empleador y todo gracias a la gran evolución de las tecnologías a partir de Internet.

El caso Airbnb

La empresa por excelencia que representa a este movimiento es Airbnb. Su modelo de negocio se basa en el cobro de comisiones al propietario de la vivienda (del 3%) y al huésped (entre un 6% y un 12% sobre el precio de la reserva) para alojarse en una vivienda.
Airbnb surgió en 2008 y ya encontró cama para más de 40 millones de viajeros. También ya cotiza en Bolsa (sin ser propietaria de una sola habitación) por más de 30.000 millones de dólares. Argentina es uno de los países que lidera, con mayor oferta de alojamiento compartido de América Latina: posee doce mil espacios disponibles para reservas, repartidos entre sus principales capitales provinciales donde se destacan Buenos Aires y Córdoba. Posadas no es la excepción al nuevo formato de comercialización de habitaciones turísticas: hoy se pueden encontrar en la capital misionera 66 espacios disponibles para reservar.
Pero, así como estas plataformas presentan una gran oportunidad para cualquier persona que tenga habitaciones sin ocupar en su casa y las quiera alquilar, a su vez ocasionan un gran problema para los sectores tradicionales que todavía no pudieron aggiornarse a los cambios del mercado. Además de encontrase a contramano de las nuevas tendencias, también sufren el impacto de las altas cargas sociales y los abusivos impuestos, situación que genera un escenario de competencia desleal debido a que al momento no existe ningún tipo de regulación ni organismo visible que las controlen.

Ilustración: fotografía temática tomada de Internet.

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