Cualquier dispositivo que contribuya al “acto teatral ” es bienvenido, sostiene el actor Salvador Giménez pero advierte que si los recursos tecnológicos son usados de manera indiscriminada, como un fin en sí mismo, desmereciendo la calidad artística, oscureciendo ese ritual del encuentro vivo : obra, actores y público, no sirve sino para distraer.. Es teatro muerto

Por Salvador Giménez*

Posadas (Lunes, 12 de noviembre) En buena parte del teatro actual se observa el uso de nuevas tecnologías que se van sumando a otras que en su momento también fueron nuevas.
Esa mixtura de tecnologías de última generación con lo artesanal, con lo industrializado, así como lo manual con lo mecánico y lo analógico con lo digital suelen convivir en perfecta armonía.
Toda esta maquinaria que posibilita luminarias de tipo robótico, pantallas de Led, mesas de control digitalizada, computadoras y o notebooks que suplantan a las consolas del tipo manual, aunque estas últimas se siguen utilizando por una razón de costo, por su disponibilidad en el mercado o por su sencillez en su funcionamiento, amplificadores de altavoces, que aun conviven con lo tradicional, cámaras de vídeo, sistemas de subtitulado y o traducción simultánea en obras en otro idioma, con leyendas para hipoacúsicos, sistemas computarizados para el desplazamiento de escenografías o cajas escénicas… Y una larga lista de dispositivos… Es Bienvenido
Pero cuando todos estos recursos tecnológicos son usados de manera indiscriminada, como un fin en sí mismo, o como una moda, para aparentar una gran producción, desmereciendo la calidad artística, oscureciendo ese ritual del encuentro vivo : obra, actores y público, no sirve sino para distraer… Teatro muerto
Yo actor, no tengo discurso sobre mi propia práctica. Mi arte consiste en interpretar textos de otros, aunque no ajenos
Mi logro consiste en darme cuenta de que la elección del teatro que hago, el que elegí, hace ya más de 40 años, es el acertado. El teatro de reflexión, ya sean textos clásicos, (a los que se recurre en las épocas más oscuras de nuestro país para resistir y denunciar) o contemporáneos.
Amo los teatros de grandes. Teatros de grandes escenarios equipados con todo el avance de la tecnología.
Pero antes de pasar por ellos he actuado en los lugares más anticonvencionales que se puedan imaginar: mi debut como actor fue allá por los años 70 en el altar de la capilla de la villa 31, como escenario, en los tiempos del cura Carlos Mugica, o en clubes de barrio donde se cortaba la luz y terminábamos la función con linternas.
Y eso me ha enseñado: para que el ritual se cumpla lo que realmente importa es un texto provocador, los actores, y el público.
Cualquier dispositivo que contribuya a que el “acto teatral ” se cumpla, lo acepto y lo disfruto… De lo contrario, entretenerse con todo el despliegue tecnológico y con algo que por ahí quiere ser cine, es cualquier otra cosa, no teatro.
Como dijo Bertold Brecht “Que tiempos será el que vivimos que hay que defender lo obvio”
*Actor

 

 

Foto: imagen ilustrativa de internet

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