La constitución de la fórmula Herrera Ahuad – Arce en el Frente Renovador tiene un profundo contenido político que no debe quedar oculto debajo de los formalismos. Constituyen la renovación de la Renovación que supera la impronta de los partidos tradicionales para nutrirse de emergentes de la sociedad. No casualmente son médicos que conocen las necesidades, las angustias y las esperanzas de su gente. Son la contracara de los burócratas que hace más de 30 años viven de los cargos en el Estado.

Posadas (Miércoles, 10 de abril) La constitución de la fórmula Herrera Ahuad – Arce que postula el Frente Renovador de la Concordia para las elecciones del 2 de junio tiene un profundo contenido político que no debe quedar oculto debajo de los formalismos. Tiene significación en sí misma, en su conformación y en contraste con los otros que se presentan como alternativa.
Uno: La candidatura de Oscar Herrera no es una sorpresa. Fue anunciada por el mentor de la Renovación a fin del año 2015. Carlos Rovira lo hizo saber informalmente en la reunión de ese fin de año con diputados en la que participa todo el arco de representación en el Poder Legislativo. Y lo fue deslizando en forma permanente aunque es lógico no se formalizara, por los tiempos electorales, hasta que no estuviera la convocatoria y la fecha de las elecciones generales. Pone en valor así la palabra del conductor de la Renovación y la estrategia de comunicación. Herrera Ahuad estaba instalado como candidato ante la gente y la dirigencia lo sabía. Incluso, Hugo Passlacqua en una cumbre con Mauricio Macri lo presentó hace más de un año como el próximo gobernador de Misiones. Así, Herrera, como vicegobernador y candidato pudo ir estableciendo relaciones de confianza con todos los misioneros, por supuesto a través de la gestión, pero recorriendo palmo a palmo todo el territorio provincial viéndose cara a cara con intendentes y representantes de la sociedad civil. Esta candidatura anticipada del Vice es interpretada también como la táctica del “pato rengo” establecida por la conducción para evitar las tentaciones que se generan cuando “se maneja la lapicera”. Pero aunque sea verosímil, sería táctica no estrategia que está más asociada a la construcción de correspondencia de identidades entre el candidato y la Renovación. Algo que lleva tiempo y gestión para que la sociedad integre al candidato con el partido. Esta estrategia y el valor de la palabra en la Renovación se pusieron a prueba en 2007, cuando Rovira defendió la candidatura de Maurice Closs que no medía en las encuestas y además era sospechado por el gobierno nacional, sencillamente porque no era peronista.
Dos: La nominación de Arce rompe con la costumbre de la partidocracia o de los frentes que no son más que alianzas electorales de compensar con el Vice las falencias del cabeza de fórmula. Passalacqua lo dijo con todas las letras cuando formuló ayer el anuncio de la postulación de Arce y reiteró en Twitter: “cercanía, sensibilidad, responsabilidad, austeridad, configuran el perfil de quien aspira a cumplir un rol fundamental como lo es la Vicegobernación. Así lo entendemos en la Renovación. Por eso estamos convencidos que el doctor Carlos Arce es el candidato de nuestro espacio político”. Arce es también médico como Herrera Ahuad. Es decir que desde todo punto de vista la fórmula se integra con Renovación pura.
Tres: Precisamente, Renovación pura. Es la significación en sí misma de la fórmula. Es la renovación de la Renovación. De alguna manera lo adelantaba Rovira hace unas semanas cuando habló con la prensa en la inauguración del ciclo lectivo y de la Escuela de Robótica. Rovira, Closs, Passalacqua, arquitectos de las rupturas del 2003 con los partidos tradicionales, venían de esas tradiciones. Digamos estaban impregnados de las improntas del peronismo y del radicalismo. Herrera – Arce pone de manifiesto que la renovación se mueve, que su doctrina misionerista es una construcción permanente y que dos médicos que en esos años de construcción de la alternativa federalista de la Renovación estaban en las trincheras donde la sociedad se encuentra con el Estado a través de la prestación del servicio de salud. Herrera pudo haber nacido en Santiago del Estero, pero su compromiso social materializado en San Pedro, lo hace más misionero que muchos encandilados por los mandatos de los partidos de Buenos Aires. Esta significación en sí misma de la fórmula tiene en síntesis la matriz de renovar la Renovación con dirigentes formados en contacto con las necesidades, las carencias y las aspiraciones de la gente común. No salen de un comité ni de trenzas de superestructura, salen de la sociedad en la que tenían su lugar trabajando.
Cuatro: Aquí surge el primer contraste con la fórmula de la alianza del PRO con la UCR y Puerta, integrada por dos burócratas. Humberto Schiavoni, que era un empresario de la madera en los 80, se integró después a los gobiernos peronistas de los 90 y desde entonces ocupa cargos públicos, electos o nominados en los Ejecutivos. Tiene el mérito de ser el dirigente misionero que más penetró en los niveles de toma de decisión en el orden nacional y preside nada menos que el Consejo del PRO, el partido que está en la Casa Rosada. Posadeño hasta la médula, sin embargo contrasta con la evolución de Herrera. Mientras el santiagueño se fue misionerizando ya como médico del interior profundo, el misionero se fue aporteñando de tanto lidiar con los dueños de la Argentina. Luis Pastori, aunque chaqueño de nacimiento es también un misionero por adopción pero porteño en su alineamiento con las decisiones del comité nacional y de la Casa Rosada. Es también un burócrata desde sus inicios en el Estado cuando tuvo un cargo en la Municipalidad de Montecarlo. Llegó a diputado provincial después de 20 años de asesorar al bloque de la UCR en la Cámara de Diputados de la Provincia en la que prestaba servicios, como contratado.

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