Susana Scándali es periodista, de Mar del Plata, recién jubilada del trabajo de toda su vida en un diario. Pero une periodiste no se jubila nunca. Ahora, para despuntar el vicio, conduce un programa de radio y como ella viene de la gráfica, escribe sus editoriales -muy peronchas, lo admite-. Algunos de sus textos estarán en Contratapa, en Misiones Plural.

Miércoles 15 de mayo de 2019. Hace un par de días que estoy obsesionada con las palabras. Con la palabra. Es decir, con el valor de la palabra.
Hace un par de días, una sola palabra inició un debate riquísimo con mis colegas de Periodistas Feministas, una organizacio´n que estamos a punto de presentar oficialmente en Mar del Plata.
Trabajadoras de las palabras, al fin, no resultó extraño que debatiéramos sobre una palabra.
Y a mí, ese intercambio, me disparó nuevamente esa obsesión que tengo con las palabras. Con la palabra.
Porque con la palabra herimos, matamos, pero también hacemos renacer. Amamos y acunamos. Una palabra puede causar más daño que un arma. Pero también una palabra puede reconfortar y acompañar, aun desde la ausencia.
Las palabras que nos salen de adentro, que nos brotan sin filtro, dicen quienes somos, mejor que nosotras y nosotros mismos.
“Los judíos eran los peores, los más torturadores dentro de los campos de concentración”, dijo Catherine Fullop comparando a Hitler con Maduro y esas palabras le desnudaron el alma,, que no es tan bella como su escultural cuerpo. Que es, más bien, horrible.
“Gracias a Dios que murió de la Sota”, dijo Carrió y esas palabras la pintaron de cuerpo entero. No importa cuánto haya dicho hasta el momento para sustentar su imagen de republicana honorable, ni cuán grande es la cruz que cuelga de su cuello. Bastaron unas pocas palabras, salidas desde las tripas –sus putrefactas tripas-, para mostrarnos quién es esa mujer.
Y es que las palabras, cuando salen de bien adentro, nos definen.
Con palabras sellamos pactos indestructibles. Dos palabras, Nunca Más, dicen más que un discurso. Y cuando decimos “los 30.000” no tenemos que explicar a quienes nos referimos. Son palabras que nos hinchan el pecho de orgullo, son palabras que nos ponen de pie.
Porque están llenas de contenido, porque tienen un contenido enorme, porque contienen lo mejor de nosotros,
Por eso, quienes estamos de este lado de la grieta, en la vereda de enfrente de las Fullop, de las Carrió, de los Lopérfido, de Macri y su séquito, de la oligarquía y del imperio del Norte, anteponemos la palabra amor. Por eso, para nosotras y nosotros, decir que “el amor vence al odio” no es un slogan sino algo que traduce en palabras aquello en lo que creemos y creímos siempre, profundamente. Y no importa cuánto tardemos, más temprano que tarde, lo llevaremos, como dijo Evita y en su nombre, como bandera a la victoria.

SC – Misiones Plural.