Nadie niega que en las elecciones presidenciales hay dos modelos en pugna. Sin embargo el escenario 2019 es muy diferente al 2015. Primero porque nadie podrá prometer porque ya mostraron lo que son. Pero además hay dos protagonistas que definen un nuevo tiempo después de la crisis de representación: de un lado la fortaleza del PRO con presencia en todos los distritos y marcando la línea en la alianza con la UCR, y del otro el protagonismo de los gobernadores en el Frente de Todos.

Martes, 16 de julio. Dos proyectos de país se enfrentan en las elecciones presidenciales de este año que, como en toda campaña electoral, pueden quedar sin esclarecerse a la hora de la emisión del voto por la imposición de las cuestiones secundarias y prejuicios.
No es extraño al sistema, aquí como en todo el mundo. Es inevitable la tentación de definir estrategias electorales que convierten al adversario en enemigo para terminar arrastrando al electorado, bombardeado con basura y denuncias de cualquier índole, a confundir la realidad con las construcciones virtuales y comprarse peleas que le son ajenas.
Al quedar al desnudo el entramado mafioso entre diputados, fiscales y jueces y operadores mediáticos para inventar conspiraciones, esta campaña tendrá menos intensidad denunciativa, como el caso de la Morsa, pero seguramente no será la excepción. Hay gente dedicada a eso.
2019 no será igual al 2015
Pero así y todo, 2019 no será igual al 2015. Mauricio Macri ya no podrá mentir en el debate presidencial, ni Alberto Fernández podrá apelar al paraíso perdido ya que fue diez años crítico del rumbo del segundo gobierno de Cristina Kirchner.
Pero más allá de las estrategias de las alianzas y frentes con mayor posibilidad de ganar, el debate contará con dos componentes muy interesantes que obligarán a poner las ideas sobre la mesa. Nos referimos a las candidaturas en los extremos de Nicolás del Caño y de José Luis Espert, que correrán a uno y otros al centro del espectro ideológico.
Detrás de la escena, o mejor dicho como ríos subterráneos que empiezan a salir a la superficie hay dos fuerzas políticas que modifican sustancialmente la geografía política: el protagonismo de las provincias y la conformación del PRO en todos los distritos del país.
Son fenómenos que no se toman en cuenta en la generalidad de los análisis políticos.
Una hipótesis a tener en cuenta es indagar en los sustentos de los proyectos en pugna en las elecciones.
Los gobernadores y las provincias
Es innegable que el modelo de desarrollo que defiende el Frente de Todos en la arena política y en las elaboraciones teóricas como las de la Fundación Callao, tiene su punto de apoyo en el armado político con los gobernadores. Alberto Fernández lo dice con todas las letras cuando repite que el país debe recuperar los fundamentos del federalismo que es artigueano o no será.
La Alternativa Federal que los medios dan por fracasada, existe, no en forma de partido ni oferta electoral, sino como idea fuerza de la reconstrucción del país. Hay que recordar que fue un armado en la Cámara de Diputados de la Nación, que se inició por iniciativa de los misioneros del Frente Renovador de la Concordia y el trabajo hormiga de Jorge Franco y Ricardo Wellbach. La constitución del interbloque que llegó a tener 33 representantes sumó masa crítica en defensa de los intereses de cada provincia sin pensarlo en una alternativa electoral. Después, operadores mediáticos quisieron colar por la ventana a candidatos alternativos, que nada tenían que ver con el armado en Diputados. A pesar de ese asalto frustrado al espacio, las necesidades que son el motor de la conducta humana, vuelven a poner a los gobernadores y más precisamente a las provincias en el centro de la escena política nacional como no tuvieron lugar en el siglo XX.
La presencia territorial del PRO
La otra novedad política sustancial que modifica el escenario de 2019 con relación al 2015, es la constitución del PRO en todos los distritos del país. Fue también un trabajo hormiga y también de un misionero, Humberto Schiavoni, que termina su segundo mandato dejando esa presencia viva como legado. La apertura de locales del PRO a lo largo y ancho del territorio provincial contrasta con la crisis que diluyó la representación de los partidos tradicionales después de la implosión del 2001.
Un observador de la superficie puede encontrarse que la extensión territorial del PRO es dependiente de los comités de sus socios de la UCR en la alianza. Hace unos días en la Nación se deslizó en forma de crítica que el PRO no haya llegado a presentar candidatos propios a gobernador en las elecciones que se realizaron antes de la Paso. Insistimos, es una realidad que se queda en el epifenómeno desconociendo la esencia. Lo que no se percibe es la trasmutación de la dirigencia de la UCR a los principios constituyentes del PRO. Diríamos que la UCR mantiene por arrastre histórico mayor cantidad de afiliados para definir candidaturas, pero la identidad ya está lejos de ser pariente del yrigoyenismo y si se quiere del alfonsinismo que está en diáspora del partido. Un candidato de la UCR, como sucedió en Posadas, puede haber sacado más votos con su sublema que otro del PRO, pero siempre en alianza con el PRO. Los que probaron con la lista 3 se enfrentaron a una sociedad que de tanto ser interpelada desde la impronta del PRO, se encontraron predicando en el desierto. Quizá suene fuerte decirlo, pero la UCR fue colonizada por el PRO. Hablamos de los principios y del proyecto de país. Ser de la UCR es también ser macrista.
Lo central para el PRO y la Casa Rosada, no es imponer candidatos propios sino consolidar la presencia territorial, con influencia, marcando las directrices. Ese es el legado de la conducción del misionero Schiavoni autor de la carta orgánica que establece taxativamente que las autoridades partidarias como máximo podrán tener dos períodos en sus cargos.
Como parte de la mesa chica, la decisión de que su sucesor sea Francisco Quintana, garantiza la continuidad de los lineamientos para consolidar el partido, por supuesto supeditado a la necesidad de ganar las elecciones presidenciales.