La postulación de candidatos nacionales con boleta corta es una decisión histórica de la Renovación. Con coraje político rompe con las trampas de los partidos nacionales que con lista completa pone a los legisladores en actitud de obediencia debida. El debate entre modelos, popular o neoliberal repite la lógica pendular de la historia económica argentina. Lo disruptivo es rescatar la contradicción fundamental que subyace en la sociedad argentina entre centralismo porteño o autonomía provinciales. Todos los presidentes desde 1988 manotearon recursos de la coparticipación.

Martes, 6 de agosto de 2019. Hay coincidencias en sostener que en las elecciones nacionales que tendrán un ensayo general el domingo hay dos modelos de país en pugna que expresan las tensiones existentes en la sociedad argentina desde antes de su constitución como nación, y que pueden resumirse en las centenarias consignas librecambio o proteccionismo. Tanto Mauricio Macri, como de la otra vereda Alberto Fernández y Roberto Lavagna vienen poniendo la pugna en el centro de la escena, pero en los dos extremos subyace una contradicción que es fundamental en la definición y en los efectos de los dos modelos, la contradicción nación – provincias, que no son tenidas en cuenta por los partidos nacionales.
Cuando el Presidente sostiene que no hay otro camino, abre las importaciones y desregula los mercados, especialmente el financiero, está defendiendo un modelo por más que después, por estrategia de campaña diga que no hacen falta argumentos para votarlo y sus gurúes fomenten la irracionalidad del odio en búsqueda del voto. Macri no duda en defender el librecambio, la inserción de la Argentina en el mundo como un supermercado que es la versión aggiornada del “granero del mundo”. Descartando teorías conspirativas, en el mejor de los casos, por la lluvia de inversiones que sigue esperando, la apuesta del macrismo sería primero crecer y después distribuir. La teoría del derrame.
Desde el Frente de Todos y Consenso Federal, se invierte la prioridad: primero distribuir para poder crecer con el impulso del consumo. Anuncian medidas para sacar al país del enorme retroceso productivo y social en que lo ha dejado la actual gestión de gobierno, después de aplicar durante cuatro años un número de recetas de corte neoliberal y de la gran concentración de las ganancias de bancos, exportadores y empresas de servicios públicos que tienen costos en pesos y tarifas en dólares. Es decir que la distribución del ingreso es el centro del debate. Fernández y Lavagna anuncian políticas de redistribución que destine una masa de recursos hacia los estratos más vulnerables de la sociedad. Distribuir para poder crecer.
Desde esta pulseada, se puede afirmar entonces que la elección presidencial repite la lógica pendular de la historia económica argentina. Para no remontarnos más lejos, desde 1983 se vienen registrando cambios muy bruscos en la conducción de la política económica, que se mueve como un péndulo que oscila entre dos corrientes antagónicas. Una “expansionista” o “popular” y otra “ortodoxa” o “liberal económica” que terminan agotándose por el estrangulamiento externo.
Es necesario entonces cambiar el enfoque que enfrenta en la teoría a ortodoxos con neokeynesianos para rescatar de la historia la contradicción fundamental que subyace en la sociedad argentina entre centralismo porteño o autonomía provinciales.
Desde 1810 las provincias levantaron la bandera del federalismo, por un desarrollo económico autónomo, con participación popular y fuerte mercado interno. La derrota de los caudillos federales convirtió a la Argentina en semicolonia de los imperios de turno, fundando las bases del modelo agroexportador, y de una economía complementaria y sometida al mercado entonces inglés hoy diversificado pero dependiendo cada vez más de China.
Desde entonces, aun con las irrupciones de los gobiernos populares el federalismo fue y es una verdadera ficción en la Argentina.
El sometimiento se agravó con el neoliberalismo que fue destruyendo las bases de los estados de bienestar en todo el mundo. Aquí, desde 1988 los gobiernos en Buenos Aires, empezaron a disminuir fondos automáticos a los gobiernos provinciales y los hacen cada vez más dependientes del gobierno central, convirtiendo en meramente formales a los principios federalistas. El proceso de profundizó desde la crisis del 2001 y se llegó al extremo en el último gobierno de CFK de que las provincias recibieran menos del piso del 34% del total de los recursos que recauda la Nación. Aunque fueron compensados con transferencias de fondos, al ser discrecionales se afectaba la autonomía de las provincias.
Es el contexto en el que la decisión de la conducción de la Renovación de postular candidatos al Congreso nacional con boleta corta cobre su verdadera significación. Enfrenta la política centralista unitaria y al aparato estatal en manos de los partidos “nacionales”.
La boleta corta se constituye así en es un hecho histórico que se independiza de las internas del obelisco y desnuda con claridad el gran engaño del unitarismo porteño al establecer un sistema electoral que imponga el “arrastre” en boletas largas.
Romper con esa trampa es el imperativo de la hora. Lo dijo claramente Carlos Rovira cuando anunció que la Renovación sólo presentará en las elecciones candidatos en la categoría diputados nacionales. Es una actitud de innovación disruptiva que necesita de coraje cívico y político para competir contra los métodos dominantes.
Postular candidatos sin colgarse de ninguna fórmula presidencial es parte de la estrategia de invertir la lógica del centralismo porteño. Aunque todos los candidatos de los partidos nacionales son también misioneros, al ser consagrados en forma autónoma modifican la calidad de la representación porque no tienen obediencia debida con los partidos nacionales que le dieron lugar en las listas.
Como toda ruptura con el poder hegemónico, la boleta corta constituye el desafío romper también los hábitos del elector. Por eso el domingo las PASO serán más que nada un ensayo y la oportunidad de hacer docencia. Como sostiene el gobernador Hugo Passalacqua la boleta corta busca autonomía cultural, comunicacional, política, del pensamiento propio, historia propia.
Y rescatando las experiencias con todos los gobiernos distinto signo, señala que Misiones no le fue bien cuando sus representantes en el Congreso estaban sometidos a la obediencia del partido nacional. Entonces la boleta corta es una fase del camino iniciado en 2003 cuando la sociedad misionera respaldó a la Renovación como el camino propio y la búsqueda del destino propio atado a los misioneros.