El consumo colaborativo o participativo se afianza en el turismo con riesgo de afectar al sector hotelero. Uno de cada tres visitantes a Misiones en este receso invernal ya se alojó por fuera del sistema tradicional de alojamientos. Cada vez hay más turistas, pero también gastan cada vez menos, advierten.

Martes 6 de junio de 2019 (Por Jorge Posdeley, magister en Turismo). El 32 por ciento de los visitantes que llegan a Misiones se alojan en casas de amigos o familiares, según consigna un informe del Ministerio de Turismo de Misiones, es decir, uno de cada tres visitantes que llegó a la provincia en esta temporada de receso invernal. La misma fuente señala que para estas personas, el concepto del gasto promedio turístico se vio reducido en una cifra cercana al 50 por ciento de aquellos otros que consumen necesariamente el servicio de alojamiento.
Este guarismo, que a priori aparece como un componente más de la característica de la demanda de los visitantes a Misiones, es un verdadero dato testigo de la realidad, significativo y al cual el sector deberá prestarle y darle la importancia que requiere. Es un dato que refleja la necesidad -por un lado- de disminuir el gasto promedio de cada uno de los componentes de esta estratificación de demanda, abaratando de manera significativa los costos de alojamiento y seguramente anulando los gastos de consumos gastronómicos. Por otro lado, es una demanda que deja de utilizar los servicios de alojamientos tradicionales más económicos para buscar nuevas alternativas no formales, muchas veces -o casi siempre- en establecimientos al margen de las normas.
Este nuevo formato de alojamiento que requieren los turistas no es nuevo; de hecho, es tan viejo como la práctica misma del turismo, solo que en momentos difíciles o de crisis reaparece como una oportunidad de mercado: como nadie quiere dejar de viajar, comienzan a ajustar los costos, sin tener en cuenta que esta práctica, a la larga, perjudicará al destino turístico en general y en particular, al sector involucrado. Esta afectación llegará también al Estado, que verá disminuir la recaudación impositiva a causa del uso de establecimiento o nuevas modalidades de alojamientos que están por afuera del sistema comercial y –lógicamente- no tributan al fisco.
Si ese 32 por ciento que se alojó en estas vacaciones de invierno afuera del sistema formal de alojamiento se traslada a la cantidad total de visitantes que Misiones recibe por año, las cifras serían alarmantes para el sector, en un ecuación que no cierra: es que cada vez vienen más turistas a Misiones pero también gastan cada vez menos.
Con este axioma nos definimos entonces como un destino masivo que buscamos rentabilidad en un mayor número de visitantes que gastan pocos, pero que en cantidades son significativas económicamente para el destino (economía en escala), pero también sabemos que la masividad tiene un límite.
El concepto del consumo turístico también viene cambiando a pasos agigantados, al punto que hoy nos encontramos frente a un nuevo paradigma de cara al fenómeno del “consumo colaborativo o participativo”, que se extiende rápidamente en comunidades y ciudades del mundo, donde utilizan las redes tecnológicas para hacer más con menos, mediante actividades como el alquiler, el préstamo, el intercambio, el trueque, el regalo o, incluso, compartiendo productos a una escala antes inimaginable.
El principal actor dentro de estos avances fue Internet, acompañado del comportamiento de los consumidores ya que también ellos modificaron sus formas y filosofía de viajar. El viajero moderno está buscando de manera constante nuevas experiencia vivenciales mucho más comprometida con el medio que visita, con la comunidad local que comparte con él su forma de vida; con la cultura, su gastronomía tradicional, sustentable y solidaria; es decir, con el medio ambiente social.
La empresa por excelencia que representa a este movimiento en cuanto al alojamiento, es Airbnb. Su modelo de negocio se basa en el cobro de comisiones al propietario de la vivienda (del 3%) y al huésped (entre un 6 % y un 12 % sobre el precio de la reserva) para alojarse en una vivienda.
Airbnb surgió en 2008 y ya encontró cama para más de 40 millones de viajeros. También ya cotiza en Bolsa (sin ser propietaria de una sola habitación) por más de 30.000 millones de dólares. Argentina es uno de los países que lidera, con mayor oferta de alojamiento compartido de América Latina: posee doce mil espacios disponibles para reservas, repartidos entre sus principales capitales provinciales donde se destacan Buenos Aires y Córdoba.
Es así que esta plataforma presentan una gran oportunidad para cualquier persona que tenga habitaciones sin ocupar en su casa y las quiera alquilar, a su vez ocasionan un gran problema para los sectores tradicionales que todavía no pudieron aggiornarse a los cambios del mercado.
Los alojamientos tradicionales además de encontrase a contramano de las nuevas tendencias, también sufren el impacto de las altas cargas sociales y los abusivos impuestos, situación que genera un escenario de competencia desleal debido que al momento no existe ningún tipo de regulación ni organismo visible que las controlen.
La aparición de este nuevo modelo turístico del “consumo colaborativo o participativo”, cambiará definitivamente la forma de prestar los servicios turísticos gracias a las plataformas digitales creadas para tales fines. La lectura de la situación sugiere que se debe comenzar a estudiar el nuevo modelo para conocer cómo afecta al sector hotelero estas nuevas formas de comercialización de servicios. Pero hasta el momento parece que la situación no preocupó a nadie.

Foto temática tomada de Internet.