El resultado de las PASO abrió un debate sobre la sustenabilidad de un proyecto autónomo de provincia y de la posibilidad de recuperar el sentido del federalismo en la Argentina. Con la foto del 11-A el diputado de la Alianza Cambiemos, Luis Pastori, considera terminado el ciclo político iniciado en 2003 con las rupturas de los mandatos de Buenos Aires. Más allá de un lenguaje chicanero de campaña instala el axioma del país unitario de que “no hay provincia viable sin un proyecto de país serio y sustentable”. Sostener que se acabó el misionerismo responde a una lectura lineal de los fenómenos de la superficie sin atender la esencia de la realidad concreta.

Opáma (se acabó) el “misionerismo”.
Por Luis Mario Pastori Diputado Nacional UCR/Cambiemos
Desde hace un par de elecciones, la renovación provincial se autoadjudicó representar al conjunto de todos los misioneros utilizando el apelativo “misionerismo”, como parte de un marketing político que apunta a la estrategia de un partido único.
El llamado “misionerismo” dio para cualquier cosa. Todavía está fresco en la memoria, la relación totalmente mimetizada con el kirchnerismo durante el período 2003-2015, donde sus legisladores nacionales se integraron al interbloque del entonces “Frente para la Victoria” acompañando sin chistar los mandatos de Néstor primero y de Cristina Kirchner después.
Con la llegada de “Cambiemos” al poder, rápidamente cambiaron su alineamiento bajo la consigna: “gobernabilidad con gobernabilidad se paga”; sus legisladores nacionales formaron entonces un bloque propio desde donde brindaron apoyos en forma selectiva para la aprobación de ciertas leyes y, al igual que la gran mayoría de las provincias, gozaron de los favores del período de mayor federalismo fiscal de los últimos 30 años, lo que les permitió recomponer las finanzas y pasar del déficit a un superávit fiscal inédito.
Al llegar las PASO 2019, el “misionerismo” se expresó –en palabras del gobernador Passalacqua- pidiendo en un spot: “meté los cuatro diputaditos (sic) de la renovación…y a nivel nacional hacé lo que te plazca… no hay voto equivocado a nivel nacional.. cualquier voto es el correcto..”
El resultado fue que la renovación perdió -por primera vez desde su constitución- unas elecciones a cargos de representación nacional, saliendo en tercer lugar detrás del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio, lo que le permitiría, de repetirse el resultado en octubre, renovar una sola banca de las cuatro que había logrado en 2015 y disminuyendo en 50 puntos la cantidad de votos obtenidos solamente dos meses antes en las elecciones provinciales.
Semejante catástrofe electoral hizo que el “misionerismo” entrara en profunda crisis, por lo que, para las elecciones del 27 de octubre, la “boleta corta” ya dejó de ser la boleta inteligente y la del sagrado respeto al voto del misionero.
Entonces, la “boleta corta” de agosto se reemplaza ahora por la “boleta corta con corta” de octubre, un verdadero “mboyeré” (mezcla de cosas sin orden aparente) que busca de forma rebuscada inculcar que se debe agregar a la boleta de los “diputaditos” renovadores una y sólo una boleta presidencial: la de la fórmula Fernández-Fernández, para lo cual instruyen a sus votantes que primero deben cortar la categoría presidencial en aquella que presenta el “Frente de Todos” (la primera “boleta corta”) y luego agregar la de los diputados renovadores (la segunda “boleta corta”).
Asistimos así a una disputa entre dos sectores para ver quien es más peronista, si el que lleva como primera diputada nacional a Cristina Brítez que aparece como la única avalada por CFK, o la que encabeza Diego Sartori de la Renovación, que es la preferida de Alberto, al punto que en los carteles renovadores esconden a Cristina, la candidata a vicepresidente.
En síntesis, el otrora poderoso electoralmente “misionerismo” termina patéticamente formando parte de la interna peronista fruto de su falta de convicción ideológica y de estrategias equivocadas.
El “proyecto misionerista” termina agonizando al enfrentarse con la realidad: no hay provincia viable sin un proyecto de país serio y sustentable. Y no todo es igual.