“Es mucho menos de temer el más crudo localista porteño que un provinciano radicado en Buenos Aires que tiene que exagerar su patriotismo hechizo para que no lo crean traidor, o para que le den empleos importantes”, advertía Juan Bautista Alberdi en “Grandes y Pequeños Hombres del Plata”, escrito en 1879. La reflexión alberdiana otorga especial significación a la decisión de Alberto Fernández de constituir el gobierno en las provincias en forma rotativa y a su proclamación como el más federal de los porteños y cuando el tiempo que se toma para designar colaboradores en las delegaciones de provincias pone nerviosos a más de uno.

Viernes, 7 de febrero de 2020. “Es mucho menos de temer el más crudo localista porteño que un provinciano radicado en Buenos Aires que tiene que exagerar su patriotismo hechizo para que no lo crean traidor, o para que le den empleos importantes”, advertía Juan Bautista Alberdi en “Grandes y Pequeños hombres del Plata”, escrito en 1879.
La observación del gran constitucionalista argentino formulada en los años de la organización nacional, no pierde vigencia en el siglo XXI y hoy aparece como contracara de la actitud del presidente Alberto Fernández que se proclamó el más federal de los porteños.
Alberdi no sólo reflexionaba sino que fue un tenaz opositor a la Guerra de la Triple Alianza sobre la que escribió un libro que tituló “Crimen de la Guerra”. Guerra que constituyó un genocidio y la destrucción del desarrollo industrial, no sólo del Paraguay sino del interior argentino. Fue la instalación a cañonazos del modelo agroexportador asociado al imperio de la época que nos consideraba “la granja del mundo”.
Tras haberse reunido con mandatarios y empresarios en el Vaticano, Italia, Alemania, España y Francia, el Presidente ya empieza a diagramar la primera reunión del gabinete federal que se realizaría en la Patagonia hacia fines de este mes, según informó la Agencia Noticias Argentinas.
Estas reuniones comprometidas en la campaña electoral tiene una sustancia más allá de la forma. Están asociadas a la intención de Alberto de escuchar junto a los gobiernos provinciales a empresarios, trabajadores y profesionales de cada lugar, cada uno con su temática específica.
El más federal de los porteños
Fernández como candidato fue contundente al señalar que el país no se puede salvar sin el protagnismo de las provincias. Los gobernadores, por otra parte, constituyen el anclaje territorial del “albertismo” como construcción de una nueva fase del peronismo que debe ser mucho más que una síntesis de las tensiones internas del movimiento popular y sus aliados.
Rescatar las reflexiones de Alberdi puede servir para desocultar que las contradicciones entre porteños y federales están presentes en la organización nacional diríamos cuando en el Cabildo del 22 de mayo se discutieron los modelos de país.
John Darnay, en “El fin de Argentina o una nueva república? Resacataba un contexto de Grandes y Pequeños Hombres del Plata, Alberdi: “La Revolución de Mayo de 1810 hecha por Buenos Aires, que debió tener por objeto único la independencia de la República Argentina respecto de España, tuvo además el de emancipar a la provincia de Buenos Aires de la Nación Argentina”… “Ese día cesó el poder español y se instaló en Buenos Aires sobre las provincias argentinas”. Y más adelante agrega: “Fue la sustitución de la autoridad metropolitana de España por la de Buenos Aires sobre las provincias argentinas: el coloniaje porteño sustituyendo al coloniaje español”… “Ese extravío de la revolución, debido a la ambición ininteligente de Buenos Aires ha creado dos países distintos bajo la apariencia de uno solo”… “El estado metrópoli, Buenos Aires y el país vasallo”… “El uno gobierna, el otro obedece; el uno goza del tesoro, el otro lo produce; el uno es feliz, el otro miserable; el uno tiene su renta y su gasto garantido, el otro no tiene asegurado su pan”. Notables observaciones de Alberdi sobre la realidad política que hasta el día de hoy no sería modificada. Y no por culpa exclusiva de los porteños, sino también por la complicidad de los provincianos. Que no hay peor porteño que un hombre del interior afincado en Buenos Aires, los argentinos de este siglo XXI ya lo saben. Y también lo descubrió Alberdi: “Es mucho menos de temer el más crudo localista porteño que un provinciano radicado en Buenos Aires que tiene que exagerar su patriotismo hechizo para que no lo crean traidor, o para que le den empleos importantes. Verdugos de sus hermanos, ellos permiten que Buenos Aires pueda decir: Desempeñado por provincianos, ¿cómo puede ser opuesto a las provincias mi ascendiente?”. Y aporta algunos ejemplos: “En 1833, el riojano Quiroga… sometió la nación para ponerla a los pies de Buenos Aires, bajo Rosas. Aldao Ibarra, López, todos los caudillos provinciales se constituyeron en tenientes serviles de Rosas… El sanjuanino Sarmiento ha sugerido a Mitre la reforma de la Constitución que ha puesto en manos de Buenos Aires el gobierno y la renta de todas las provincias”. Y sigue enumerando: el cordobés Vélez Sársfiels, el entrerriano Urquiza, el tucumano Paz, etc.