El misionero Mario Coutouné difundió un texto firmado por Jorge Altamira y Marcelo Ramal, del Partido Obrero Tendencia, donde analizan desde su postura las medidas tomadas por Alberto Fernández. En el documento se encuentra una fuerte crítica a la implementación de medidas represivas impulsadas desde el Estado, además de sostener el rol de los trabajadores en el marco de la crisis sanitaria y social por la que atraviesa la Argentina. Reproducimos aquí ese mensaje.

viernes, 20 de marzo de 2020.
LA DEFENSA DE LA VIDA Y LA SALUD DEPENDE DE LOS TRABAJADORES Y SU ORGANIZACIÓN, NO DE LAS REQUISAS POLICIALES
El presidente circunscribió su segunda cadena nacional de esta semana al anuncio de un reforzamiento de las medidas de aislamiento social –ahora, “obligatorias” para todas las personas, con excepción de servicios esenciales, la producción y el comercio de alimentos, fármacos o energía.
Los medios destacaron la “brevedad del mensaje”. Es que, en verdad, los anuncios no pasaron de este aislamiento compulsivo. No hubo ninguna información sobre lo que ocurre con el sistema de salud, o sea, si se están adoptando medidas efectivas para la prevención de la pandemia y el tratamiento de los enfermos. No se permitieron preguntas de la prensa. Mientras se imponía el decreto compulsivo, el país tomaba conocimiento de que las pruebas de diagnóstico –un elemento esencial para detectar anticipadamente a quienes se han contagiado- se siguen haciendo de a cuentagotas y en un solo lugar. La disponibilidad de camas para terapia intensiva y de respiradores, y la incorporación de trabajadores de la salud, todo lo cual exige de recursos económicos extraordinarios y de la intervención sobre el sistema privado de salud, continúan siendo un angustioso interrogante.
El presidente anunció medidas represivas para quienes se encuentren circulando “sin motivo”, pero no tuvo esa precisión para responder qué ocurrirá con los salarios de los trabajadores durante la cuarentena forzosa, ni cómo se asistirá a los millones de trabajadores en negro o precarizados, que representan al 40% de la fuerza laboral y que deberán seguir viajando y concurriendo a sus trabajos para poder comer, más allá de la promesa difusa de “ocuparse de ellos en los próximos días”. El caso más expresivo de la indiferencia oficial es el licenciamiento “pago” para las empleadas domésticas, a sabiendas de que éstas carecen de instrumentos para hacer valer ese derecho ante sus patrones. Fernández justificó el aislamiento compulsivo en los “irresponsables” que se van a la costa. Pero en estos días, asistimos a una circulación mucho más riesgosa y hacinada -la de los miles que se dirigieron a los trenes del conurbano para poder asistir a sus trabajos precarios.
Es claro que la emergencia sanitaria se combina con una grave crisis social -el gobierno tiene respuestas ultra limitadas para la primera, y casi ninguna para la segunda.
Eso es lo que explica la impronta represiva que el presidente le imprimió a los anuncios de hoy. El mensaje estuvo teñido de repetidas advertencias a la población, anunciando la presencia de la prefectura y la policía en las calles. Esta orientación represiva se combina con otros anuncios anteriores, como la prohibición de “asambleas” o “concentraciones” de trabajadores, según reza un decreto del día de ayer.
Ninguna emergencia sanitaria justifica estas prohibiciones. En primer lugar, han sido los trabajadores los que anticiparon y exigieron, a través de diversas reacciones colectivas, las medidas de prevención que el gobierno más tarde juzgó como indispensables. Es también la organización colectiva de los trabajadores la que velará por la salud y la vida en fábricas y reparticiones, frente a la voracidad patronal y la indiferencia estatal. La organización obrera es, en estas circunstancias, un “servicio esencial”, el más esencial de todos.
Es significativo que los dirigentes de la oposición, desde los jefes de bloque hasta gobernadores, hayan ungido reiteradamente en estos días a Fernández como el “comandante en jefe” del país. El régimen político, visiblemente impotente para dar cuenta de la pandemia, como ocurre en todo el mundo, se sirve sin embargo de ella para establecer las bases de un estado de excepción, en este caso, bendecido por la “unidad nacional” que adicionan macristas y radicales. Se busca un régimen personal, no para dar cuenta de la pandemia, sino de una crisis social pavorosa, que incluso la precede.
En estas circunstancias, es absolutamente crucial que defendamos la deliberación colectiva de las organizaciones obreras. Los trabajadores son los más responsables y cuidadosos de la salud colectiva, y existen numerosos medios y recursos para deliberar y defender nuestras conquistas sin ponernos en riesgo. Libertad de organización, para luchar por el salario y el derecho al trabajo y, principalmente, para defender la vida y la salud de los trabajadores, en las fábricas, escuelas y hospitales.

Jorge Altamira  y Marcelo Ramal
Partido Obrero Tendencia

 

 

 

 

foto: Marcelo Manera