Al cumplirse 5 años de la primera marcha de Ni Una Menos, el Congreso tiene pendiente la sanción de proyectos para prevenir la violencia de género y apuntalar los derechos de las mujeres, donde el tema de la legalización del aborto y la creación del Programa de Educación Sexual Integral, volverá a monopolizar el debate parlamentario cuando se supere la pandemia del coronavirus.

Martes 2 de junio de 2020 (Télam). Pese a que se cumplen cinco años de la primera marcha de Ni Una Menos, el Congreso argentino tiene pendiente la sanción de proyectos para prevenir la violencia de género y
apuntalar los derechos de las mujeres y donde la legalización del aborto y la creación del Programa de Educación Sexual Integral, volverán a monopolizar el debate parlamentario después de la pandemia. Legisladoras del oficialismo y la oposición señalan que, si bien en los últimos años hubo grandes avances, aún quedan deudas para saldar, para
erradicar la violencia contra las mujeres y las diversidades y lograr la paridad de género.
La multitudinaria movilización de las mujeres, realizada en la Plaza del Congreso el 3 de junio del 2015, generó una fuerte presión para que el Parlamento apruebe leyes clave como incorporar al femicidio como delito (aunque finalmente quedó como un agravante del homicidio), prohibir al femicida quedarse con la patria potestad de los hijos y la paridad de género, para que las mujeres tengan la misma representación que los hombres en el Congreso Nacional.
Esta ley permitió que la Cámara de Diputados tenga el 43 por ciento de mujeres, con 109 de 257 legisladores y el Senado el 40 por ciento de sus integrantes mujeres, con 28 legisladoras y, se estima, que este porcentaje subirá tras las elecciones del 2021.
Entre los proyectos que faltan aprobar -que ya tiene sanción de Diputados- se encuentra el que tipifica el acoso callejero y establece multas económicas de hasta 30.000 pesos para quienes cometan ese delito contra la integridad sexual.
También debe aprobar el Senado una iniciativa que prohíbe otorgar permiso para el uso, portación, tenencia y transporte de armas a aquellas personas que registren en su contra procesos en curso o medidas preventivas vigentes como consecuencia de denuncias vinculadas a violencia contra las mujeres y violencia familiar.
La diputada del Frente de Todos, Carolina Gaillard, dijo a Télam que “desde el Congreso somos muchas las diputadas que estamos trabajando en saldar una deuda muy importante, que es que ni una piba menos muera en la clandestinidad, para que todas tengan el derecho a un aborto legal, seguro y gratuito”.
Desde Juntos por el Cambio, la diputada radical Carla Carrizo resaltó a esta agencia que “luego de #NiUnaMenos, vino la ley de la paridad en 2017; el debate sobre la legalización del aborto, en 2018, y el lenguaje cambió. ‘AhoraQueSiNosVen marcó una agenda de denuncias y una demanda de equidad efectiva: brecha salarial, economía del cuidado, equidad en la ciencia, en las cooperativas, en los deportes, en los sindicatos, en las universidades, en las empresas y en la Justicia”, en definitiva en los estamentos de “poder”.
Señaló, sin embargo, que “falta que la agenda se transforme en políticas que lleguen a las protagonistas. La violencia que sigue es el indicador de esas políticas estructurales, que faltan. Pero con las mujeres en las plazas, la velocidad achica cada vez la distancia de  esas conquistas”.
En tanto, la legisladora del Frente de Todos, Claudia Bernazza, puso el acento en el aumento de casos de violencias de género, al afirmar que el aislamiento social por el coronavirus puso en la “escena pública la gravedad y extensión del problema de la violencia doméstica, especialmente contra las mujeres”.
Señaló que “mujeres de organizaciones sociales de todo el país reclaman la declaración de la emergencia en esta materia” y planteó que “sea cual fuere la figura jurídica que finalmente se defina, resulta evidente que debemos actuar inmediatamente, con medidas urgentes y específicas”.
“Desde el retorno a la democracia las mujeres se vienen organizando y construyendo una trama que facilitó elaborar una agenda de reclamos a los Estados y los Gobiernos en materia de políticas públicas de abordajes de violencias de género, entre otros”, aseguró a Télam la diputada de la UCR, Brenda Austin.
Para la legisladora, Ni una Menos permitió darle a esa larga historia una “visibilidad que trascendió fronteras y que convocó a miles de mujeres a las calles”.
Esto, analizó, “de alguna manera, abrió un espacio nuevo de articulación que le dio mayor fuerza con la masividad de las luchas” e hizo que la cuestión de género “deje de ser una agenda sectorial para pasar a ser una agenda generacional”.
Si bien los avances fueron importantes, la legalización del aborto sigue siendo uno de los temas centrales pendientes y se estima que volverá a monopolizar el debate cuando se supere la pandemina del coronavirus, aunque aún -como sucedió hace dos años cuando se rechazo esta ley- esta iniciativa sigue dividiendo las aguas entre los legisladores.
La discusión sobre la interrupción voluntaria del embarazo quedó desplazada de la agenda hasta que se supere la pandemia, pero las diputadas que impulsaron el debate, identificadas “con el pañuelo verde”, esperan que se pueda volver a debatir una vez pasada la pandemia.

Reflexiones artísticas

Un grupo de artistas reflexiona sobre el lenguaje de la creación artística a partir del primer Ni Una Menos.

Actrices y músicas opinaron sobre la reflexión desde las creaciones artísticas tras la primera concentración #NiUnaMenos (NUM), que mañana cumple su quinto aniversario: Thelma Fardin, Miriam García, Natalie Pérez, Barbi Recanati, Luly Arias, Leticia Lee y Laura Azcurra compartieron sus visiones.
Thelma Fardin: El NUM permitió que se avance en el medio artístico y desde el periodismo en cómo se encaraba la violencia a mujeres y disidencias. Hasta Hollywood incursiona en escenas de sexo donde las mujeres son sujeto de placer y no solo objeto de deseo. Dimos un gran paso que atraviesa el contenido y su producción, pero no se erradicó la violencia, sino se puso el foco encima y ahora la detectamos. Las mismas personas que antes producían contenidos patriarcales ocupan los mismos lugares de poder y no terminan de modificar del todo su manera de funcionar y sus reglas. Hay una
bajada discursiva para el afuera que tiene que ver con una perspectiva mucho más cercana al feminismo, pero hay cosas de raíz que todavía no modificamos. El gran peligro es que parezca que se avanzó cuando las dinámicas para la contratación y para ver qué mujer ocupa qué espacio siguen sujetas a formas antiguas y patriarcales.
Miriam García: Se concientizó sobre la idea de que la violencia machista empieza con formas que parecen inofensivas, como en la letra de una canción que al reproducirla también genera violencia. En mis talleres, muchas veces las coplas recopiladas fueron construidas con un alto sentido de destrato hacia la figura de la mujer. Las cantábamos con incomodidad y sin cuestionarnos demasiado, hasta que las asistentes empezaron a pedir modificaciones. Y a esta propuesta se sumaron los varones, porque esto también pegó en el varón que rompe con los moldes violentos de los cuales también fueron y son víctimas.
Natalie Pérez: Hace poco se levantó una nota donde hablaban de una escena de “Chiquititas” en la que peleábamos por el amor de un chico y sobre los diálogos que teníamos. Ahora lo ves y te sorprendés. Pero no podemos juzgar los tangos que fueron escritos en otras épocas, tenemos que repasar las letras de hoy. Y desde 2015 creo que lo que más se modificó fue la consciencia de cada uno. De a poco, las mujeres vamos tomando protagonismo.
Los libretos y las canciones están cambiando, las historias se cuentan de otra forma, hay otros vínculos que mostrar y crear.
Barbi Recanati: Es muy difícil escuchar un disco de una mujer, lesbiana, trans, trava, no binarie o marica que no tenga un tema que te haga cuestionar, incomodar, como hacía, creo yo, décadas que no pasaba en el rock. De hecho, hay mucha más reflexión que desahogo.
Luly Arias: Va cambiando el paradigma. El año pasado pude trabajar como extra en “Pequeña Victoria” (novela de Telefe). Éramos siete compañeras en una telenovela, lejos de los prejuicios y los estereotipos. Un grupo de mujeres trans conviviendo en un hogar llamado Casa Diana, en homenaje a Diana Sacayán. Antes era impensado que podamos trabajar en una novela en el “prime time” de un canal así.
Leticia Lee: Antes sorprendía una mujer arriba del escenario, creando, tocando algún instrumento. Desde la expresión también hubo un cambio sobre la denuncia, que no se limitó solo a la metáfora poética. Muchas aprendimos de otras que no tuvieron miedo de salir a hablar de esto que tanto nos ocupa.
Laura Azcurra: Ahora se cuestiona mucho más. Estamos atentas a lo que cuenta el personaje, cuántos hay en escena, si hay hombres, mujeres y disidencias, cuya naturalización hace que la cultura abrace nuevas percepciones de los géneros, enriquecedores como humanidad. Empezar a debatir sobre el aborto también hizo que empecemos a desenraizar los conceptos más profundos del machismo y del patriarcado, que responde con agresión y eso sucede cuando hay miedo. Estamos moviendo estructuras.