La periodista Susy Scándali reflexiona sobre los negadores, aquellos que van “en contra de…”, bajo el mismo hilo conductor: el de la ignorancia.

Lunes 15 de junio de 2020. Me pregunto si quienes abonan en cualquiera de las teorías conspirativas –que hay para elegir y tirar para arriba–, habrán leído alguna vez el Diario del Año de la Peste, de Daniel Defoe.
Mucho más conocido por su Robinson Crusoe, Defoe fue el autor también de un libro que es una recopilación minucioso de datos, una detallada crónica periodística sobre la peste que asoló a la ciudad de Londres allá por 1664.
Y es en que en realidad, a lo largo de su historia, la humanidad se enfrentó varias veces con pandemias.
La primera de la que se tiene registro sucedió en el año 430 antes de Cristo y como pasa hoy, también, hubo quienes entendieron que se trataba de un castigo divino. En ese caso era una venganza de la diosa Hera, esposa de Zeus, quien envió una plaga a la isla de Egina, nombre de la ninfa con quien su marido le fue infiel. La explicación mitológica corresponde a un hecho real: la plaga de Atenas, en la que murieron 150 mil personas. Los tratados de historia la describen como una enfermedad que se originó en Etiopía, atravesó Egipto y Libia y terminó impactando en Grecia, acabando con la vida de miles de atenienses y espartanos.
De allí en más, se sucedieron pandemias que costaron la vida de millones de personas en todo el mundo. La que relata Defoe, fue solo una de ellas.
Las teorías conspirativas tan en boga en la actualidad se caen ante la evidencia de la mismísima historia.
Pero supongamos que ahora sí, que ahora “alguien” creó un virus para jodernos la vida en todo el mundo. Que esta epidemia sí es creada artificialmente en un remoto laboratorio chino, yanqui o donde lo quieran situar.
Lo que no se puede negar, es que está y se está cobrando miles de vidas, todos los días.
Pero esto los negadores no lo quieren saber. Los negadores no sólo niegan lo que cualquiera ve. Niegan la realidad…
Y los negadores de siempre, volvieron a salir con sus abolladas cacerolas…
Esta vez, lo hicieron por el rescate de Vicentín por parte del
Estado. Hubo incluso quienes salieron con carteles advirtiendo “hoy una empresa, mañana nuestra casa”, o algo así, asustadísimos por la medida “comunista”. Que no es lo mismo que hacen en Alemania, noooo, Merkel “rescata” empresas, la Argentina “expropia”.
No les importó, claro, que Vicentín lavara guita, evadiera, defraudara al Estado, se la llevara a paraísos fiscales como Panamá, después de pedir préstamos al Banco Nación –y ese Banco sí es tuyo, mío, nuestro-, y después, graciosamente, llamara a convocatoria de acreedores, dejando una deuda a proveedores y a bancos por millones de dólares.
Y ustedes dirán que estoy mezclando todo. Y les aclaro que no. Porque hablamos, básicamente, de la misma gente.
A los negadores de la pandemia, a los cosechadores de potus que se sienten parte del campo, a los “soy Nisman” que no sabían siquiera quién era ni qué investigaba el fiscal; a los que salen a golpear sus abolladas cacerolas en defensa de los enemigos de sus propios intereses, a todos ellos, los une el mismo hilo conductor: la ignorancia.

SS – para Misiones Plural.

Ilustración: imagen temática tomada de Internet.