Clarín reveló ayer que existe un pacto silencioso contra Cristina Kirchner que vuelve a unir a Mauricio Macri, Elisa Carrió y la UCR en torno a las consignas ya levantadas en 2015 en defensa de la República que, si bien se sabe plantea una falsa disyuntiva histórica, prende en su electorado. Sin embargo “el ingeniero quiere, y a veces hasta implora, una reivindicación de su gestión. Macri se sube al desastre económico que impera hoy para decir que él no estaba tan equivocado en el camino. Los radicales no están dispuestos, ni por asomo, a defender semejante cosa. Tampoco la Coalición Cívica. Los números son los números. No se necesita un análisis demasiado sofisticado. Macri heredó una inflación y una pobreza altísima de Cristina. Se fue con indicadores aún peores. Con agravantes: la caída del consumo, varias devaluaciones, cepo al dólar y un serio compromiso con el FMI”.

Lunes, 24 de agosto de 2020. Clarín reveló ayer que existe un pacto silencioso contra Cristina Kirchner que vuelve a unir a Mauricio Macri, Elisa Carrió y la UCR en torno a las consignas ya levantadas en 2015 en defensa de la República que, si bien se sabe plantea una falsa disyuntiva histórica, prende en su electorado. Sin embargo “el ingeniero quiere, y a veces hasta implora, una reivindicación de su gestión. Macri se sube al desastre económico que impera hoy para decir que él no estaba tan equivocado en el camino. Los radicales no están dispuestos, ni por asomo, a defender semejante cosa. Tampoco la Coalición Cívica. Los números son los números. No se necesita un análisis demasiado sofisticado. Macri heredó una inflación y una pobreza altísima de Cristina. Se fue con indicadores aún peores. Con agravantes: la caída del consumo, varias devaluaciones, cepo al dólar y un serio compromiso con el FMI”.
Una lectura desde Misiones adelanta la muy probable disputa entre el PRO y la UCR por la banca en Diputados que se renueva en las elecciones del año próximo. Si bien la nota de Clarín, como no podía ser de otra manera tiene un anclaje en Buenos Aires, desliza la lógica de los encolumnamientos al interior del PRO y la UCR que serán transferidos a los distritos. Por esa banca en la Cámara Baja del Congreso ya estarían anotados, Martín Goerling, Luis Pastori que tiene pergaminos para ir por la reelección, Gustavo González y Pepe Pianesi.
La nota firmada en Clarín por Santiago Fioriti, revela “La intimidad del poder” y se titula: El silencioso pacto contra Cristina Kirchner que vuelve a unir a Mauricio Macri, Elisa Carrió y la UCR”.

Veamos:
Clarín.com / Política
Las revistas lo muestran sonriente. Y su último tuit, el de la celebración del banderazo, puede dar la sensación de goce. Espejismos, tan solo. Mauricio Macri está demasiado preocupado por el frente judicial que podría involucrar a sus hijos como para caminar feliz por Europa. Es la principal preocupación que lo aflige desde que dejó el poder y forma parte de los circunloquios que exhibe en las conversaciones con sus principales aliados. “Quedate tranquilo, con los hijos no. Yo nunca me metí con Máximo ni con Florencia. No va a pasar nada”, buscó contenerlo Elisa Carrió, en una comunicación telefónica entre Exaltación de la Cruz y Zúrich. El ex presidente también tuvo largas charlas con Ernesto Sanz, que parece volver a escena, y con varios radicales con peso territorial, como Alfredo Cornejo y Gerardo Morales, con los que mantiene una relación traumática. “¿Por qué me quieren vetar?”, suele preguntar Macri. Las tensiones en la coalición opositora son permanentes.
Algo, sin embargo, pareció ceder en los últimos tiempos. Un silencioso y trabajoso pacto se puso en marcha entre los socios del PRO, la UCR y la Coalición Cívica. Buscan abordar con éxito un interrogante: cómo contrarrestar en el corto y mediano plazo la influencia cada vez mayor de Cristina Kirchner sobre los acontecimientos políticos.
La presunta teoría de la venganza, que comenzaron a instalar algunos protagonistas de Juntos por el Cambio -incluso antes de las elecciones del año pasado-, se expande ahora entre quienes creían o querían creer que Alberto Fernández se despegaría de su vicepresidenta. “El kirchnerismo está demostrando que es el mismo de siempre”, dice Martín Lousteau, uno de los integrantes del ala dialoguista, que no ha abandonado el intercambio de mensajes con el Presidente.

Morales Macri
Gerardo Morales, el gobernador de Jujuy, habló con Mauricio Macri, pese a las diferencias.
Esa esperanza de ver un salto de calidad y de autonomía plena en la administración de Fernández se terminó de derrumbar hasta para quienes procuran la moderación y el buen trato con la Casa Rosada. Solo Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, que son casi un mismo sujeto político, no han hecho manifestaciones. El resto de la fuerza irrumpió en los medios. La reforma judicial -desde el jueves por la noche con la cláusula Parrilli-, la llamada Comisión Beraldi que podría dictaminar la ampliación de la Corte Suprema, la ofensiva contra el procurador y el intento de remoción de jueces resultó funcional para un discurso único. Ese cóctel, sumado al grito de un sector de la sociedad que en la marcha del lunes reclamó un liderazgo firme frente al Gobierno, abrió un impasse en las diferencias.
Hay varias ideas sobre las que encuentran consenso. Dos son consideradas vitales. La defensa de la Constitución, para la que estudian distintos tipos de acciones, y otra que no admitirán en radios ni TV, pero sobre la que aceleran en privado: un frente electoral único, sin internas y lo más potente posible (“con todos en la cancha”, coinciden, aunque no se hablan ni se quieren, Carrió y Sanz), para las elecciones legislativas del año próximo.
El eje casi excluyente estará puesto en la provincia de Buenos Aires, que otra vez asoma como la madre de todas las batallas. Nadie duda de que la lapicera para conformar las listas K estará en manos de Cristina y que una victoria en el distrito más importante del país del Frente de Todos dejaría al cristinismo a tiro de tentaciones extremas, inclusive antes de ponerse a pensar si Alberto irá por la reelección o si en 2023 será el turno de Máximo Kirchner o de Axel Kicillof.
El rompecabezas de Juntos por el Cambio se arma con voluntad y tedio. Hay cortocircuitos sobre la estrategia y peleas de cartel, aunque no es menos cierto que, a un año de una derrota durísima en las urnas, nadie ha saltado ni fantaseado con armar un partido propio. El PRO trasunta sus días fraccionado entre el ala intransigente que comanda Patricia Bullrich, la líder partidaria, y el sector que encabeza Rodríguez Larreta. Carrió busca mediar. Considera que el camino debe ser “el centro” y que el alcalde tiene responsabilidades sensibles de gestión, como salir airoso de la pandemia. “Si nos radicalizamos perdemos”, es su nuevo lema. Quién la ha visto y quién la ve.
Ernesto Sanz reapareció en los Zoom y generó revuelo en la UCR.
Rodríguez Larreta le agradeció su respaldo ayer, en forma inusual, por Twitter. Quería que se supiera. ¿Un mensaje para los fanáticos M? Bullrich no comparte el planteo. Tampoco Macri. Ni los legisladores más vehementes que han vuelto a asociar al kirchnerismo con Venezuela. Esas tres patas del PRO piensan que la sociedad reclama posiciones duras e inflexibles frente “a los atropellos” y que ese fue el mensaje que bajó del banderazo.
El radicalismo tiene su propio laberinto. Muchos asocian la reaparición de Sanz a la elección interna de la UCR en la provincia de Buenos Aires, que se hará el 11 de octubre. En el macrismo no pueden creer que sus socios le otorguen tanta trascendencia, frente a los riesgos que, suponen, enfrenta la Argentina. Quizá porque nunca terminaron de entender los procesos internos de sus socios. O porque jamás pisaron un Comité de la UCR.
Sanz y Cornejo, el presidente del partido, trabajan tiempo extra para reforzar la candidatura a la conducción del radicalismo en tierra bonaerense del diputado provincial Maximiliano Abad. Sanz avisó con algarabía en una reunión por Zoom que convenció a Vidal para que haga una declaración en su favor. El rival de Abad será Gustavo Posse, el intendente de San Isidro, que cuenta con el respaldo de Lousteau, de viejos caciques como Federico Storani y Juan Manuel Casella y recibe guiños del peronista Emilio Monzó, que tiene viejos rencores con Vidal y a la vez es leal a Larreta. La mesa está servida. La disputa radical tendrá implicancia nacional para el futuro armado de Juntos por el Cambio.
Los liderazgos provocan una constante deliberación. No existe uno determinado, son varios y todos juegan. Macri no tiene claro si será candidato, pero ya le advirtieron que si se quiere defender de las causas que podrían avanzar contra él y su familia “en este país no alcanza con buenos abogados y una buena estrategia judicial”. El ingeniero está en una disyuntiva. No solo quiere que lo apoyen en los embates que podría sufrir de la Justicia. Quiere, y a veces hasta implora, una reivindicación de su gestión.
Macri se sube al desastre económico que impera hoy para decir que él no estaba tan equivocado en el camino. Los radicales no están dispuestos, ni por asomo, a defender semejante cosa. Tampoco la Coalición Cívica. Los números son los números. No se necesita un análisis demasiado sofisticado. Macri heredó una inflación y una pobreza altísima de Cristina. Se fue con indicadores aún peores. Con agravantes: la caída del consumo, varias devaluaciones, cepo al dólar y un serio compromiso con el FMI.
Larreta pretendería no mirar más para atrás y dar vuelta la página. Ensayar una nueva etapa, con todos adentro, desde luego. Construye su imagen con paciencia oriental y repara en los detalles. Un funcionario de la Ciudad sondeó en los últimos días a diferentes integrantes del Círculo Rojo -se desconoce si fue con o sin el aval del jefe de Gobierno- sobre su papel en las conferencias con Alberto y Kicillof. “¿Vos creés que queda demasiado condescendiente?”, fue la pregunta. Cuando el interlocutor era de confianza, la palabra condescendiente se cambiaba por otra. Una palabra que queda elegante en las columnas de Borensztein.