“La pandemia de coronavirus alterará el orden mundial para siempre”. Henry Kissinger.

Por Alfredo César Dachary.

Lunes 24 de agosto de 2020. La frase dura y de alto impacto que lanzó el Dr. Henry Kissinger, un experto en geopolítica, Secretario de Estado y mucho más, es una síntesis de lo que quizás no se quiera ver hasta que el agua no nos logre tapar; la pandemia va a cambiar al mundo radicalmente y el ejercicio preliminar comenzó a fines del 2019, cuando abiertamente el presidente Donald Trump planteó el enfrentamiento con China, como algo inevitable.
Pero éstos son los hechos de forma, los de fondo no se habla: la devastación sistemática de selvas, el derretimiento de los glaciares y del permafrost, la contaminación masiva del mar y el exterminio de especies, todo esto en el marco amplio del cambio climático global.
Pero a su vez, ésta es la mitad de la verdad, la otra es que la población del planeta está dividida entre una minoría que concentra la mayoría de la riqueza, estimada en más del 50% según el último estudio de Oxfam, y una gran mayoría de pobres que van desde la pobreza extrema a diferentes niveles de pobreza, pero que no les permite salir de este círculo vicioso.

El mensaje

La pandemia combinó todos estos escenarios en una gran amenaza: el coronavirus y con ello el mensaje es el siguiente:
• Nadie está a salvo del contagio, ha afectado desde Primeros Ministros a Presidentes y si bien al comienzo se dio en los países más desarrollados y la clase que viaja que fue la que logró diseminarlo, al poco tiempo está dominando los barrios marginados, como es hoy la situación.
• La pandemia puso al descubierto la verdadera cara de tres décadas de neoliberalismo, la gran mayoría de la población en la pobreza, falta de planes de contingencia, los servicios de salud a cargo del Estado en crisis permanente. Decadencia de los sistemas de salud colectivos y de apoyo a la población de la tercera edad, desde jubilaciones a servicios.
• La pandemia sacó lo mejor de ciertos grupos sociales, como son los que realizan los servicios desde la primera línea y lo peor, el individualismo cultivado por el neoliberalismo, que se expresa en “primero yo” y lo que sigue no me interesa o expulsando a los médicos y enfermeras de sus departamentos por “miedo al contagio”.
• Se enfrentaron tres modelos en el mundo: primero, el individualismo fanático y retrogrado del denominado supremacismo blanco, cuyas dos expresiones máximas se dan en Estados Unidos e Inglaterra. Segundo, el de los Estados que con diferentes niveles de responsabilidad asumen la tarea con resultados diferenciados, con cuarentenas y medidas más duras de control. Tercero, el modelo de control social: China, Corea del Sur, Singapur y Japón, control digital de la sociedad para tener un mapa diario de los avances y retrocesos y proyectar nuevos escenarios, un modelo que algunos consideran es experimental, pero luego se hará oficial para muchos países.
Los resultados son distintos por países, aunque llama la atención que Estados Unidos encabece la lista de la falta de presencia efectiva del Estado y sus resultados, el mayor número de contagiados y de muertos. En el otro extremo, China, con cuatro veces la población de Estados Unidos y un número mínimo de muertos en comparación con los casos del primero.
La consecuencia de esto es desviar la competencia por la hegemonía a una lucha por recuperar prestigio, aunque sea a costa de noticias falsas, quién creó el virus, por qué lo hizo, buscar ocultar las debilidades en aparentes fortalezas morales inexistentes, la otra forma del origen de esta situación: el conflicto por la hegemonía mundial, que fue claramente definido por Kissinger.
La frase de Henry Kissinger, “la pandemia de coronavirus alterará el orden mundial para siempre” es muy clara; alterará el actual orden mundial liderado por Estados Unidos, o sea, no dijo consolidará el actual orden mundial como algunos esperarían y por ello, un político de nivel mundial no escribe para llenar páginas sino para la historia.

El ensayo
Ignacio Ramonet escribió un trabajo de referencia, aunque sea coyuntural, sobre la actual situación del mundo en la pandemia y allí hace una afirmación muy fuerte, que nos pone a la defensiva de lo que podría venir como un futuro escenario postmoderno: la sociedad de la ciber-vigilancia informática.
En uno de los Tigres Asiáticos, Corea del Sur, las autoridades crearon una aplicación para Smartphone pensada para tener un mayor control sobre la expansión del coronavirus mediante el seguimiento digital de los ciudadanos presentes en zonas de contagio o que padecen la enfermedad. Esa app se denomina “Self-Quarantine Safety Protection” y ha sido desarrollada por el Ministerio del Interior y Seguridad.
Otro ejemplo es una nación altamente vigilada, Singapur, donde la Agencia Tecnológica estatal y el Ministerio de Salud lanzaron en marzo pasado una app muy parecida: TraceTogether, para teléfono móvil que, retrospectivamente puede identificar a todos los contactos cercanos de cada persona y avisarles si un familiar, un amigo o conocido contrajo el virus. Los ciudadanos pueden ser rastreados mediante una combinación sofisticada de imágenes de cámaras de seguridad, geolocalización telefónica e investigación policial.
China ha puesto a punto una aplicación, HealthCheck, que se instala en los móviles a través de sistemas de mensajería y genera un «código de salud» graduado en verde, naranja o rojo, según la libertad de movimiento permitida a cada ciudadano, de desplazamiento libre, cuarentena de una semana o dos. En unas doscientas ciudades, la gente yalo está usando para poder moverse con mayor libertad, a cambio de entregar información sobre su vida privada
En el Estado de Israel se autorizó hacer uso de las “tecnologías antiterroristas de vigilancia digital” para rastrear a los pacientes diagnosticados con el coronavirus, y el Ministerio de Justicia dio luz verde para usar “herramientas de rastreo de inteligencia” y monitorear digitalmente a los pacientes infectados, mediante el uso de Internet y de la telefonía móvil, sin la autorización de los usuarios.
Todos estos casos son solo la punta del iceberg, ya que desde hace casi una década que está en operaciones lo que se conoce como “economía de la vida”, la transformación de nuestros datos personales de todo tipo y fruto de diferentes actividades, que vamos dejando como huella en computadoras y, a su vez, registrado por los grandes monopolios del manejo de esta información.
El ser humano está dejando de ser necesario, ya que es reemplazable, pero en la medida que eso crezca y sea cada vez más fuerte, tenderá a rebelarse, de allí los datos personales de la psiquis, de sus ideas, sueños o esperanzas sirvan para manipularlo mejor; ya se está aplicando diariamente en los multimedios, especialmente en la redes sociales a través de los bots, que generan informaciones falsas que distorsionan la realidad y ocultan los verdaderos problemas que ha dejado un modelo profundamente individualista, que deriva en la sociedad del miedo.
El miedo es constitutivo de la autoridad política, ya que éste junto a otras emociones es fundamental en el arte de gobernar. En el 2004 durante la campaña por la presidencia de estados Unidos, se le preguntó al candidato John Kerry, que haría falta para que los norteamericanos se sientan más seguros y su respuesta fue muy inesperada, al sostener “…tenemos que retomar nuestras costumbres y volver a considerar a los terroristas como una molestia, pero no como componentes esenciales de nuestra vida…”
La respuesta era más larga y referencia al caso del juego, de la prostitución que el Estado en general perseguía, pero no lograba extinguirla, la diferencia es que sobrevive, aunque “no atenta contra nuestro modo de vida”. En síntesis, no transformar los problemas en miedo eterno, para recluirnos y justificartodo tipo de tropelías a la libertad que se justifiquen en la lucha por mantenerla, porque no es realista, es más una justificación que un principio.
Hoy el miedo ha regresado de la mano de la pandemia, un miedo natural al ser humano: la muerte, destino final de todos, por ello algo natural se transforma en extraordinario, porque se nos impone como un tema para convivir y sobrevivir y una situación para asimilar y saber llevar; así el miedo político logra imponerse en medio de la lucha de los grandes por la hegemonía mundial.
Será experimento o el primer paso para imponer el nuevo modelo de sociedad post- humana, que tomará fuerza cuando se logre imponer la singularidad a través de una inteligencia artificial fuerte. El libro “1984” ya lo anunciaba varias décadas atrás, no nos debe tomar por sorpresa; el Gran Hermano ha tomado fuerza al nutrirse de un nuevo miedo, el que deriva de la salud y con ello podrá justificar todo tipo de control para garantizarnos un “mundo feliz”, la última utopía de un mundo que hace mucho las ha eliminado.

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