Tiene nombre y apellido: se llama Cristina Vázquez. También tienen nombre y apellido los integrantes de una justicia cuestionada, machista, sexista, discriminadora, que la condenó.

Violencia, discriminación e injusticia de manos del Estado. Si, del Estado, que un día condenó a prisión perpetua a una mujer por un crimen de otra mujer, que no pudieron probar. Estuvo once años presa, cuando el máximo tribunal de justicia argentino ordenó liberarla, porque entendió que la Justicia misionera hizo todo mal –si, todo mal-. La mujer salió y volvieron a abandonarla.
Todo comenzó cuando tenía 19 años. Terminó la semana pasada, cuando con 38 años de edad, y casi 20 años después de sus penurias por un crimen que nunca cometió, la encontraron ahorcada en la vivienda que alquilaba, acá en Posadas.
Tiene nombre y apellido: se llama Cristina Vázquez. También tienen nombre y apellido los integrantes de una justicia cuestionada, machista, sexista, discriminadora, que la condenó.
No hubo, 20 años después, justicia ni para Erselida Lelia Dávalos, la mujer de 79 años que fue asesinada, ni para las dos mujeres a las que condenaron y encarcelaron sin pruebas que las incriminen por aquel caso: Cristina Vázquez y Cecilia Rojas.
Cristina Vázquez, lo diremos miles de veces hasta que la sociedad y sus verdugos la memoricen, terminó sus penurias con una soga al cuello. Cecilia Rojas, después de 14 años presa, fue liberada ahí está, contenida sólo por los suyos.
Este caso conmovió –sí, de verdad conmovió- a la parte comprometida de la sociedad que lucha contra estas y otras injusticias; conmovió a integrantes de colectivos sociales, a estudiantes, a gente de las leyes y de la justicia; a funcionarios, a políticos, a militantes; conmovió a los medios de comunicación de todo el país. A una cantidad impresionante de personas sensibles que lamentaron tanta saña judicial estatal contra una mujer que no pudo defenderse del sistema, de la discriminación, ni de la injusticia.
Enfrente, los que la condenaron sin pruebas, siguen sus vidas normales. No hubo mea culpa, ni pedido de disculpas y quizás solo podrá llegar alguna renuncia temprana para evitar el juicio político o las sanciones.
¿Eso es Justicia?
Cristina Vázquez pasó once años presa; Cecilia Rojas pasó 14 años presa. Dávalos fue asesinada hace 20 años.
Las coincidencias abruman, tanto como la falta de justicia: todos los sectores mencionados coinciden en la mirada sobre la justicia misionera, sesgada por prejuicios y estereotipos, por el sexismo, por el patriarcado; por la violencia institucional; por la ausencia del Estado y por la falta de compromiso del Estado.
A fines de diciembre Cristina Vázquez salió de la cárcel después que su defensa lograra demostrar las irregularidades de su condena. Lo decidió la Justicia Federal que anuló la sentencia de la Justicia misionera: “Yo quiero que esta causa, que estos once años que estuve presa siendo inocente sirvan para que los jueces, la Justicia misionera y la del país cambien, que simplemente hagan lo que tienen que hacer, que cumplan con la ley, con la Constitución, con los códigos”, dijo Cristina Vázquez apenas salió.
Los fantasmas y la depresión por tanta locura la llevó a la muerte, la semana pasada. Tenía sólo 38 años.
Acá nos preguntamos: ¿Quién va a responder por esta injusticia?