Hacen 200 años, Gaspar Rodríguez de Francia cerró las fronteras de Paraguay en nombre del desarrollo económico. Dos siglos después, una conocida pandemia cerró las fronteras de la gran mayoría de los países del mundo. Pero el capitalismo exige abrirlas, aún por sobre la salud de la población.

¿Se abren o no se abren las fronteras?
Ni.
El aire y el agua, sí; los pasos secos y los puentes, “el” puente, no.
El ministro de Turismo y Deporte argentino, Matías Lammens, anunció que desde noviembre podrán ingresar turistas de países limítrofes.
El ministro de Salud argentino, Ginés González García ratificó -acá mismo- que las fronteras terrestres de Misiones, con Paraguay y con Brasil, seguirán cerradas.
Desde Turismo explicaron que la apertura es para quienes lleguen al país por vía aérea y por el puerto de Buenos Aires.
Desde Salud, defienden el cierre de frontera sobre todo con los países con coronavirus endémico, como Brasil y Paraguay –e incluso el resto de nuestro país-, por lo que entienden que el manejo provincial ante este problema internacional se puede descontrolar si la provincia retoma la vida anterior a marzo.
Acá, el punto de análisis, frente al cierre prolongado que seguirá en el puente internacional que une Posadas con Encarnación y que el pueblo paraguayo junto a sus autoridades políticas reclaman que se abra para salvar su economía. La del otro lado, la economía de Encarnación. Esa economía.
Este cierre del intercambio –del paso, del comercio, del paseo- entre ambas orillas del Paraná -en estas latitudes- nos parece insólito aunque entendemos el marco sanitario que lo impone. Pero este cierre entre vecinos tiene un antecedente que lo rescata la historia, en aquellos años entre los que Argentina daba su primer grito de libertad y declaraba su independencia: la remota provincia de Paraguay llevó adelante un también insólito proceso independentista doble: frente a España y frente a Buenos Aires. Durante más de veinte años, el doctor en teología Gaspar Rodríguez de Francia –convertido por entonces en presidente o más bien en dictador perpetuo- cerró las fronteras de su país y gobernó en forma totalmente personal, desde su nombramiento como dictador, en 1814, hasta su muerte, en 1840.
Los historiadores dicen que para preservar la independencia de su país, Rodríguez de Francia tuvo mucho cuidado en no inmiscuirse en los problemas de las otras regiones, especialmente de las limítrofes. En sentido político, efectivamente buscó aislar al Paraguay de los desórdenes generalizados que caracterizaron al resto del continente.
Doscientos años después, los desórdenes generalizados que alcanzaron a todo el planeta, pandemia mediante, cerraron las fronteras.
Ahora Paraguay presiona por abrirlas, sobre todo acá en el Puente, después que lograron abrir las del oriente paraguayo con Brasil, donde comerciaron, el año pasado, entre -Ciudad del Este, Saltos del Guairá y Pedro Juan Caballero-, unos 3.500 millones de dólares durante el año.
En estos tiempos, las fuertes presiones encarnacenas por la apertura del paso internacional se sustentan en la necesidad que los comerciantes de esta región empiecen a trabajar e ingresen dinero al país. Las mismas razones por las que el Ministerio de Turismo argentino celebra la apertura de los cielos y del puerto de Buenos Aires: para que trabaje el sector e ingrese dinero.
Y como la reapertura de cielos y puerto es inminente, el ministro de Salud argentino advierte: con la circulación de personas, “lo importante es tener el sistema en vigilancia absoluta” porque sin aislamientos “se expande el virus y es allí donde adquiere otra velocidad y empieza a ser difícil controlar, como le está pasando a varias provincias”.
Está en la historia de la humanidad, como en la nuestra, ahora o hace 200 años: economía, política, salud; en el orden que prefieras.