¿Dejamos atrás un año de pérdidas, enormes, incuantificables? ¿De Esfuerzos, de miedos, de heroísmos, de tragedia? ¿De encuentros, de desencuentros, de encierro, de crisis, de oportunidades? ¿De Resignificación, de reflexión? ¿De cobardía? ¿De esperanza?

Lunes 21 de diciembre de 2020. ¿Qué año dejamos atrás? ¿“El año que vivimos en peligro”, como propone aquella inolvidable película de los 80 que habla de política, aventura y peligro en la Yakarta del año 1965.
¿Dejamos atrás un año de pérdidas, enormes, incuantificables? ¿De Esfuerzos, de miedos, de heroísmos, de tragedia? ¿De encuentros, de desencuentros, de encierro, de crisis, de oportunidades? ¿De Resignificación, de reflexión? ¿De cobardía? ¿De esperanza?
Cada tópico de esta reflexión tiene adherentes y quizás la gran mayoría que habita esta casa grande coincida que es un año para el olvido, de pausa, de angustia, de mucha tristeza. La pandemia disparó incertidumbre y se llevó la vida de 1,7 millones de personas en el planeta y enfermó de manera directa –hasta ahora- a casi 72,3 millones de personas… ¡personas! Vidas perdidas y enfermas que se diluyen en estadísticas, pero eran como él; como ella… como yo. Como vos.
Pandemia y economía; libertad y política; acuerdos, elecciones. Guerras. Tecnología. Otra vez economía.
China paralizó al mundo; Estados Unidos le dijo que no a la reelección del único presidente que en décadas no comenzó ninguna guerra; Rusia primereó con la vacuna; el Vaticano habló más de ambiente que de religión; Bolivia recuperó la democracia y Lula recuperó la libertad; Milagro Sala sigue presa.
La violencia doméstica creció. Los femicidios siguen llenando páginas de diarios; todavía hay personas gay que se suicidan; las máquinas voladoras del Viaje a las estrellas ya dan vuelta por el planeta; las monarquías siguen firmes en el viejo mundo y sus alrededores; la pobreza de Africa y de Argentina sigue ahí, sin que nos conmueva. Las calles argentinas siguen con genocidas sueltos y adultos que no conocen su identidad; las policías estatales sigue matando jóvenes y pobres; los comedores de la indignidad se multiplican; la iglesia sigue colonizando cabezas y la religión sigue oprimiendo corazones; todavía se abandonan animales; se abandonan hijos; todavía se abandonan adultos mayores.
Falta agua, comida, techo, trabajo. Todavía no hay justicia pero tampoco hay anarquía; todavía no terminó la revolución; la prensa centralista nos sigue cambiando miradas y expresiones, como nos cambió el “gurí” por el “pibe” mientras nos censura el todes.
El #DiegoEterno ya no es argentino. Y #Mafalda tampoco.
Y nosotros, ¿qué? ¿Sobrevivientes?
El balance será personal, como las proyecciones o las acciones que buscarán corregir postergaciones o pasos en falso. Seguramente buscaremos estabilidad: emocional, laboral, económica, afectiva.
Unos buscarán la paz de la ruralidad y otros las oportunidades de la urbanidad…
Enfrente, a la vuelta de la esquina, un nuevo tiempo nos espera. El desafío está en entrar mejores para rescatar aquellos valores que no cambian con el tiempo ni con la cotización del dólar: compromiso, esfuerzo, solidaridad. Palabras que no están vacías ni son acciones perimidas, como tampoco la pluralidad perdió el sentido.
Por estos lares seguimos mirando el mundo en Plural.
Elles. Ustedes. Nosotros. En Plural.