El equipo femenino de balonmano de Noruega desató la controversia: las jugadoras se negaron a usar el bikini reglamentario para esa disciplina: un top que deja la panza y el ombligo a la vista y un short súper corto que muestra mucho. “No más”, se convirtió en una campaña mundial que pide cambios urgentes ante la sexualización de los cuerpos femeninos.

Miércoles 4 de agosto de 2021. ¿Recién estamos entrando al Siglo 21? Nos preguntamos. ¿Recién empiezan los hechos que por la contundencia de su irrupción marcan los cambios? ¿Fue apresurado decir entonces que este siglo había comenzado el 11 de septiembre de 2001 con el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, cuando parecía fortalecido el terrorismo internacional?
¿Será el Covid y el tremendo impacto de la pandemia? Será la impensada y menos probable lucha del feminismo contra la sexualización berreta de los cuerpos que salió de los deportes olímpicos? Si, del deporte, y del deporte internacional. El espacio más machista del planeta y con tantos siglos de soporte detrás, sustentando el juego de la guerra, quizás el pasatiempo mejor conservado a los largo de la historia de varones menos valientes que idearon, en lugar de la batalla verdadera, la recreación del enfrentamiento para medir lo que en realidad se midió siempre.
La más larga.
A 20 años del comienzo del siglo, la pandemia de Covid19 y la protesta por exponer mujeres a competir con atuendos livianos que dejen ver sus tersas curvas y los cuerpos transpirados, la imagen más buscada y elocuente del varonerío planetario, parece traer cambios verdaderamente fuertes, y duraderos, como los que traen los cambios de siglos.
Bienvenido entonces, Siglo 21, un poco corrido en tiempo y forma pero no pasa nada; también se corrieron las estaciones del año y la adolescencia humana.
¿De qué hablamos?
El equipo femenino de balonmano de Noruega desató la controversia: las jugadoras se negaron a usar el bikini reglamentario para esa disciplina: un top que deja la panza y el ombligo a la vista y un short súper corto que muestra mucho.
Salieron a la cancha con otra ropa que no muestra nada y la Federación Europea de Balonmano las multó con una cifra cercana a los 1800 dólares. Nada desde lo económico pero fuerte desde lo aleccionador.
Después se sumó la delegación de gimnasia alemana que optó por atuendos cómodos y no sexualizados como los que usan los varones, que no muestran nada.
El reclamo no es nuevo, pero estaba tapado por los intereses comerciales que también acompañan las competencias, al mostrar –y exponer- cuerpos sexualizados y muy bien entrenados para los principales consumidores del planeta: los varones de todas las edades.
Y al reclamo se sumó, también de manera impensada, los Servicios Olímpicos de Difusión –la prenda olímpica- que informó que a partir de la tremenda repercusión mundial de la protesta de las deportistas, que en las coberturas (y cito textual): “Ya no se verá en nuestra cobertura las cosas que hemos visto en el pasado, con detalles y primeros planos del cuerpo”.
La prensa tomó la decisión. El Comité Olímpico todavía guarda silencio.
Pero el reclamo de las gimnastas se sustenta en la lucha contra la sexualización pero también aboga por sentirse cómodas, al asegurar que cada mujer debe tener el derecho de decidir con qué vestuario se siente cómoda para competir.
Reivindican el derecho de poder decidir qué usar. Por eso, algunas de las mujeres de otras disciplinas, defendieron los atuendos mínimos y livianos, porque les facilita el desempeño. De todas maneras, deportistas de otros países aplaudieron las protestas y el empoderamiento. La libertad para decidir y la actitud para derrumbar reglas o estereotipos que sexualizan el deporte femenino para la platea mayoritariamente masculina.
Estos Juegos Olímpicos son los primeros que se realizan luego de que Larry Nassar, un exmédico del equipo nacional de Gimnasia de los Estados Unidos fue condenado a 176 años por abusar sexualmente de cientos de gimnastas. Muchos atletas, algunos de talla olímpica, hablaron sobre el abuso y la cosificación de las mujeres jóvenes y las niñas en el deporte, después de estas protestas.
El Siglo 21, parece, que se va fortaleciendo.