Las elecciones legislativas no sólo ponen en juego modelos o disputas en términos ideológicos o partidarios, sino la necesidad de potenciar la voz federal en el Congreso de la Nación. La Argentina siempre vivió una realidad en donde los temas que sucedían dentro de la General Paz y el Riachuelo tenían una importancia desmedida en la conciencia nacional. Precisamente más allá del modelo de distribución, lo que está en disputa es revertir esa imposición de lo porteño como totalidad de la Nación. ¿Para qué necesita diputados Misiones? La opción es levantar la mano por mandato o en defensa de los derechos de la provincia.

Domingo 8 de agosto de 2021. Desde lejos no se ve: las elecciones primarias del 12 de septiembre que habilitan a las legislativas del 14 de noviembre en provincias, como Misiones, no sólo ponen en juego modelos o disputas en términos ideológicos o partidarios, sino por la necesidad de potenciar la voz de los misioneros en el Congreso de la Nación.
“Desde lejos no se ve”, es el título de una nota que hace referencia a la atención que ganó Santa Fe en el escenario nacional a partir de la inscripción de dos listas del Frente de Todos que enfrentará en las Paso al kirchnerista Agustín Rossi contra el gobernador Perotti que tiene todo el respaldo de la Casa Rosada y de Cristina Kirchner. Desde lejos no se entiende. Por eso en la nota, escrita por Miguel Gómez, de Fundamentar, se demuelen las categorías de análisis que se hacen desde Buenos Aires, tanto en los medios como al interior del FdT.
“Lo primero que debe decirse es que en la política argentina (así como en tantos órdenes de la vida social) existe una tendencia persistente a entender los problemas (y las soluciones) nacionales con la lógica que se subsume en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, destaca el analista político.
La cita pone en evidencia que la cuestión federal subyace en todos los debates nacionales y refuerza los fundamentos del Frente Renovador de la Concordia para postular candidatos propios en las elecciones con el objetivo de potenciar la voz de los misioneros en el Congreso.
Primero Misiones y defender la cosmovisión del misionerismo cobran así significaciones que trascienden las consignas.
Esa lógica que subsume todos los problemas nacionales a la impronta de los porteños explica la postergación de derechos (más que reclamos) de Misiones a las que, tanto desde el neoliberalismo como del populismo se le negaron sistemáticamente el gasoducto, a reconocer una tarifa diferenciada de energía eléctrica o de combustible, y como explican los candidatos Carlos Fernández y Claudia Gauto, nunca reglamentaron el artículo 10 de la ley de Pymes, negaron el derecho a tener una asignación extraordinaria por el cuidado del medio ambiente y la baja coparticipación per cápita, y vetaron la zona aduanera especial que se aprobó en el Congreso de la Nación, entre otras cuestiones.
Desde lejos no se ve. Estas realidades de provincias no sólo se manifiestan en Misiones. La Casa Rosada ni el Instituto Patria entienden Santa Fe, como no lo entienden en las tiendas de Juntos por el Cambio ni siquiera en los medios que se dicen “nacionales” porque emiten desde el Puerto.
No entienden Santa Fe como no entienden Misiones. Tampoco Neuquén. En su nota, el analista santafesino hace mención a un trabajo de la politóloga María Esperanza Casullo que plantea que el porteñismo ha tenido la capacidad (y la soberbia) de instalar nacionalmente el concepto de que cuando se nomina a “la ciudad” se refiere a CABA, y que cuando se utiliza el término “la provincia” refiere al distrito gobernado por Axel Kicillof; como si no existieran otras ciudades y provincias en la Argentina.
Casullo afirma que al pluralizar la discusión en términos ideológicos se pierde “gran parte de lo bueno que sucede en nuestro país, que es inmenso”.
Decía en Cenital que “la Argentina siempre vivió una realidad en donde los temas que sucedían dentro del polígono delimitado por la General Paz y el Riachuelo tenían una importancia desmedida en la conciencia nacional. Pero, en este momento actual, es sencillamente imposible que algún tema de actualidad que suceda por fuera del triángulo conceptual delimitado por la nación-la ciudad-la provincia logre penetrar la esfera pública”. Y sostiene que “esta situación no se da sencillamente por generación espontánea. Es cierto que responde a una estructura centralizada de más de un siglo… la primera consecuencia del status quo actual es, por supuesto, la asimetría tremenda que sufren los habitantes de las ciudades y provincias que no son ni la ciudad ni la provincia para que alguien vea y resuelva sus problemas”.

Ver nota del 25 de abril: Argentina, una nación con una ciudad y una provincia

Qué pone en juego las elecciones
Estas referencias podrían completarse con la impotencia de toda Salta que acaba de sancionar una ley prohibiendo vender fuera de la provincia la materia prima forestal para promover la industria provincial. Ya chocará con fallos de la Corte Suprema que no temblará en resolver su “inconstitucionalidad” con los mismos argumentos que volteó en 2015 el envasado en origen de la yerba misionera.
La influencia de los medios, que son parte constitutiva de la cultura hegemónica del unitarismo porteño, reduce las opciones del votante a la tensión entre el neoliberalismo y el populismo. Pero la realidad es más amplia que ese reduccionismo ideológico.
Aunque la Renovación no es neutral en esa pulseada entre modelos, ya que a pesar de los escasos recursos nacionales, en base a una política tributaria progresista ha invertido en Salud, en investigación para el desarrollo, en sostener una agricultura con agricultores y en innovaciones como el Parque Tecnológico, como expresión de un amplio arco de la sociedad misionera interpela la realidad desde los hechos. Es un dato de la realidad concreta que Misiones siempre fue postergada esté quién esté en la Casa Rosada.
Como sostiene el economista Claudio Scaletta: “en Argentina a izquierda y derecha se enfrentan dos coaliciones redistributivas. Por derecha se cree que alcanza con transferir ingresos en favor del capital, como hizo el macrismo, por izquierda que alcanza con redistribuir ingresos en favor de los trabajadores. Con prescindencia de los gustos, ambas visiones están equivocadas. La única manera de mejorar las condiciones de vida de las mayorías es aumentando la productividad, producir más, exportar más y sustituir importaciones”.

¿Cómo se rompe ese círculo vicioso? La renovación sostiene que haciendo escuchar la voz de las provincias en la toma de decisiones. Tener diputados y senadores que influyan en la elaboración del Presupuesto, en los programas de desarrollo y de equidad en la calidad de vida en todo el territorio nacional.
Es lo que entiende está en juego en la convocatoria al pronunciamiento popular de septiembre y noviembre.

La lógica de los partidos “nacionales”
Para romper con la dependencia del porteñismo como cultura, la categoría de lo “nacional” debe invertir la lógica de los partidos manejados desde Buenos Aires. Para ser democrático, lo nacional debe seguir el camino de las provincias al centro, y no a la inversa.
Desde esta perspectiva, entre los tres Frentes y dos Partidos que participarán en las PASO, las dos veredas, la verdadera alternativa, no es ideológica, sino institucional: la defensa del federalismo. En campaña la Renovación tiene el desafío de hacer docencia en ese sentido.
Poner luz sobre la contradicción que no pueden ocultar los candidatos de los Frentes que son orgánicos con los mandatos de Buenos Aires. La simple pregunta: ¿a quién van a obedecer en el Congreso?: a la bajada de línea de su bloque o a las demandas de los misioneros por sus derechos que, muchas veces entran en contradicción con la estrategia de los porteños. Zona Aduanera Especial, es el ejemplo.
Así, la Renovación como expresión del misionerismo se encuentra ante el enorme desafío de seguir creciendo, lograr la mayor cantidad de diputados nacionales con el objetivo de instalar una agenda propia en la Cámara de Diputados de la Nación, no exclusivamente de Misiones sino de las provincias del interior que siempre están olvidadas y nunca fueron prioridad.