El ingenio azucarero misionero produjo este año unas 13 mil toneladas de caña convencional, 450 mil kilos de azúcar y 13 mil de alcohol en gel. Involucra a unas 17 mil personas, de manera directa e indirecta. Comenzó a operar en la década del 50. Quebró en los 90 y el Gobierno misionero la expropió en 1996. Desde el año pasado, pandemia mediante, además de azúcar, producen alcohol sanitizante y en gel.

Por Alejandro Fabián Spivak

Lunes 9 de agosto de 2021. El Ingenio Azucarero de San Javier produce azúcar orgánica rubia, alcohol, alcohol sanitizante y en gel, con maquinarias que llegaron desde Brasil en la década del 50 del siglo pasado. El año pasado, el gobernador Oscar Herrera Ahuad solicitó que el organismo -que depende del Instituto de Fomento Agro Industrial (IFAI) del Gobierno- cambie su matriz productiva en el marco de la pandemia de coronavirus, donde surgió la necesidad de contar con alcohol en distintas presentaciones.
Los alcoholes están destinados exclusivamente a hospitales, centros de salud, escuelas, municipios, fuerzas de seguridad provinciales y nacionales, bomberos, complejos turísticos y parque provinciales. El azúcar, en tanto, se comercializa tanto en Misiones como en otras provincias.
El alcohol se destina exclusivamente “a la salud pública de los misioneros. En tiempos de pandemia se produjo más de 330 mil litros de alcohol que se enviaron al Laboratorio de Especialidades Medicinales para luego distribuirlos”, explicó a Misiones Plural el presidente del IFAI, Marcelo Rodríguez. El laboratorio estatal fracciona y produce alcohol en gel para los centros de salud, una acción que monitorea el Ministerio de Salud Pública provincial.
La industria azucarera involucra a unos 500 productores y cerca de 200 fleteros. Para este año calculan unos 120 días de zafra. La molienda de azúcar se lleva a cabo en tiempo y forma. “Lo importante es que el ingenio muela, que no tenga paradas, porque cuando tiene paradas se empiezan a juntar muchos camiones -con la materia prima- y la caña pierde un ritmo importante”, explican los trabajadores.
La tarea está organizada: primero, el productor recibe su turno de corte en la chacra, para tres o cuatro cargas. Cuando la caña está apta para el proceso, recibe un turno para la zafra. Tienen prioridad, los productores de zonas bajas que están expuestos a las heladas.
En el proceso, el ingenio obtiene de la caña los azúcares orgánicos que se empaquetan en bolsas de 25 kilos y también el tradicional paquete de un kilo del Alto Uruguay. “Ahora pusimos en el mercado los nuevos saquitos de azúcar para el café, de cinco gramos; también obtenemos el alcohol a 96 grados, de excelente calidad, que pasa por otro proceso para convertirse en alcohol sanitizante, de 70 a 30 por ciento; y por otro proceso para obtener alcohol en gel”, precisó Rodríguez.
El ingenio es una industria madre que involucra a varios municipios de la zona, donde unas 17 mil personas viven directa o indirectamente de la industria azucarera misionera, producto de las 1500 hectáreas de caña de azúcar implantada.
En 2003, el entonces gobernador Carlos Rovira decidió continuar con esta actividad. Le sucedieron con el mismo criterio los gobernadores Maurice Closs, Hugo Passalacqua y Oscar Herrera Ahuad. “Es el único ingenio que queda en pie en la Argentina, por decisión política. La cuenca cañera está trabajando con intensidad; la producción es totalmente misionera”, explica el funcionario.
En ese sentido agregó que la molienda fue de 13 mil toneladas de caña convencional y la producción alcanzó a 450 mil kilogramos de azúcar y 73 mil litros de alcohol al 96%. “La inversión del Estado provincial, en estos cuatro meses de zafra, llegará a los 100 millones de pesos que van a la producción y al bolsillo del productor como esfuerzo del Gobierno que atiende a todo el sector productivo y todo el proceso que significa poner en funcionamiento un ingenio tan antiguo como este, donde se invierte en aprestamiento, la carga fabril y la mano de obra calificada que tienen nuestros trabajadores”, explicó.
En lo que va de esta zafra, recibieron más de 16 mil toneladas de caña. La zafra dura cuatro meses; pagan 2990 pesos por tonelada, más un adicional del 23% denominado de “dulzura”, que se traduce en 3640 pesos la tonelada, con valores que están por encima de los que paga Brasil y Paraguay a sus cañeros, dijo, para asegurar además que están “al día en el pago a productores, proveedores, operarios; esto muestra que llevamos adelante una gestión seria, responsable, ordenada y eficaz”.

Desde 1950

El cultivo de caña de azúcar en Misiones comenzó en la década de 1950, cuando instalaron en San Javier el ingenio azucarero que funcionó bajo la figura de Empresa Cooperativa hasta fines de la década del 90, cuando a instancia de la situación económica de entonces, la firma quebró y fue recuperada por el Gobierno misionero.
Sus máquinas fueron “importadas” de Brasil en 1950 y siguen en funcionamiento.
A partir de la crisis social y económica que provocó el cierre en nueve municipios de la zona, en abril de 1996, el Gobierno expropió el establecimiento y dispuso su reactivación bajo la órbita del Instituto de Fomento Agropecuario e Industrial (IFAI). “Las condiciones imperantes, aconsejaban una transformación de la producción tradicional, seleccionando nuevas alternativas que se orientaran a lograr un producto final requerido por mercados selectivos y menos competitivos, con mejores precios y por ende mayor retribución a los productores”, planteó entonces la Ley. Del diagnóstico surgió, como alternativa más conveniente, la producción de azúcar orgánica rubia.
En 1999 lograron el azúcar orgánico como principal producto final, con una calidad demostrada por los resultados del análisis, cumpliendo con los parámetros más exigentes de los mercados internacionales, y avalado por las exportaciones del máximo porcentaje de lo producido, a países de la Comunidad Europea.
Hoy, bajo la dirección del Ifai un laboratorio debidamente equipado y dirigido por profesionales y técnicos especialistas, realiza permanentemente análisis de cada etapa del proceso a la vista, velando los resultados y provocando la requerida regulación para lograr la excelencia en el resultado final, aseguran.