La sociedad está harta de la grieta que impide consensos. Un estudio sobre la opinión pública en Misiones realizado por el equipo de Analía del Franco y que se difundió ayer registra una caída en la intención de votos en las PASO tanto en Junto por el Cambio como en el Frente de Todos. Crecen la Renovación, los libertarios y la izquierda. La decadencia argentina demanda superar la concepción política “amigo – enemigo” que alimenta la falsa opción neoliberalismo – populismo. El desafío de las provincias es hacerse escuchar en el Congreso Nacional.

Domingo 22 de agosto de 2021. La sociedad está harta de la grieta. Un estudio sobre la opinión pública en Misiones realizado por el equipo de Analía del Franco y que se difundió ayer registra una caída en la intención de votos en las PASO tanto en Junto por el Cambio como en el Frente de Todos.
Los discursos de Alberto Fernández y Cristina Kirchner cargando las tintas en la pesada herencia que dejaron los cuatro años de neoliberalismo y la respuesta de Mauricio Macri responsabilizando al kirchnerismo de todos los males, ya no generan la misma polarización en las adhesiones. Según varias mediciones realizadas en el centro del país, más del 65% de los encuestados se muestra más preocupado por la inflación y sus ingresos que en la pandemia. Además, el 35% no cree que ni el Gobierno ni que JxC estén preparados para reactivar la economía post pandemia.
Es un escenario impensado meses atrás y que en Buenos Aires se traduce en el crecimiento de los libertarios de Javier Milei y del Frente de Izquierda. Ganan votos de los desencantados con el Gobierno peronista pero que no olvidan el desastre, fundamentalmente la deuda y la pobreza, que generó el Gobierno anterior.
Este mismo escenario en provincias como Misiones donde existen organizaciones construidas fuera de la grieta, favorece también a los espacios como el Frente Renovador de la Concordia.
Precisamente, la nueva encuesta de Analía del Franco registra un crecimiento en la intención de votos a la renovación, que llega a una intención de más de 50 puntos. Segundo, ubica a Juntos por el Cambio con una caída con relación a las provinciales de junio, pero con un piso cautivo del 15%. La misma caída se registra en las adhesiones al Frente de Todos afectado fundamentalmente por la economía y por la pérdida de credibilidad de la palabra del Presidente, por la difusión de la foto de la fiesta que realizó la primera dama el día de su cumpleaños en Olivos, en plena cuarentena. El 100% de los encuestados estaba informado del hecho. Es cierto que afecta fundamentalmente al Presidente, pero también arrastra a toda la política. En Plural publicamos el análisis del sociólogo Daniel Feierstein, quién sostiene que en un proyecto político cuya razón de ser es la reconstrucción de la confianza en la palabra pública y en el Gobierno como herramientas de expresión de las necesidades de quienes más sufren, la foto del cumpleaños en Olivos en días en que regían las medidas de restricción tiene un peso simbólico y político importante, y constituye una afrenta a quienes hicieron sacrificios extremos en la mayor catástrofe vivida en nuestra historia. Y concluye que el episodio alimenta el creciente avance de la antipolítica. No creen tampoco en la inocencia de los denunciantes. Asimismo, ya Macri, Vidal y las primeras figuras del PRO jugando a expresar ese sentimiento cualunquista de la sociedad, tampoco es creíble.
Por eso el trabajo de Del Franco registra un crecimiento tanto del Partido Obrero y de Libertad Valores y Cambio que habían hecho una buena elección en junio. Diríamos que son las agrupaciones que pueden tirar la piedra porque nunca tuvieron responsabilidades de gobierno.
De tanto interpelar a la sociedad desde el fundamentalismo liberal (neo), Juntos por el Cambio creó su propio fantasma. La dirigente liberal Ninfa Alvarenga, una mujer que nunca se ganó la vida en el Estado, y es una empresaria que con sus impuestos le paga el sueldo a los otros liberales, se puede dar el lujo de prometer “cambios reales, no como los truchos del cambio” y cuestionar el híbrido de la experiencia macrista, que nunca cumplió ni siquiera con la reducción del gasto público. Al contrario, se endeudó y desde un pragmatismo neoconservador incrementó los planes sociales para lograr una paz, siempre inestable, en la construcción de puentes con los movimientos piqueteros. Todavía hoy, algunos de los que cortan rutas se referencian con Carolina Stanley.
Los índices de pobreza y desocupación, como la falta de trabajo, son realidades sobre los que el FIT va ganando adhesiones. El candidato Eduardo Cantero es claro al señalar la responsabilidad de FdT en el ajuste y les niega su representación de la clase trabajadora. “El objetivo es construir una alternativa política para los trabajadores frente a estos tres referentes clásicos en Misiones que son el Frente de Todos, Juntos por el Cambio y el Frente Renovador”, dice metiendo a todos en la misma bolsa, diríamos burguesa.

La grieta: alimento y destrucción
Si Macri le debe su popularidad a Cristina por haberlo elegido como enemigo en 2015, aliados del PRO en Cambiemos le reprochan lo mismo a Macri: victimizarla con las persecuciones judiciales y mantenerla vigente en el centro de la política argentina.
Si bien hay mucho reduccionismo en esas interpretaciones, lo cierto es que pareciera que existe un manual de la grieta. Enseña que no hace falta tener propuestas para construir un país mejor porque alcanza con atacar al rival.
Esta forma de hacer política se especializa en echar la culpa al otro.
No es un invento argentino. En “El concepto de lo político”, el alemán Carl Schmitt antes de la Segunda Guerra Mundial ya había analizado la fórmula “amigo y enemigo” en la manera de hacer política, lo que explicó la lógica del poder del nazismo. Esa fórmula se plantea el propósito de eliminar al enemigo. En los primeros años de este siglo, por medio del argentino Ernesto Laclau, el filósofo del kirchnerismo, se conoció la actualización de esa fórmula en el trabajo de su cónyuge, la politóloga francesa Chantall Mouffe. Reformuló la teoría para convertir al “enemigo” en “adversario” y transformó la “eliminación material” en “eliminación política”. Pero eliminación al fin.
Es una forma de hacer política. Es la grieta. El problema es que destruye la solidez y toda posibilidad de consensuar políticas de Estado. Genera inestabilidad.
Raúl Timerman reveló esta semana que Alberto Fernández tuvo una aprobación del 82% cuando sentaba a su derecha a Rodríguez Larreta, a su izquierda a Axel Kicillof y el aparecía en el centro en los anuncios durante los primeros meses de la pandemia.
Ese alto nivel de adhesión demuestra que si bien la sociedad cae en la trampa de la polarización en las elecciones generales, siempre valora los consensos.
Más allá de la devaluación de la palabra del Presidente, por la fiesta en Olivos y por decisiones como el veto a la Zona Aduanera Especial para Misiones, que había prometido, la caída de la imagen es consecuencia del cambio de eje en su discurso, de gran componedor otra vez a la grieta. A los discursos encendidos contra Macri.
Como se destacó es una fórmula para ganar votos. Pero encierra una cuestión más grave. Es en la grieta donde, tanto JxC como el FdT construyen identidad política. Se es en función de diferenciarse del otro. Siempre ponerse del lado del Santo en contra del Demonio.
Por eso esta forma de hacer política termina atentando contra cualquier cambio estructural que atenta contra el desarrollo argentino. La decadencia de nuestro país es indiscutible. Es cada vez más desigual, relativamente más pobre, tanto al compararse con el mundo desarrollado como con los países de América Latina. Crecemos menos que nuestros vecinos, tenemos la inflación acumulada más alta del mundo.

De la grieta se sale con más federalismo
Si las encuestas señalan que el principal problema de la Argentina es la inflación, la falta de trabajo y la pobreza, y al mismo tiempo registran que la sociedad no confía en los frentes de la grieta, lo que está expresando es que el problema de Argentina es esencialmente político. Sistémico e institucional.
Es cierto que hay dos modelos de distribución enfrentados. Pero el kirchnerismo y el macrismo vivieron de la renta agraria. Son dos coaliciones que a izquierda y derecha se enfrentan dos concepciones redistributivas. Por derecha se cree que alcanza con transferir ingresos en favor del capital, como hizo el macrismo; por izquierda que alcanza con redistribuir ingresos en favor de los trabajadores. Y los dos esquemas chocan con las restricciones externas.
¿Por qué no se puede romper esta espiral de decadencia?
Porque lo que está herido es el sistema.
Porque en el terreno de la grieta hay verdades absolutas.
Es la gran diferencia con un abordaje sistémico en que la construcción de lo nuevo debe incluir las voces de todos. Escuchar a Misiones para conocer su realidad de territorio inserto entre dos países y con largas fronteras. Escuchar a Santa Fe antes de firmar decretos por Vicentín, unir a Mendoza y La Pampa por el Portezuelo, Escuchar a Santiago del Estero, provincia que el neoliberalismo había decretado inviable; escuchar a la pampa gringa de Córdoba. Es decir, escuchar al país real.
Precisamente es lo que de verdad está en juego en las primarias y las legislativas: hacer valer las voces de las provincias en el Congreso de la Nación.

EV – Misiones Plural