Es en la Argentina de la pandemia, donde los enormes roedores anfibios y vegetarianos muy conocidos en Sudamérica y célebres personajes de internet, son protagonistas impensados de un conflicto que los enfrenta con los siempre polémicos habitantes de un exclusivo barrio de lujo de la provincia de Buenos Aires.

Jueves 26 de agosto de 2021. La exitosa comedia romántica Atrapado en el tiempo, protagonizada en 1993 por Bill Murray, tiene buena parte de la culpa de haber popularizado en todo el mundo el Día de la Marmota, una fecha que se celebra en un pueblo de Pensilvania, cada 2 de febrero de 1887, es decir, desde hace 134 años.
En la película, Murray interpreta a Phil Connors, un arrogante y cascarrabias hombre del servicio meteorológico al que envían junto a su equipo de televisión, por cuarta vez, a cubrir el festival de la marmota. En la película, el protagonista se ve obligado a repetir una y otra vez ese 2 de febrero en un ciclo infinito.
Cada día, a las 6 de la mañana, se despierta en la misma cama del mismo hotel con la radio en la mesita emitiendo la misma canción y el mismo mensaje de los locutores –”¡excursionistas, arriba!”– recordando a todo el mundo que hoy es, una vez más, 2 de febrero, Día de la Marmota. Solo cuando muchos, muchos días después Phil aprende a ser humilde, empático y comprensivo, consigue la redención y logra romper su círculo vicioso.

Guarden este dato: la marmota es un roedor.

En 1925, el crítico de arte alemán Franz Roh definió a un estilo de pintura como realismo mágico, idea que terminó definiendo al movimiento literario latinoamericano de mediados del siglo XX, con referentes como Miguel Ángel Asturias, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Isabel Allende o Laura Esquivel, mezcladores de maravillas y realidad al fusionar mitos y leyendas con la vida cotidiana características de nuestro continente.
En la literatura y otros en el cine, como la película del día de la marmota, un roedor, dijimos.

Por estos días, el realismo mágico supero a cualquier momento del Macondo de Cien Años de Soledad, del inmortal García Márquez; o de cualquier pincelada de tradición imperante en algunos hogares mexicanos de principios del siglo XX, como los que retrató Laura Esquivel en la novela Como Agua para Chocolate.

Es en la Argentina de la pandemia, donde los enormes roedores anfibios y vegetarianos muy conocidos en Sudamérica y célebres personajes de internet, son protagonistas impensados de un conflicto que los enfrenta con los siempre polémicos habitantes de un exclusivo barrio de lujo de la provincia de Buenos Aires.
Carpinchos en Nordelta se llama la obra.
Carpincho, capibara, poncho… los roedores más grandes, durante años, convivieron pacíficamente como parte del paisaje, acostumbrados a moverse en manadas por la zona residencial, sus calles y jardines. Pero hace unos días mordieron a una pequeña perra schnauzer llamada Oreo y derribaron a un motociclista.
Y se disparó la novela en clave de sainete y lucha de clases, esta vez ni en la literatura i en el cine, sino en los medios y en las redes sociales, con una inesperada adhesión nacional a favor de los ratones, de los roedores, de los capibaras, claro.
Porque la historia desnuda un problema: el asentamiento humano en un humedal, el hábitat preferido de los carpinchos, que en este caso, al regresar a Nordelta favorecieron el regreso de otras especies. Regreso, dijimos, porque estaban ahí, antes de loteo y los uniformes celestitos de las sirvientas, que tanto gustan exhibir algunos nevos ricos.
En los 90, cuando comenzó el barrio, no había carpinchos porque los cazaban para hacer alpargatas y botas chetas; ahora están protegidos, o casi protegidos y son parte del paisaje, aunque dice que su presencia se volvió insostenible porque destruyen jardines y causan accidentes viales. Algunos vecinos piden reducir la población -de carpinchos, no de humanos- pero los especialistas advierten que no es viable trasladarlos a otras regiones donde ya hay grupos establecidos.
El Gobierno de la Provincia de Buenos Aires ofreció un plan de solución, pero el conflicto sigue, como los memes en internet, que no descansan con este tema.

En Pensilvania, el protagonista de la película de las marmotas, logra superar su problema, dijimos, cuando aprende a ser humilde, empático y comprensivo.
El realismo mágico de estas historias improbables de roedores demuestran que las marmotas no eran el problema; y que los carpinchos, tampoco.