El turismo debe accionar en conjunto porque los reclamos sectoriales no traccionan. Y menos en Iguazú, donde los grandes emisivos deben entrar a jugar adentro, con el turismo doméstico, al menos hasta sortear la crisis. Juntos, o no hay salidas, propone el autor de este artículo.

Por Jorge Posdeley (*)

Jueves 16 de septiembre de 2021. Parece que la pandemia no termina nunca para el destino Cataratas del Iguazú. Hace pocos días, el Gobierno nacional confirmó la reapertura de varios corredores internacionales con la noticia de que Puerto Iguazú no forma parte de esos corredores.
Iguazú quedó excluida.
En este marco de aislamiento, el destino más importante de la región cumplirá 11 de ser reconocida como una de las Nuevas Siete Maravillas Naturales del Mundo y la ciudad que contiene al turismo en torno a esta maravilla, Puerto Iguazú, fue calificada por un referente del sector como una de las “ciudades más feas del país”.
“Iguazú no sé si no es una de las ciudades más feas de nuestro país”, fue la calificación (¿definición?) de la representante del Litoral de la Federación Argentina de Agentes de Viajes y Turismo de Argentina (FAEVyT), la empresaria local Margarita Valentí de Semilla. Esa calificación se convirtió en el disparador de la opinión pública y de los medios de comunicación de Puerto Iguazú y de Misiones, además de las redes sociales, para cotejar y medir opiniones válidas que ayuden a reconstruir las fortalezas de ese destino turístico muy golpeado, que intenta de nuevo -poco a poco- posicionarse entre las preferencias de los mercados.
Por el momento, hay muchas críticas -mucho más de lo normal-, pero poco compromiso. “Por favor, no aclaren más que oscurece”, repite un viejo adagio.
Pero esta aseveración, crítica y (des)calificación proviene del corazón de la representación de una de las históricas empresas (EVT) de carácter emisivas (sacaban turistas, no traían turistas) y, a la postre, unos de los sectores de la economía turística más perjudicados por el Covid19 que busca su resiliencia en nuevas oportunidades de negocios, producto de la trasformación de su actividad principal: pasar de liderar viajes por el mundo a reconvertirse -seguramente por ahora y mientras dure el aislamiento internacional-, en operadores del turismo doméstico, un mercado altamente atomizado y competitivo, masivo pero económico a la vez, con una marcada estacionalidad y también muy poco conocido para las empresas mayoristas y emisivas.
Vender paquetes al turismo doméstico como alternativa comercial para paliar la situación económica –ergo, una mutación de mercados por necesidad-, no convierte a los agentes del turismo masivo en receptivo. La gestión del turismo receptivo es mucho más que vender destinos nacionales; ser receptivo significa involucrarse con el desarrollo sostenible de los destinos, es decir, ser parte del destino con sus ventajas y con sus problemáticas.
Pero el problema no es local. Esta situación de reconversión –quizás solo momentánea- de las EVT no es una casualidad porque un gran número de agencias emisivas y mayoristas del mundo –por conveniencia productiva- aparecen hoy en los listados que comercializan destinos nacionales o destinos domésticos. Estos cambios repentinos responden a los resultados que apuntan a sostener las nuevas normalidades del turismo que se plantearon en plena pandemia y que muestran que los destinos alternativos de naturaleza y de baja concentración de personas se posicionan mejor en esta nueva normalidad.
El turismo interno argentino apunta a crecer en 2021 en un 14% más respecto a 2019 (porque en 2020 el turismo interno se desplomó un 58 por ciento respecto al año anterior; y los viajes al exterior de los turistas nacionales -por todas las vías- registraron una caída por tercer año consecutivo). El turismo nacional aparece entonces como la única alternativa para la venta más próxima dentro de las restricciones de mercado y de las políticas de distanciamiento social imperante al momento (Fuente S&M).
En esta nueva normalidad, la empresaria posadeña y vicepresidenta de la región litoral de la FAEVyT, se mostró preocupada por la situación actual del turismo en Puerto Iguazú y dijo que esa ciudad “debería ser (parte de una) política de Estado” y que “se hace necesario revalorizar al destino”. Quizás en esos postulados tenga coincidencia plena con las opiniones de todo el sector, pero este momento de inflexión es muy importante porque -a priori- aparecen viejos problemas que necesitan de todos para resolver las cuestiones de fondo, como la necesidad de replanificar el destino de Maravilla con la responsabilidad de todos los obrantes del sistema turístico y que además apuesten a un futuro cercano de la mano de un destino más sostenible y más amigables a los nuevos mercados alternativos. También, con políticas que favorezcan a las comunidades permitiendo además el involucramiento y al crecimiento de la mano de obra local, aunque todo esto -esto por ahora-, es pura ambición. Aunque también es vieja ambición.
Los prestadores de servicios turísticos a través de sus representantes por rubro depositan en el sistema turístico la “gestión política compartida de los destinos”, Estado, empresarios y comunidad. La presión de la crítica desde afuera hacia adentro es intrascendente; la verdadera crítica toma fuerza cuando se discute adentro del sistema con los representantes de los demás sectores y con los responsables de las políticas. Desde adentro de la representación hacia afuera, es posible realizar cualquier cambio con la anuencia política y, es ley, en ningún caso se negocia los cambios por afuera de la superestructura turística. Es así o, por lo menos, debería de ser así.
Llegará el momento de analizar a la super estructura turística del destino y sus responsabilidades directas e indirectas en la gestión del destino.
La pandemia también pudo ser la excusa perfecta para rever el perfil de nuestro principal destino, definir mercados prioritarios para salir de una vez y entre todos a posicionarnos en los mercados metas. Pero para eso se necesita tener una super estructura, fuerte y fortalecida por la necesidad de nacer a los mercados y a vender el destino, lo que nos es pura casualidad sino el resultado de una construcción que durante mucho tiempo solo miró las ecuaciones de las ventas. Entonces ahora se hace más que necesario fortalecer la super estructura turística existente y sumar la inclusión de instituciones del tercer sector social, como asociaciones ecologistas, sindicatos, sociedades de fomento y Organizaciones No Gubernamentales, buscando mayor representatividad con responsabilidad y equidad social.
Para cualquier destino turístico es de suma importancia que la superestructura turística cumpla sus funciones; es necesario entonces que existan mecanismos de articulación entre los diferentes sectores y subsectores. La acción conjunta de las instituciones hace posible que el desarrollo de la actividad se oriente hacia sus efectos positivos y se minimicen los efectos negativos. La contribución del turismo al desarrollo local dependerá de que esta articulación se concrete y se trabaje de manera conjunta.
Para que la actividad turística funciones de manera adecuada resulta necesaria la cooperación y coordinación entre el sector privado, las organizaciones gubernamentales, no gubernamentales y la comunidad.
Como vemos, la representación de los agentes de viajes ya definió su postura; lejos de contribuir, apostó a la crítica. El Estado municipal deberá apostar al desarrollo y al mejoramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos y resolver, con carácter de urgente, las obras de infraestructura básica para el mejoramiento de la comunidad en su conjunto porque su responsabilidad está tardando más de la cuenta.
El Estado nacional deberá escuchar las propuestas de reapertura de la frontera de Iguazú Argentina con Foz de Iguazú Brasil dentro de los denominados “corredores seguros” que por ahora, parece, seguirá cerrado mientras otros se abren.
La conformación de la super estructura turística no responde a caprichos académicos sino que se conforman a priori para fijar las políticas del sector en su conjunto y con miras a resolver las necesidades y las problemáticas estructurales que afectan a todo el clúster turístico, directo, indirecto y diferido.
La solución viene de la mano de la construcción acordada; nada se resuelve de manera aislada sino entre todos y con todos. De lo contrario seguirá ocurriendo lo mismo, con las políticas de sálvense quien pueda o el que más resto tenga.
Por lo pronto, vecinos autoconvocados se estarán movilizando en la Rotonda de acceso a Puerto Iguazú en reclamo de la reapertura del puente Internacional Tancredo Neves. Es un hecho, pero este hecho, una vez más, es un reclamo sectorial.

(*) Magister en Turismo. Docente universitario de Turismo.