El productor de alimentos y gestor cultural, Kevin Morawicki, repasa en Plural TV las fortalezas y dificultades de la producción desde una pequeña chacra en Garuhapé, dentro de lo que se conoce como agricultura familiar. Entiende que tanto su práctica sustentable como la producción tradicional están bien encaminadas. “De hecho, que Misiones haya aumentado un 20% el consumo de combustible me parece que da cuenta del aumento en la mecanización en el agro”, explicó.

Viernes 1 de octubre de 2021. Kevin Morawicki es productor de alimentos. Antes y ahora también, gestor cultural, licenciado en Comunicación y docente universitario. Inquieto, produce con las manos en la tierra y con las manos en la cultura. No le gusta la grieta ni el Boca – River para la producción tradicional versus la producción orgánica aunque no utiliza químicos en sus frutas y verduras que, lentamente, va logrando colocar en el mercado misionero, desde su Puerto de las Canoas, ahí donde el arroyo Garuhapé desemboca en el río Paraná.
“Veo bastante bien a la agricultura tradicional de mis vecinos; a la yerba y a la mandioca le va muy bien; veo que progresan y me pone muy contento. Por supuesto que no es la agricultura que hago yo: nosotros no utilizamos ningún tipo de elemento que no sea orgánico; tratamos de evitar la mecanización, aunque no la descartamos. De hecho, que Misiones haya aumentado un 20% el consumo de combustible me parece que da cuenta del aumento en la mecanización en el agro. Lo que se conoce como agricultura familiar es una porción más chiquita; yo me ubico en esa situación”, explicó en su paso por Plural TV, programa periodístico de Canal 4 Posadas.
Hace tres años cambió de rubro. Primero dejó la Facultad de Comunicación de la Plata donde ejercía de docente después de egresar de esa misma institución y volvió a sus pagos, Puerto Rico y Garuhapé, donde comenzó con la producción de alimentos. La pandemia, dice, no le ayudó ni le perjudicó en este nuevo emprendimiento aunque admite una evolución, pese a problemas económicos que afrontó durante el macrismo, y sanitarios, durante este Gobierno del frente de Todos. “Así como traté de no echarle la culpa al Gobierno anterior, creo que nuestro proyecto es muy específico, con sus complicaciones que vienen de atrás; creo que estamos cada vez mejor, aunque quizás un poco más cansados que antes y eso es un problema”.
Para desarrollarse, buscó ayuda, en los bancos y en el Estado, donde, admite, no le fue demasiado bien –ni en una ni en otra-: “pero todo sirve, todo suma”. Respecto a la tan mentada soberanía alimentaria, cree que es el camino pero también advierte que “en este momento hay algunas dificultades que son más importantes que esas”.

La entrevista

-¿Por qué producción de alimentos?
-Tal vez fue el destino de la vida. Pero desde chico siempre quise volver a Misiones. Anduve dando vueltas por ahí pero tuve la convicción desde chiquito que iba a volver, a un pedazo de tierra de mi papá que fue el único de muchos que quedó. Me pareció que era un lugar en el que podía integrar mis distintos oficios terrestres, diría (Rodolfo) Walsh, la mayoría de los cuales no da una rentabilidad demasiado alta.

-Elegimos mal la carrera (de periodismo y comunicación social).
-Elegimos mal. La producción cultural, la producción de alimentos, la literatura, no son de lo más rentables en el capitalismo actual. Pero creo yo que uno elige cómo vivir con sus pro y sus contras. Nosotros estamos en producción natural de frutas y no es un nido rosa de felicidad, es difícil, cuesta, pero a pesar de esa adversidad, por una dulce fatalidad estamos ahí.

-¡Cómo ves la actividad de la producción de alimentos desde adentro?
-La estoy viendo bastante bien; la agricultura tradicional, a juzgar por los vecinos, a la yerba le ha ido bastante bien comparativamente, a partir de los precios internacionales; a la mandioca también, sobre todo si comparamos con otros números de otros tipos de agricultura. Ahora la mandioca se está mecanizando, como con la extracción misma; casi todo se hace arriba del tractor y yo veo progresando a mis vecinos, me pone muy contento. Por supuesto que no es la agricultura que hago yo. Nosotros no utilizamos ningún tipo de elementos. Tratamos de evitar la mecanización, aunque no la descartamos. De hecho, que Misiones haya aumentado un 20% el consumo de combustible me parece que da cuenta del aumento en la mecanización en el agro. Lo que se conoce como agricultura familiar es una porción más chiquita, yo me ubico en esa situación.

-¿Qué producís?
-Producimos papaya, en realidad estamos empezando a producir porque es muy delicada para la helada. Es de una semilla que trajimos de Brasil, muy delicada. Y no es el mamón tradicional (vieron que lo brasileño ‘garpa’ más –bromea-, no sabemos por qué); este tiene otro gusto, la pulpa es más obscurita; a mí en lo personal me gusta mucho más la papaya.

-¿Qué mercado tiene?
-Estamos construyendo los públicos con cierta dificultad. Aprendí en los últimos tres años que no hay nada más difícil que la venta, al menos desde mi perspectiva.

-¿Vos hacés todo? ¿Producís y salís a vender?
-Sí, hacemos todo, tiramos el centro y vamos a cabecear. La construcción de un público que está demandando productos naturales y también otros públicos, como verdulerías o bares, que por ahí no les interesa tanto la condición natural. Nos estamos abriendo caminos con muchísima dificultad porque nos dimos cuenta de que es otro negocio. En muchos casos no nos queda otra que este famoso puente entre el consumidor y el productor: nosotros tenemos una gran tradición en las ferias francas, y nos parece que ese sigue siendo el camino. Además, porque mejoramos los precios de venta. Pero aprendimos por qué se venden los servicios. Con la experiencia del delivery -que vas y no te atienden- es donde uno empieza a pensar cuándo terceriza algo o cuándo hacemos venta. Para hacer venta al por mayor necesitás el cliente que te compre ahí. Y la fruta tiene dos particularidades: que maduran todas juntas y es perecedera, por lo cual hay que ubicarlas rápido, no podés stockear. Por ello hay una especie de adrenalina o estrés que si no lo solucionás, no está tan bueno.

-¿Estás haciendo deliverys y ventas en ferias?
-A las ferias va principalmente mi compañera, Lorena; yo me encargo de la parte mayorista. Pero estamos ahí, aprendiendo con mucha humildad, porque si algo enseña la tierra es a ser humilde. Todos dicen “es difícil la chacra, es difícil la chacra” y sí, es difícil. ‘Sí se puede’, pero es difícil.

-¿Ves que la producción sana de alimentos, orgánica o natural es el camino, o va a tener que competir con el otro sector del mercado?
-A mí me parece que hay que tratar de no entrar en una rivalidad; estamos en una sociedad, en una cultura donde todo se rivaliza, todo se hace un Boca – River, y me parece que hay que evitar que el alimento caiga en la grieta. Decir que la otra producción es mala, que nos envenena -que es cierto, sobre todo con el cáncer- pero al mismo tiempo hay gente que toda su vida hizo así; modificar las prácticas de cultivo ancestral va a costar, pero al mismo tiempo lo loco es que mucho de lo que estamos empleando para producir ecológicamente, naturalmente, viene de Suiza, y de nuestros guaraníes. Tampoco hay nada nuevo debajo del puente. Lo que sí, hay una perspectiva más espiritual, por usar una palabra, porque sin la tierra no podemos vivir, y entonces hay una especie de veneración de la tierra. Claro que hay posiciones más extremas, donde se encuentra un dogmatismo, donde el que no hace eso ‘es un pecador’. Pero creo que los productores tradicionales están viendo con otros ojos la producción natural.

-¿Es más cara la producción natural?
-Debería serlo, pero uno hace lo que puede. Dicen que en Suiza se paga hasta tres veces más. Acá hacemos lo que podemos.

-¿Se paga tres veces más en la venta o en la producción?
-En la venta, que desde mi punto de vista depende de la unidad productiva. Quizás caso por caso, porque nosotros prácticamente no pagamos agroinsumos sino que producimos nuestros propios fertilizantes -que también tienen un costo de tiempo-, pero te decía que hay un punto de acercamiento entre las dos agriculturas, con este auge que hay de biofertilizantes, que el sector yerbatero empezó a comprar por ejemplo; son todos productos con un packaging (embajale) impresionante, súper caro; y nosotros tenemos compañeros que lo producen. ¿Qué te permite eso? No matar la abejas. Algunos productores tradicionales se empezaron a dar cuenta de que es mucho más caro porque se te mueren las abejas y tenés un problema de polinización que, en el fondo, siempre es un problema de plata, de dinero, cosa que no creo que está mal porque hay que respetar el proyecto del otro, como dice (Javier) Milei –ironiza-. Además, necesitás la plata, también alguna ayuda, ahí entrás en lo que es una política de regulación de los derechos laborales. Es una producción que está en el medio de una práctica capitalista, con algunos aspectos no tan vinculados a la rentabilidad y un poquito más espirituales.

-¿Hace cuánto empezaste?
-Hace tres años.

-¿Ves una evolución?
-Sí.

-¿La pandemia ayudó?
-A mí no me ayudó mucho, ni me afectó, yo traté de ser justo en el gobierno anterior porque estaba teniendo un problema de producción, en ese momento todavía vivía mi papá, y yo no podía hacer mucho, él hacía la agricultura tradicional. Y tuvimos un problema importante con la financiación en 2017, 1018. Cuando subió mucho la tasa de interés. Ahora en este Gobierno pandémico, te complica la venta, pero te repito, así como traté de no echarle la culpa al gobierno anterior, creo que nuestro proyecto es muy específico, con sus complicaciones que vienen de atrás, y creo que estamos cada vez mejor, quizás un poco más cansados que antes y eso es un problema.

-¿Tuviste algún acompañamiento del Estado para producir?
-Probé cerca de trece instancias financieras, algunas muy chiquitas, como puede ser experiencias del tercer sector. En el banco, no me olvido más: 167% de interés y por eso lo mencionaba. Y alguna experiencia estatal, que la verdad no me fue demasiado bien; pero todo sirve, todo suma.

-¿Vamos camino a la soberanía alimentaria?
-No lo sé. Quiero creer que sí. Pero en es este momento hay algunas dificultades que son más importantes que esas.

-¿Qué es la Casa de Colores?
-La Casa de Colores es un emprendimiento dentro del Puerto de las Canoas, que es nuestro pequeño lugar en el mundo. Dentro de eso está la Casa de Colores que es la apuesta turística, cultural y de espectáculos; ya hicimos varias cosas pero creo que el lanzamiento fuerte va a ser este año, porque también aprendimos que el turismo no es joda, que es otro negocio aparte. Pero sí, de a poquito nos está yendo bien con eso.

-La Casa de Colores está ubicada al costado de la prefectura de Garuhapé, frente al río.
-Así es. Está dentro de mi chacra, pegadita a la Prefectura, en la desembocadura del Garuhapé (del guaraní: río de las canoas) con el Paraná; en esa esquina está el Puerto de las Canoas.