Por Carlos A. D´Onofrio
Una nota de Tiempo Argentino juega con lo difuso para pegar a Puerta con el nazismo. Cae en la misma actitud manipuladora de la prensa hegemónica dedicada a las campañas sucias. Las demonizaciones sólo oscurecen los debates. Los clarines del continente vienen asociando los procesos populares de emancipación con las dictaduras sangrientas de los 70 y 80. Jugar con las mismas reglas es inconducente para la defensa de las políticas de transformaciones, o indagar en las razones de los avances y retrocesos desde las expectativas de la sociedad.

El diario Tiempo Argentino titula hoy una breve nota “Una candidata del misionero Puerta justificó al nazismo”. Se refiere a declaraciones de Carmen Bretín Linderman a la que presenta como “ex nuera del genocida Adolf Eichmann”. La nota informa que en declaraciones a medios locales, negó el Holocauso: “El tema del nazismo no era como cuenta la historia (…) El mundo entero sólo conoce la versión de los judíos y no la de los alemanes.” Y detalla la información que los dichos de Bretín a “un medio local, que primero carecieron de la condena del Frente Unido, al punto que su postulación surgió con posterioridad a su postura negacionista, ayer obtuvieron (por el domingo 12) la reacción airada de Puerta. En declaraciones a Tiempo, Puerta buscó despegarse. Primero relativizó que vaya a ser postulante de su espacio. Acto seguido, señaló: “Mi partido no aceptará una candidata pronazi… y por supuesto que, cuando hagamos las listas, si esta mujer no se retracta, no tendrá espacio en nuestro partido.” La nota hace referencia también a las declaraciones de la dirigente en ”las que además, justificó las atrocidades utilizadas para el exterminio del pueblo judío. “No sé quién tiene que juzgar esos métodos.”, dijo. Hasta aquí la información. La forma en que fue presentada, no acusa, pero insinúa, denuncia escondiendo la intención de vincular a Ramón Puerta y Sergio Massa con el nazismo. La nota firmada por el compañero Alejandro Spivak, que se tomó el trabajo de consultar al agredido, bien pudo haber sido titulada: “Puerta expulsó a una candidata por negar el Holocausto”. En la nota, entonces, como mínimo, se descubre la misma liviandad con que la prensa hegemónica trata la información. El diario del progresismo porteño cae en la práctica de la manipulación para descalificar y lo que es más grave, en el formato de la nota desliza argumentaciones que se pueden interpretarse bajo la tesis de la banalización del mal. Veamos
LA DAIA REPUDIA COMPARACIONES CON HITLER: El 27 de mayo de 2013, el diario La Nación publicó una nota editorial bajo el título 1933 como parte de la guerra psicológica contra la Presidenta y asociando abiertamente al régimen nazi con el kirchnerismo. El presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Julio Schlosser, no dudó en firmar un comunicado destacando que “con referencia al editorial del diario La Nación del día de la fecha, que bajo el título de `1933` analiza aspectos históricos vinculados a la caída de la República de Weimar y el posterior régimen nazi, la entidad representativa de la comunidad judía argentina expresa su malestar respecto a la comparación con la actualidad política de nuestro país”. La entidad aseguró que con el comunicado se está “reafirmando su postura permanente de que la dictadura nazi y su siniestra política de persecución y exterminio no puede ni debe ser equiparada con otras situaciones o decisiones políticas ajenas a ella”. Si fue repudiable la nota de La Nación, es igualmente repudiable la forma en que Tiempo presenta la noticia. Se podrá argumentar que una editorial que fija la posición del medio no es lo mismo que una nota informativa, pero, desde la dimensión que cobró el diseño gráfico, se sabe que los títulos hacen de editoriales.
LAS CAMPAÑAS SUCIAS NIEGAN EL DEBATE DEMOCRÁTICO: Hace pocos días, el candidato a jefe de Gobierno porteño por el frente ECO, Martín Lousteau, acusó al PRO de montar una operación en su contra “en vez de debatir los problemas de la ciudad”, y aseguró que le hace acordar “a la que le hicieron a (Daniel) Filmus” antes de las elecciones de 2011. “Veo algunas prácticas del PRO y me llaman mucho la atención. Que ahora estén haciendo una encuesta telefónica preguntando ‘¿a usted le parece bien que haya ballottage que cuesta 58 millones de pesos?’, me hace acordar a la que le hicieron a Filmus”. En el marco de la campaña electoral en la ciudad de Buenos Aires para los comicios de 2011, una encuesta telefónica consultaba si sabía que Salomón Filmus, padre del entonces candidato del Frente para la Victoria, era un arquitecto que trabajaba para Sergio Schoklender en la construcción de viviendas, y posteriormente culminaba: “Ahora que lo sabe, ¿lo votaría?. Lousteau cuestiona el método de las campañas sucias al destacar que me preguntaría otras cosas: ¿y el contrato de la basura, que es la más caro y sin embargo la ciudad está sucia? O me preguntaría ¿Cuatro millones de pesos por día en publicidad, por qué no se abstienen de hacer publicidad durante dos semanas y se paga el costo del ballottage? Porque además de que ya está pago, el costo de balotaje es el costo de cumplir con la Constitución”. No es sólo cuestión de los porteños ni de las derechas en pugna. Es el método que se utiliza para postergar el debate democrático. Esas preguntas que se hace Lousteau habría que aggiornarlas en el debate preelectoral de Misiones. Puerta no esconde los intereses que representa. Como Massa habla de un ancho camino del medio entre la derecha macrista y el kirchnerismo. Descubrir las diferencias es la tarea del debate preelectoral. Gobernó la provincia ocho años, que muestre lo que hizo y explique los por qué, lo que no pudo hacer y también que fuerzas enfrentó. Deslizar vinculaciones con una candidata nazi, nieta de Eichmann, es caer en lo mismo que hacen Clarín y sus satélites.
EICHMANN Y LA BANALIZACIÓN DEL MAL: Ninguno de los gobiernos populares de América del Sur se aproximan a lo que fue la ideología de los asesinos del nacional-socialismo. Sí lo fueron las dictaduras genocidas de Videla, Banzer, Pinochet, Somoza, Pérez Jiménez, Trujillo, Ríos Montt, Castelo Branco, Bordaberry, Molina y D’Abuisson, promotores de los tenebrosos escuadrones de la muerte. Es habitual encontrar en las columnas de opinión de los medios concentrados, los clarines del continente, intentos semánticos de asociar los procesos populares de emancipación con esos asesinos. Jugar con las mismas reglas es inconducente para la defensa de las políticas de transformaciones, o indagar en las razones de los avances y retrocesos desde las expectativas de la sociedad. Por eso vincular suciamente a Puerta, a Massa o a Macri con las dictaduras es ayudar a oscurecer el panorama. Tiempo debería explicar por qué gana Macri en la CABA y por qué ganaba Menem en los 90. La sola mención de Eichmann en la prédica demonizadora del adversario remite a los debates de la posguerra en los que filósofos como Ana Arendt, inspirada en su amante Heidegger, explicaba el genocidio desde una razón instrumental. Pero lo cierto es que el principio central de una ideología asesina es excluir de la condición humana a quienes se propone aniquilar. No es el caso de Puerta ni de Macri. Caer en esta dilematización de lo bueno y lo malo, desde un abordaje moralista, es postergar el uso de la razón. Son instalaciones que utilizan los medios hegemónicos para empobrecer el debate político. El macrismo, puede estar inaugurando en la Argentina la primera alternativa de las derechas desde el golpe de 1930. Pierda o gane, vino a cambiar el escenario político, es una derecha no golpista.