La realización del paro general que se le impuso a la CGT, contrariamente a lo que se podría entender, abre una oportunidad al gobierno nacional de salir de la defensiva. El  Día Después deja un interrogante ya que  los dirigentes gremiales se verán en la encerrona de redoblar la apuesta, con más paros y movilizaciones a riesgo de que la Casa Rosada recupere la iniciativa con medidas correctivas pero manteniendo el rumbo.

Posadas. (Martes, 14 de marzo) El Presidente encabezó ayer  una reunión con la “mesa chica” del PRO para definir tácticas para disminuir el impacto político del paro general que la CGT no pudo postergar. De acuerdo con deslizamientos oficiales, se anunciarán medidas consensuadas con los sectores empresarios y trabajadores más castigados por las importaciones. Si bien desde la Casa Rosada tratarán de que el paro no sea acompañado de movilizaciones, y en eso habrá negociaciones y presiones, se interpreta que el paro no tendrá el mismo impacto político de las marchas del 6M, 7M y 8M. De acuerdo con esas fuentes en contacto con nuestros periodistas, en la mesa se descartó, no la posibilidad de evitar el paro, sino la idea de negociar para abortarlo.  En una suerte de manejo de la dialéctica Mauricio Macri, a esta altura de las circunstancias, está convencido –según nuestros informantes- que la realización del paro general terminaría descomprimiendo el clima explosivo que las bases y la gente común pusieron de manifiesto con sus adhesiones a las tres marchas. Se desdramatizó el fantasma de la huelga.

La amenaza es más fuerte que su concreción

Se entiende que el Día Después el gobierno puede recuperar la iniciativa perdida. Y hay una lógica en la apuesta.
Aaron Nimzowitch, uno de los más grandes ajedrecistas de principios del siglo XX, diríamos un filósofo del tablero, en tiempos de la mayor evolución teórica que tuvo el juego ciencia, formuló, podríamos decir un teorema: “la amenaza es más fuerte  que la concreción de la amenaza”. Un peón aislado, débil, en el campo del adversario puede ser objeto de amenazas de captura. De esa manera se gana la iniciativa y el otro va siendo maniatado a la defensiva. La experiencia lo llevó a Nimzowitch a comprobar que tomar el peón o “comerse” el peón como se dice en la Argentina, si bien le daba una ventaja material, al mismo tiempo liberaba las fuerzas que estaban a la defensiva y el adversario podía recuperar la iniciativa.
Esta teoría puede ayudar a explicar el Día Después. La amenaza del paro mantuvo al Gobierno a la defensiva. La inevitabilidad de la convocatoria al paro y su realización le representa un costo político,  pero a la vez le deja el campo propicio para la reacción y recuperar la iniciativa política, con medidas paliativas, pero sin cambiar el rumbo. Le aporta también elementos en el campo de la comunicación ya que con los medios hegemónicos a su favor tiene servida la imagen para diferenciar al PRO y sus aliados del pasado peronista – sindical para horrorizar a una clase media que ya vive la virtualidad como vivencia.
El triunviro de la CGT quizá estaba ajeno a esta contradicción dialéctica, pero conscientes o no, la amenaza del paro, la dilación en fijar la fecha contribuía a enardecer a la masa de trabajadores que pierden sus trabajos, a desocupados, a gente que deja de comprar pan y leche para pagar los servicios y hasta a pequeños y medianos productores con empresas que están quebrando.  Por supuesto que las bases quieren respuestas ya.  La habilidad de los dirigentes es, precisamente dirigir esa fuerza, pero si están sospechados de jugar para el adversario, como sucede con los tres secretarios generales, no habrá quién conduzca y la reacción se anarquiza, como ya sucedió en 2001.

Redoblar la apuesta o Macri recupera la iniciativa

Apurar la fecha, presionado por las bases y las dos CTA, al mismo tiempo obliga a la CGT a redoblar la apuesta ese Día Después precisamente para que Macri no recupere la iniciativa y con medidas correctivas ratifique el rumbo de su gobierno. ¿Y qué es redoblar la apuesta? Un nuevo para general con el agregado de una movilización y después un paro de 48 horas y así. ¿Están las condiciones para profundizar el conflicto?
La experiencia del último medio siglo en la Argentina demuestra que el famoso “cuánto peor mejor”, enarbolado por los sectores más radicalizados, fue al contrario “cuanto peor fue peor”. Las crisis las termina pagando el sector más vulnerable de la sociedad. Es un dato fáctico. Es la contradicción no resuelta del fundamentalismo ideológico, de la pureza doctrinaria con una realidad adversa. Visto desde esta perspectiva, el paro general, sin dudas terminará beneficiando políticamente al gobierno nacional

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