En la Casa Rosada admiten que las elecciones parlamentarias no modificarán el escenario político ya que Macri no tendrá mayorías en el Congreso. Para enfrentar las presiones estamentales de los poderes fácticos el gobierno nacional necesita fortalecer el PRO como base de sustento. Es hora de los Partidos y no de individualidades. Por eso resultan extemporáneos los pedidos de internas que formulan Ziegler y Holz

Posadas (miércoles, 31 de mayo) Existe una convicción generalizada de que las elecciones parlamentarias de octubre no modificarán el tablero político desde lo institucional. Por más bien que le vaya al macrismo no podrá conformar mayorías en las dos cámaras del Congreso Nacional. Esta circunstancia, digamos objetiva, alimenta en los poderes fácticos expectativas de un cogobierno bajo el manto de un pacto similar a los de la Moncloa, viejo verso gatopardista, pero a la vez abre en la vereda de enfrente posibilidades a las provincias de construir alianzas con el gobierno nacional en función de un auténtico federalismo. Esta tensión institucional es lo que está en juego en octubre.
Ante el cuadro de situación, la apuesta de Mauricio Macri es, paradojalmente, profundamente ideológica. Necesita primero consolidar al PRO como partido fuerte para reafirmar, desde bases sólidas el rumbo de su gobierno.  Como las elecciones no son nacionales, ya que cada distrito elige sus propios representantes, el Congreso está llamado a protagonizar la etapa que se viene.  El Senado será un escenario central en los debates que se vienen para definir y avanzar en la recuperación del federalismo. No se puede negar que sin embargo, es en la provincia de Buenos Aires donde el PRO dará su principal batalla, fundamentalmente si es Cristina la candidata del kirchnerismo. El PRO saldrá fortalecido si logra desconurbanizar la política argentina.

La ilusión democratista de las internas

En este contexto, ya hablando desde Misiones, el debate electoral debería centrarse en la oportunidad que brinda el momento político a las oposiciones en el orden nacional para llevar al Congreso las voces del auténtico federalismo y al oficialismo para consolidar el PRO como brazo político del gobierno nacional.
Sin embargo, el proceso electoral, a tres semanas del plazo de la presentación de las listas de candidatos en la Justicia Electoral,  ha caído como otra tantas veces en la exaltación de las individualidades. Nada más ajeno a las urgencias del PRO distraerse de la gestión en andar armando elecciones internas. Las quejas públicas de Alex Ziegler y recientemente de Juan Holz pidiendo dirimir candidaturas en las urnas, son realmente extemporáneas. La apelación a la democracia interna y contra el dedo, no son más que construcciones simbólicas de un idealismo democratista y un utopismo asambleario.  En el peronismo de Buenos Aires aparece con claridad lo insustancial de esas categorías. Cristina Kirchner se manifiesta a favor de una lista única. Desde el armado de Randazzo le responden que eso no es democrático, que el pueblo debe elegir. Es cierto, pero ¿Cómo? Armar otra lista para ir a las paso es incurrir en la misma metodología. ¿Quién arma la lista alternativa?  ¿Cómo participa la gente para definir a Randazzo como cabeza de la boleta? Indudablemente siempre hay uno con la lapicera en la mano. Hay una experiencia concreta en la política argentina. Las asambleas del que “se vayan todos” de principio de siglo pusieron de manifiesto que la delegación en representantes es inevitable. El debate en el ágora es inviable en las sociedades modernas.
Las presiones que ejerce el poder económico, las corporaciones, a través de los medios concentrados, los servicios de inteligencia y la complicidad de agentes en el Poder Judicial, requiere un poder ciudadano fortalecido en sus expresiones que no son otras que los partidos políticos. Es hora de los Partidos y no de los individuos. La patología más honda del sistema político argentino es la gran debilidad de los partidos. Los proyectos colectivos basados en ideologías definidas o en propuestas programáticas concretas sólo pueden canalizarse a través de los partidos. De lo contrario dejarán de representar intereses definidos y quedarán al vaivén de las coyunturas.
Frente a estos desafíos de la hora, al interior del PRO, por decisión de su asamblea que constituye el poder soberano del partido, se delegó en el presidente la confección de la listas de candidatos. Es un recurso democrático y que es conocido. Por eso los reclamos de Ziegler y Holz son, como dijimos, extemporáneos, pero al hacerlos públicos dejan traslucir las intenciones de posicionarse en el escenario partidario.

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