El diputado Ramón Velázquez logró esta semana cosechar frutos de la metodología de oposición con que se planta en la Cámara de Representantes. Su proyecto de crear un Registro de Casas de Familias para albergar a parientes de pacientes internados en Posadas tuvo dictamen. “Fui votado para dar respuestas no como fuerza negativa”, dijo para diferenciarse del denunciativismo y declaracionismo crónico que sólo conduce a desprestigiar todo el sistema.

Posadas (jueves, 15 de junio) El Plan de Labor de la sesión de hoy de la Cámara de Representantes incluye un proyecto del diputado Ramón Velázquez que, sin dudas, será Ley ya que tiene dictamen de todos los partidos y fundamentalmente el respaldo de la mayoría renovadora. Como se informó en nota anterior, Velázquez logró crear un Registro de Casas de Familias para albergar a parientes o acompañantes de los pacientes del interior que deben permanecer internados en esta capital, ya sea el hospital o sanatorios. Ver nota.
De pocas palabras, el Diputado que expresa uno de los grupos de peronistas en la diáspora, fundamentó el proyecto en demandas y necesidades que fue anotando desde su doble representación: como político y dirigente sindical a cargo de la administración de uno de los sanatorios privados de Posadas. Ya en 2014 presentó el proyecto en la comisión de Salud que debió considerarse finalmente junto a la de Presupuesto ya que implica gastos al Estado que deberá subsidiar el albergue con el 50% de la tarifa. La idea estaba y fue elaborada. ¿Cómo darle vida desde la banca unipersonal que tiene el Parlamento?
El desafío de Velázquez sin embargo no se produce en el aire sino en un contexto determinado caracterizado por la amplia mayoría que tiene la Renovación en el Parlamento misionero y la fragmentación de las oposiciones.
Su pregunta ontológica o sencillamente política está estrechamente ligada al mandato que tuvo en las elecciones parlamentarias de 2013 cuando fue consagrado por el voto popular.
Sin darle muchas vueltas al asunto, Velázquez nos dijo que entiende que fue votado por lo que prometió y para dar respuestas a demandas concretas. Visceralmente se aleja así de interpretaciones jacobinistas que al definir el rol de las oposiciones en los sistemas republicanos ponen el acento en la idea de “control” y de “contestación”.
Desde la práctica más pura, inspirada en el contacto permanente y en la pertenencia a un sector social que lo respalda con su voto, el dirigente sindical aporta con su pragmatismo a un debate histórico sobre el rol de la oposición. Velázquez hace política para dar respuestas no para dar discursos y refuta ese vicio republicanista desde el método. “Me votaron para dar respuestas no para poner palos en la rueda”, dice para cerrar el debate sin renunciar a sus inspiraciones peronistas.

La expresión institucional del pluralismo

Siguiendo a los clásicos que han estudiado el rol de la oposición en un sistema democrático descubrimos que hay coincidencias en destacar que cuando la Constitución ha imputado diversos repartos de competencia entre Poderes, a la vez que lo ha hecho para limitar el poder y así asegurar la libertad en su tensión con la utoridad, también lo fue para asegurar una mayor participación en el núcleo mismo del aparato del Estado. En esa participación se expresa institucionalmente el pluralismo, esencia del sistema democrático. Pero advierten constitucionalistas y politicólogos como, Mill, Sartori, Dhal, que esta participación y distribución del poder obliga a cooperar en la gestación y toma de la decisión política. Esta cooperación se diferencia de otros roles de las oposiciones en la actitud de colaboración, de corresponsabilidad y de coparticipación. Se abre así la participación en la toma de decisiones.
El Registro de Ramón Velázquez se suma a otros logros concretos de las oposiciones desde que Carlos Rovira preside el Legislativo. Entre ellas la ley que establece condiciones de salubridad en las plantas celulósicas, el envasado en origen, las becas Pietrowski, el Instituto Forestal, el Instituto de la Madera y un sinfín de leyes.

Los que pasan sin influir

Contrasta por resultados con actitudes de otros legisladores misioneros que ponen el acento en la idea de “control” y emplean todo el tiempo en “pedidos de informe” como método también denunciativo. Es cierto que el control tiene que ver con las determinaciones constitucionales de limitar el poder, jugar en el polo de la libertad opuesto al de autoridad. Pero el abuso de los pedidos de informes, que son redactados ya en forma de condena, sólo ha contribuido al denuncismo que desprestigia a la política toda, incluso a los denunciantes y terminan haciéndole el juego a la anti-política que promueven los poderes hegemónicos a través de la acción psicológica de los medios. ¿Resultados de esta actitud? No lograron controlar nada y perdieron la capacidad de influir. Pasan los años, pasan esos diputados y se van sin dejar nada. Si se quiere debatir, que no es el caso, hay una lista inconmensurable de tigres de papel que en su momento se comían los chicos crudos y hoy son anónimos in-recordados. Son funcionales a los mandatos ocultos que intentan recrear en Misiones el clima enrarecido que soplan Clarín, Carrió, otras estrellas multimediáticas y lo servicios de espionaje con sospechosos anclajes en Washington.
Los mismos sectores de las oposiciones asumieron también una actitud contestataria, que es intrínseca a la dialéctica democrática en la lucha por los principios fundamentales. Pero también en este rol “contestatario” los protagonistas se dejaron envolver en debates secundarios y hasta principistamente contradictorios. Entendemos que la democracia se enriquece en la confrontación de ideas, pero si no se inspira en argumentos sólidos y referenciados a un esquema conceptual, a una doctrina, a una trayectoria, en lugar de mover y enriquecer al gobierno, se vuelven como en el denuncismo en contra de ellos mismos al vulnerar la credibilidad de toda la dirigencia política.
El respeto a la oposición que caracteriza a la mayoría en el Parlamento misionero, lo que por otra parte debe ser intrínseco a cualquier gobierno democrático, abrió espacios de diálogo y consensos que diputados como Velázquez aprovecharon para “hacer más que hablar.

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