La respuesta de lo local ante los riesgos de lo global fue uno de los ejes comunes de la palabra de los obispos argentinos que celebraron el 9 de julio el tedeum en las catedrales diocesanas. Como herederos de los artífices de la Declaración de la Independencia se pronunciaron en defensa y por el respeto al federalismo. En las homilías hubo sustancia doctrinaria y humanista ninguneada por los medios del poder hegemónico que no respetan ni al Papa cuando manipulan la información.

Posadas (martes,11 de julio) Los obispos celebraron este 9 de julio el tedeum en las catedrales diocesanas por el 201º aniversario de la Declaración de la Independencia, en cuyas homilías destacaron las raíces cristianas de la Patria, reflexionaron sobre la realidad socio-política del país y de la proximidad de las elecciones legislativas en sus instancias de agosto y octubre, e instaron a la cultura del encuentro que privilegie el diálogo como método para alcanzar acuerdos. La Iglesia siempre cuando denuncia, anuncia. Así a esta exhortación, digamos de dimensión moral, anticipan también un camino que quedó insinuado en la palabra de los obispos pero tuvo precisión en el razonamiento de Alfredo Zecca en Tucumán. Ante la presencia de la vicepresidenta en ejercicio de la Presidencia de la Nación, convocó a toda la ciudadanía a la responsabilidad ciudadana y a asumir en serio “un papel protagónico en una Argentina que aspire, en verdad, a ser nueva. Protagonismo que comienza con el fortalecimiento de las instituciones democráticas, con el respeto por el federalismo, con el trabajo y, finalmente, con la valoración de un proyecto común y el reconocimiento de nuestro deber ciudadano de contribuir al mismo desinteresadamente”.
No es nuevo el respaldo de la Iglesia Argentina al sistema federal para la organización del gobierno nacional. La Agencia Informativa Católica Argentina recordó, hace unos años, que la declaración de la independencia argentina en el memorable Congreso reunido en 1816 en la ciudad de San Miguel de Tucumán, al igual que en otros momentos cruciales de la historia de la Argentina, tuvieron participación fecunda las gentes de la Iglesia, certificando de esa manera la tradición católica del pueblo argentino. Destacaba el informe que “veinte de los diputados de aquél memorable Congreso eran sacerdotes católicos, de los cuales 12 son firmantes del acta de la Independencia porque otros habían emprendido misiones diplomáticas para sumar regiones a la Declaración. Son:
-Por Catamarca: presbíteros Manuel Antonio de Acevedo y José Eusebio Colombres;
-Por La Rioja: presbítero Pedro Ignacio de Castro Barros;
-Por Buenos Aires: presbítero Antonio Sáenz y R.P. Fray Cayetano Rodríguez OFM;
-Por Tucumán: presbíteros Pedro José Miguel Aráoz y José Ignacio Thames;
-Por Santiago del Estero; presbíteros Pedro León Gallo y Pedro Francisco Uriarte;
-Por San Juan: R.P. Fray Justo Santa María de Oro OP;
-Por Chuquisaca (Alto Perú): presbítero Mariano Sánchez de Loria;
-Por Chichas (Alto Perú): presbítero José Andrés Pacheco de Melo.
Otros seis sacerdotes fueron diputados al Congreso de Tucumán, pero por diversas razones no pudieron firmar el acta de la Independencia. El presbítero Miguel Calixto del Corro, diputado por Córdoba, se hallaba ausente en misión diplomática y el presbítero Felipe Antonio de Iriarte, diputado por Charcas (Alto Perú) se incorporó poco después. También se incorporaron después los presbíteros Pedro José Crespo por Santa Fe, Mariano Perdriel y Diego Estanislao de Zavaleta por Buenos Aires, y José Miguel de Zegada por Jujuy.
La participación de estos sacerdotes es muy significativa. Otras fuentes historiográficas destacan que el año 16 el Papa Pío VII había condenado a todos los católicos que se levantasen en armas contra Fernando VII. O sea que estos esos sacerdotes estaban muy politizados. Todos jugados por el sistema federal y la declaración de la independencia que no estaba en los planes de la convocatoria al Congreso firmada por Pueyrredón como director supremo. Apoyaron la ruptura con el reino de España propulsada por San Martín y Blegrano y cabe recordar que fue el fray Cayetano Rodríguez el autor signatario de la Declaración.

La identidad cultural y globalización

Volviendo al tedeum de la celebración de la independencia argentina en el bicentenario + 1, el reclamo de respeto al federalismo como organización institucional de la República fue explícito como dijimos en la homilía del obispo Zecco en Tucumán. Pero estuvo subyacente en la palabra de cada obispo en las catedrales diocesanas. Y es lo que destacamos sobre las manipulaciones que se hicieron en los medios del poder hegemónico que resaltaron sólo los pasajes de condena a la corrupción y el llamado a la reconciliación distorsionando en el enfoque el sentido integral de la palabra de la Iglesia. La información al servicio del poder no respeta a nadie y ya lo sabe el Papa Francisco al que le distorsionan permanentemente sus exhortaciones.
En la agencia católica se rescatan pasajes de las homilías. De nuestro obispo Juan Rubén Martínez destaca: “sin memoria no podemos vivir un compromiso profundo”, afirmó Monseñor Martínez, y convocó a todos los argentinos a pedirle al Padre que podemos vivir en una “cultura del encuentro”, donde tengamos la capacidad de discernir por dónde pasa nuestra independencia. “En el día de la independencia queremos reivindicar nuestro valor cultural, y defender lo que somos, combatiendo la globalización, pero reconociendo sus aportes. Tenemos que abrirnos al mundo, pero no mimetizarnos, tendremos que discernir asumiendo desde el nosotros cultural, lo que nos ayude a crecer como país, pero sin perdernos”.
Como dijeron todos, la Iglesia no cesará jamás de exhortar a los argentinos al diálogo, a la reconciliación y al cultivo de una cultura del encuentro. Pero el obispo de Posadas desliza el reconocimiento a la demanda de memoria para la reconciliación. No hay diálogo ni encuentro posible en la prédica del negacionismo. “Sin memoria no podemos vivir un compromiso profundo”, admite Martínez.
Pero el rescate de la memoria no debe ser sesgado y establecerse en la defensa de los derechos humanos globalmente en sus generaciones completas y en todas las dimensiones de la vida en sociedad.
Se articulan así, en la palabra del obispo, la necesidad de memoria con las luchas bicentenarias por un federalismo auténtico en la organización nacional de la Argentina. Cuando se habla de defender lo que somos combatiendo a la globalización, se sabe que la respuesta siempre es local. Hay una convergencia de este abordaje de la realidad con el pensamiento roviriano que se resume en la frase: se piensa desde lo global y se actúa desde lo local.
“El mundo se encuentra en un proceso irreversible de globalización que, junto a las innegables ventajas, comporta también importantes riesgos en el plano de la justicia y la equidad en la distribución de las riquezas”, coincidió Zecco desde Tucumán.
Después de invocar la defensa y el respeto por el federalismo, Zecco agregó que en ese marco “cobra valor la decisión, que debe ser necesariamente compartida por todos, de insertar a nuestra Nación en este proceso afianzándonos como un país que está dispuesto a hacer los indispensables esfuerzos para su desarrollo pleno, la única garantía para ocupar un lugar de importancia en el complejo escenario mundial”. Ante este desafío rescata. “la lúcida Encíclica del Beato Pablo VI “Populorum Progressio”, de 1967, de la que se cumplieron, el 26 de marzo pasado, 50 años de su publicación. No es un aniversario para pasar por alto. Muy por el contrario, deberíamos tomar nuevamente este texto y estudiarlo, porque tiene, para nosotros, una especial actualidad. El texto culmina con una frase categórica: “Si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz ¿quién no querrá trabajar con todas sus fuerzas para lograrlo?”
Explica que “no se trata de cualquier desarrollo. En los comienzos del texto, Pablo VI, afirma que “el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre – y agrega – ‘nosotros no aceptamos la separación de lo económico de lo humano, ni tampoco el desarrollo, de las civilizaciones en las que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera”.
En este rescate del humanismo cristiano aparece otra convergencia con el pensamiento del movimiento renovador en pensar a Misiones desde Misiones y en la prédica de su candidato a diputado nacional, Ricardo Wellbach por la construcción del hombre misionero.

Otras voces

Las Agencia Informativa Católica Argentina, publica ayer un resumen de las homilías:
*Mons. Juan Alberto Puiggari (Paraná): “En una mirada dirigida al pasado, abarcadora y objetiva, darle gracias a Dios y a todos los argentinos que silenciosamente, y la mayoría desconocidos, han ido construyendo esta gran Nación. El agradecimiento también implica una respuesta, la Patria es un don de Dios, pero la patria es también una tarea y un compromiso. Nos toca a nosotros recordar a Juan Pablo II que nos invita a que la fe se haga cultura y así nuestros jueces, legisladores y gobernantes trabajen, gobiernen y cumplan ‘bajo la protección de Dios -como dice la Constitución Nacional- fuente de toda razón y justicia’. Queremos tener una mirada de esperanza, un futuro posible. Estamos viviendo un año electoral; Dios quiera que en mayor medida los gobernantes hagan prevalecer la necesidad de seguir trabajando por el bien de nuestros hermanos, que no pueden llegar hasta octubre. Y Dios quiera que como un signo de madurez se interpele a nuestra inteligencia para poder ver quién es el candidato mejor, por sus propuestas, por sus proyectos personales y no tanto por el agravio o la descalificación. Necesitamos crecer como país, descubrirnos con pensamientos distintos, propuestas diferentes, pero todos comprometidos en el trabajo de la grandeza de la Argentina, que es lo mismo que decir en la grandeza de cada uno de los argentinos”.
*Mons. Jorge Lozano (San Juan de Cuyo): En su mensaje a los funcionarios políticos, el prelado habló del rol de la Iglesia Católica en 1816 y ahora: Dijo que el sector religioso apostó por la unidad de los sectores, y hoy está en el mismo trabajo para juntar a la Argentina.
*Mons. Ariel Torrado Mosconi (Nueve de Julio): “Responsabilidad y solidaridad participando en el quehacer cotidiano social, político, educacional, de la salud, cultural, religioso, en el cuidado de los más vulnerables y necesitados, es la tarea enorme y a la vez esperanzadora que tenemos por delante. No dudemos que el camino de la participación nos llevará, poco a poco, ciertamente y con seguridad, a un mañana mejor. La indiferencia siempre ha traído decadencia y desolación, la participación, en cambio, cura heridas, nos hace fuertes y más felices a todos. Con humildad y confianza transformemos nuestros propósitos de ‘arremangarnos y trabajar codo a codo’ en plegaria para que Dios nos conceda la verdadera libertad como nación”.
*Mons. Luis A. Fernández (Rafaela): “La cultura de un Pueblo sostenida por la fe sigue soñando, sabiendo que puede contribuir a deponer posiciones intransigentes, a abandonar comportamientos corporativistas o individualistas, que tienen como horizonte solo el presente, ‘el momento’, con el conocido resultado cortoplacista. Qué bueno que este tiempo nos ayude a identificar las cuestiones irresueltas, entre las que la ‘erradicación de la pobreza’ y la ‘desigualdad’ son prioritarias, así como la que se refiere a la ‘inseguridad’ y a las pocas oportunidades de educación y trabajo que tiene la juventud. En este día de la Patria nos viene muy bien leer e interpretar la historia en clave de esperanza, es la oportunidad de movilizar las energías sociales, en torno a un proyecto generoso y amplio que ponga en valor todas nuestras potencialidades”.
*Monseñor Ramón Dus (Resistencia): “En este camino de construcción de Pueblo y de Nación, este signo de hacerlo con un sentido interreligioso y ecuménico, y ayudarnos todos a convertir este camino de Nación en este camino de amistad social”, destacó, e iluminó el inició de la celebración con la breve reflexión de los obispos latinoamericanos: “La fe nos enseña que Dios vive en la ciudad, en medio de sus alegrías, anhelos y esperanzas, como también en sus dolores, sufrimientos. Dios está en nuestra ciudad”. Señaló también que “la ciudad son lugares de amistad y oportunidad. Por eso, como personas tenemos la posibilidad de conocer a más personas, de interactuar, de convivir con ellos. En nuestra ciudad es posible experimentar vínculos de fraternidad de solidaridad y universalidad. En nuestra ciudad cada ser humano es llamado a caminar al encuentro con el otro, a convivir con el diferente, aceptarlo y a ser aceptado también por ellos”.
*Mons. Pedro Daniel Martínez Perea (San Luis): “Un agradecimiento; agradecerle a Dios otra vez la conmemoración de la independencia, de aquella obra que iniciada en la legitima decisión de un pueblo, para construir algo para el bien de todos, en el designio providente de Dios. Conmemoramos y agradecemos, es decir, agradecerle a Dios el don de una tierra unida con un espíritu, con algo propio”. El Tedeum, explicó, “es ponerlo a Dios como fuente de toda razón y justicia para agradecerle el don recibido de la Patria, que estemos orgullosos de eso que hemos recibido”.
*Mons. Eduardo María Taussig (San Rafael): “El clima de encuentro y la fecundidad de los diálogos… tiene un valor muy significativo para la Argentina de la grieta y del clima social tan exasperado y agresivo que estamos viviendo… Auguro y espero que en nuestra patria chica, en nuestro Departamento de San Rafael y en nuestra Provincia de Mendoza, nosotros también podamos caminar en este sentido, y que la próxima contienda electoral nos haga crecer en la capacidad de diálogo, de servicio honesto al bien común, de compromiso con las necesidades de todos, especialmente de los más excluidos o descartados de la sociedad, y nos permita así construir con responsabilidad un futuro mejor para todos”.
Separadamente editó la palabra de Alfredo Zecco en la catedral de Tucumán, que alcontar con la participación de Gabriela Michetti en ejercicio de la Presidencia fue la que más repercusiones tuvo. Rescatamos del texto sus observaciones sobre la Educación:
“La educación en la Argentina está, cuanto menos en ‘emergencia’, por no decir ‘tragedia’”, advirtió, y sostuvo: “Sin educación no hay futuro. Es necesario volver a decirlo una y otra vez, pero sin convertir la afirmación en un eslogan fácil que se repite sin jamás entrar en la mente y mover el corazón a la acción. Hay que hablar menos y hacer más y aquí el sayo nos cabe a todos”.
“Es indispensable tener clara conciencia de que sin un pueblo debidamente educado, sin estímulo para el pensamiento creativo, sin disciplina, sin exigencias y sin una escuela y universidad que garanticen el logro de los objetivos propuestos y los conocimientos necesarios que avalen realmente los títulos otorgados, en suma, sin un lenguaje adquirido a fuerza de lectura, escritura y expresión oral que transmita ideas y muestre la madurez del intelecto resulta imposible el diálogo social”, agregó.

 

 

 

foto de portada: diario El Territorio

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