Las negociaciones que ya estarían cerradas con el FMI no afectarán las inversiones en obras públicas. De acuerdo con voceros del PRO Misiones, el ajuste se daría en el financiamiento nacional de programas en Salud, Educación, Desarrollo Social y Trabajo. De acuerdo con las previsiones presupuestarias lo que está en juego en Misiones son recursos por alrededor de 3 mil millones de pesos. Más federalismo con menos recursos.

Posadas (Miércoles, 6 de junio) Voceros autorizados del PRO de Misiones, pero que cumplen funciones en el gobierno nacional, se mostraron optimistas por el curso que llevan las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. “No habrá reducción de inversiones en obras públicas”, afirmaron aunque no descartan, y aprueban, la necesidad de reducir el déficit fiscal eliminado gastos. Es toda una definición porque paralelamente toman partido en contra de la presión tributaria.
El acuerdo marco del Gobierno nacional con el Fondo entró esta semana en su tramo final y ya estarían cerrados los detalles del acuerdo técnico, de acuerdo con las informaciones que circulan hoy en los medios nacionales. Clarín adelanta que Marcos Peña confirmó que las negociaciones con el FMI estan “muy avanzadas” y el paquete de ayuda también involucraría al Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco de Desarrollo Latinoamericano CAF, a “prestamistas del sector privado y canjes con bancos centrales, incluido el de China”, que como se recordará acudió en auxilio de la Argentina en la crisis cambiaria de 2014 durante el gobierno de CFK.

Pulseada entre ortodoxos e industrialistas

Aunque parece todo listo para las firmas, la existencia de presiones cruzadas sobre el poder político descubre que más allá de lo técnico, lo que no está definido es el programa económico. Si el crédito del Fondo se utiliza en la continuidad del modelo dependiente del financiamiento externo, no habrá posibilidades de corregir los déficits gemelos. Y ya se sabe que el financiamiento externo no es para siempre.
Esta posición de la ortodoxia se encuentra cuestionada al interior del PRO por sectores que se asumen como industrialistas. Desde el riñón de Rodríguez Larreta se considera que el origen de la corrida de mayo “no es, como dijeron algunos analistas, que se hayan relajado en diciembre de 2017 las metas de inflación en las que ya nadie creía, ni que se haya bajado la tasa de interés en un insignificante medio punto. Hay que mirar mucho más atrás, al momento de la salida del cepo, cuando el gobierno cayó en la trampa de la ortodoxia monetarista, promovida por el Banco Central, cuando se estableció la política de altas tasas y cambio retrasado. La inflación, en la medida en que no bajó al ritmo esperado, retroalimentó el problema. Y curiosamente el economista ortodoxo, como el drogadicto que cada vez necesita más sustancia, pretende tasas cada vez más altas.”
Son los que sostienen ante Macri que el crédito del FMI debe financiar las reformas, “no el populismo cambiario”. Con esto se refieren a mantener el dólar bajo para controlar la inflación y generar un efecto riqueza como en los 90.
La clave, para estos funcionarios es generar un marco normativo que incentive y oriente la radicación de inversiones en hacia nuevos sectores productivos.

Macri nunca bajó el gasto, subió impuestos

Una de las claves del pensamiento de Macri la dio el periodista Rafael Guerschanik que se propone interpretar la encrucijada del Gobierno desde los antecedentes políticos de Macri. Sostiene que durante los más de 10 años que el macrismo lleva en la gestión de gobierno en la CABA, se caracterizó por provocar un constante aumento de sus ingresos en base a subir fuertemente las tasas municipales como el ABL, crear nuevos impuestos como el inmobiliario (modificando la base de cálculo, a pesar de ya estar cubierto los inmuebles con Bienes Personales), ingresos brutos, multas (en especial de tránsito) y triquiñuelas como el VTV (Verificación Técnica Vehicular). Sin embargo, a pesar de estos aumentos de los ingresos, el PRO siempre ofreció déficit fiscal, lo que provocó que tuviese que recurrir al endeudamiento público. Con el PRO, la Ciudad multiplicó 6 veces su pasivo, y los intereses generados por esa deuda representan casi 5% del gasto de la Ciudad, cuando al comienzo de su gestión no llegaba al 1%. Esta presión tributaria del Gobierno de la Ciudad fue muy superior al del resto de las provincias.
Este enfoque sirve al analista para explicar y cuestionar el gradualismo. Pero también esclarece el enfoque de la gestión de Macri. No bajó los gastos sino que aumentó la carga impositiva y al mismo tiempo no dudó en tomar créditos externos. ¿Qué hizo con tantos recursos? Es obvio a simple vista: obras públicas y asistencialismo social, pero al mismo tiempo desfinanció los servicios esenciales del Estado, la Salud y la Educación.

Promesa de Macri a los intendentes

No es descabellado entonces que el presidente Macri haya desmentido a Dujovne cuando en la reunión con intendentes la semana pasada les aseguró que continuará la financiación de las obras públicas iniciadas en las capitales provinciales. Menos convincentes son sus palabras cuando les requirió que ajusten las plantas municipales y recorten las tasas que cobran los municipios. Él nada menos, que como observamos fue el intendente que más incrementó tasas e ingresos brutos durante su gestión en la CABA.
El ajuste entonces que se diseña en el Fondo, afectará a las provincias en la eliminación de las transferencias que financia la Nación. Por supuesto no podrán afectar las obligaciones automáticas, es decir, de todas aquellas partidas como las de la Ley de Coparticipación que obligan al giro de recursos mes a mes ni de aquellas que tengan una ley específica o el Fondo Especial del Tabaco.
El lápiz rojo estará en las transferencias que no son automáticas y están sujetas a convenios.
Repasando el Presupuesto Provincial, en números redondos asciende a 55 mil millones de pesos. Entre los recursos de la coparticipación que son provinciales y los recaudados por la DGR se cubren 42 mil millones de pesos. Siempre en términos de valores establecidos al momento de la sanción del Presupuesto.
Lo que está en cuestión son los 13 mil millones que figuran como “necesidades de financiamiento” que son aportes de la Nación no reintegrables.
Los recursos afectados a obras públicas ascienden a 7 mil millones, de los cuales más de la mitad están destinados a obras del Iprodha y de Vialidad.
En el PRO de Misiones afirman que esos recursos no se tocarán. Y está la palabra del Presidente ahora como garantía. Los cinco gobernadores que tiene el oficialismo nacional también se pronunciaron en defensa de la continuidad de las obras públicas como motor del empleo en las provincias.

Recortes en Salud y Educación

Lo que está en cuestión son las partidas de la finalidad Salud, Desarrollo Social, Trabajo y Educación.
En el Presupuesto provincial se previeron recursos por 3 mil millones de pesos en el concepto de aportes no reintegrables destinados a esas finalidades.
La idea de la Casa Rosada es traspasar esas responsabilidades a las provincias. Aquí la decisión tiene el respaldo del PRO con el argumento de que hay que terminar con esa dependencia de la Nación y establecer las bases para un federalismo en serio.
En Misiones, un solo programa de Salud, el SUMAR que es la ampliación de la cobertura del Plan Nacer, tiene un aporte nacional de 50 millones de pesos por mes. Su eliminación tiene la misma impronta que la eliminación del programa Médicos Comunitarios.
El Programa SUMAR brinda cobertura a la población materno-infantil, niños/as y adolescentes de 6 a 19 años y a las mujeres y hombres hasta los 64 años.
Su implementación se argumentó como una manera de “reafirmar y profundiza la gran alianza federal constituida con el Plan NACER para fortalecer los sistemas provinciales de salud a través de un novedoso modelo de política pública. De esta manera, se aumenta la inversión para el sector público, se desarrollan los Seguros Provinciales de Salud y se trazan nuevas prioridades y objetivos que serán monitoreados y evaluados de manera sostenida”.
Estos derechos no son negados por los voceros del PRO que también elogian los resultados de la aplicación del programa en Misiones, pero se cuestiona la superposición de funciones, tal como lo sucedido en el ámbito del desarrollo de la agricultura familiar.
Pueden tener razón desde un abordaje estrictamente institucional. El mejor de los mundos es que la Provincia y los municipios se hagan cargo de estos programas de contacto directo con la población. Pero el debate no debe cercenar el proceso histórico referido a los recursos. El Estado nacional en los 90, por recomendación precisamente del FMI fue trasfiriendo la responsabilidad de la gestión en salud y educación a las provincias, pero le arrebató los recursos. Rompió un equilibrio que después se fue acentuando en perjuicio de las provincias que reciben cada vez menos proporción de los ingresos coparticipables. Este avasallamiento del Estado nacional sobre los provinciales tiene una historia más larga. Después de ganar las guerras internas y quedarse con los recursos de la Aduana en el siglo XIX para sentar las bases de la organización nacional, el centralismo porteño vivió la fiesta de la Argentina “granero del mundo”. Fue después de la crisis del 30, cuando el librecambio implosionó en el Mundo, que la Nación empezó a manotear recursos de impuestos internos que corresponden a las provincias.
Si hay que discutir todo, hay que empezar por ahí.

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